Durante el velatorio del paramédico Eduardo A. Méndez Muñoz, familiares y amigos exigieron que el responsable del cruel accidente se entregue a las autoridades y que confiese el crimen. (Primera Hora / Vanessa Serra Díaz)
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Maribel Hernández Pérez / Primera Hora
Amigos, vecinos, compañeros de trabajo y familiares del paramédico Eduardo A. Méndez Muñoz, quien murió atropellado por un conductor que se dio a la fuga, se reunieron ayer en la funeraria Guaynabo Memorial para rendirle tributo.
Su viuda, Arelis Ferreira, que hasta el lunes había tratado de enfrentar con estoicismo la tragedia pensando en el bienestar de su hijo de cuatro años, se encontraba ayer indispuesta emocionalmente tras recibir el fuerte impacto de exponer en un féretro los restos de su esposo, y no se les permitió el acceso a los medios.
El fiscal Antonio Marqués comenzó ayer a evaluar la prueba en este caso, tanto científica como testifical, supo Primera Hora.
María Reyes, vecina del sector Los Báez de Guaynabo durante los pasados ocho años, fue una de las personas que asistieron al velorio. Confesó que salió con la piel de gallina al enfrentar el cruel final que le tocó vivir al paramédico, quien hace algún tiempo la asistió cuando su casa se incendió.
“Él llegó a mi casa y me dijo: 'Mamita, tírate al piso'; luego, aunque no estaba con el uniforme de paramédico, se montó conmigo en la ambulancia”, narró Reyes, consternada.
La mujer recordó apenada que tres semanas atrás el joven había perdido su auto en un accidente de tránsito y por eso tuvo que caminar hasta su hogar al salir del trabajo.
“Era muy servicial, muy buen padre, le daba la mano al que lo necesitaba. Él estaba ahí siempre”, insistió la vecina.
El occiso, contó Reyes, fue de gran influencia y ayuda en los estudios de su hijo, cuya meta era convertirse en paramédico igual que él.
“Ese mismo día que lo mataron mi hijo habló por la mañana con él y le dijo: 'Yo cuando salga del turno, te voy a ayudar, Emanuel'. Nunca llegó la ayuda porque este jovencito, que no sabemos quién es todavía, no sabemos cuál es su misterio”, cuestionó la mujer.
Sobeira Reyes opinó, por su parte, que los padres del responsable de atropellar, decapitar y huir de la escena sin socorrer al paramédico tienen que obligarlo a enfrentar la Policía.
“Que le enseñen lo que es responsabilidad, que pague por lo que hizo, no porque tengan dinero pueden… Tienen que medirnos a todos con la misma vara”, declaró Reyes.
De inmediato, María M. Román se unió a las otras dos vecinas para exigirle a la familia del conductor que lo entregue a las autoridades y que confiese su crimen.
“Es un ser humano lo que él mató, no fue un animal. Yo veía a ese muchacho y veía a mi hijo, porque era un ser bien bueno. Él era un muchacho humilde, servicial. A mí eso me ha dejado muy triste”, se lamentó Román.





