Ibarra reclamó acción de la población, entidades y, sobre todo, del Estado para aliviar la terrible condición que está atravesando la comunidad de Villas del Sol. Arriba, el médico junto a la líder Maritza de la Cruz. (Primera Hora / Teresa Canino Rivera)
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Leysa Caro González / Primera Hora
El doctor Eduardo Ibarra, presidente del Colegio de Médicos Cirujanos, tiene un sueño que verá hecho realidad, no importa los esfuerzos que requiera ni el tiempo que tome.
Su anhelo, en teoría, parece sencillo: ver a los niños de la comunidad Villas del Sol vivir tranquilamente en los terrenos que les donó a ellos y sus padres en Arecibo. El problema es que desde ya ese sueño ha comenzado a enfrentar escollos creados por los propios hombres.
Por eso, ayer durante un reconocimiento que les hiciera a él y su esposa, Jennie, la Fundación Comunitaria de Puerto Rico y la Comisión de Derechos Civiles, el galeno le hizo un llamado a la comunidad puertorriqueña a que si desean ayudar, es momento de hacerlo y no de expresarlo, pues con palabras poco se resuelve.
Entre lágrimas, Ibarra recordó un episodio de su niñez que le tocó y lo ayudó a convertirse en el hombre que es hoy día. Relató cómo con dolor en el alma su madre lo mandó a velar un carro, justo frente a la vecindad donde vivían en Ciudad México, con la esperanza de que así tendrían dinero y podrían probar bocado él y sus tres hermanas.
Ese día, sin embargo, la suerte no estuvo de su lado. El médico al cual le había velado el carro no tenía cambio, así que se montó en su automóvil y se marchó. Ibarra regresó con dolor a su casa y su madre esa noche se acostó llorando. “Yo me quedé con el alma destrozada, porque mi mamá comenzó a llorar”, relató entre lágrimas.
Tras el relato, Ibarra reclamó acción de la ciudadanía, entidades y, sobre todo, del Estado para aliviar la terrible condición que está atravesando esta comunidad pobre. “Con la pobreza no se puede ser casual. La pobreza es una emergencia y como emergencia hay que tratarla. Aquel doctor no fue malo, pero fue casual. Él no sabía que una familia entera iba a comer con aquel peso”, recordó.
Lamentó que los niños vivan en extrema pobreza y en unas condiciones que no se merecen. “No es cosa de hacer juicios, de decir mañana, de posponer la ayuda. Si se va a hacer un acto de caridad, un acto de bondad, un acto de entrega; valga un millón o valga 25 centavos, se debe hacer en el momento”, apuntó el médico.
Es tiempo también de que a Villas del Sol se le restablezcan los servicios de luz y agua, re- clamo que también hicieron entre lágrimas las líderes de la comunidad, Maritza de la Cruz y Laura Motta.
“Por favor, Lucé Vela, compadézcase”, clamó.
Durante el homenaje, ambos doctores recibieron resoluciones por su acto filantrópico. Su gesto fue descrito como uno de conexión humana que educa a las personas a ser más solidarias y sensibles.





