La querellante se sentó a testificar en detalle sobre dos incidentes de agresión sexual ocurridos el 19 y 27 de julio de 2010 en la misma capilla católica. (Vanessa Serra Díaz / Primera Hora)
martes, 19 de julio de 2011
Actualizado hace 311 días
(creado
01:36 p.m.)
Maribel Hernández / Primera Hora
El juez Enrique Silva Avilés presidió hoy la vista preliminar contra Leonard Prohil, de unos 47 años, acusado por cargos de agresión sexual y actos lascivos cometidos el año pasado contra la sacristana y secretaria de la Capilla Santa Ana, en el Viejo San Juan.
Durante la vista, la querellante se sentó a testificar en detalle sobre dos incidentes de agresión sexual ocurridos el 19 y 27 de julio de 2010 en la misma capilla católica.
La mujer, de 36 años, narró bajo el interrogatorio de la fiscal Nilsa Álvarez, de la Unidad Especializada de Delitos Sexuales, que la primera vez el imputado cometió actos lascivos contra ella el día 19 aprovechando que estaban solos en la capilla, tras cerrar luego de la última misa del día.
Contó que cuando comenzó a laborar en la capilla, el monseñor José Emilio Cummings, encargado de ese recinto y de la Catedral de San Juan, le había presentado a Prohil como un "seminarista diocesano" a quien le podían pedir cualquier tipo de ayuda ya que residía en un edificio contiguo al de la iglesia.
La abogada del acusado, Valerie Rivera Vargas, ante muchas interrogantes planteadas durante la vista, declaró que su cliente no es seminarista, sino que colabora con la Iglesia a cambio de alojamiento y comida.
En la investigación de las autoridades trascendió que el acusado tiene otro pasaporte dominicano bajo el nombre de Leonardo Rojas Simeón. Actualmente está libre con grillete electrónico viviendo en la Iglesia San Mateo de Santurce, bajo la tutela del padre Olin Pierre Louis, luego que la jueza Nerybel Durán le rebajó la fianza.
La segunda agresión ocurrió el 27 de julio, a las 2:45 de la tarde, cuando la madre de la querellante salió al banco y ella se quedó sola para recoger la capilla. En ese momento, estando en la cocina, sintió una presencia detrás de ella y cuando se volteó vió al acusado. La mujer narró que se sintió aterrada porque temía que volviera a agredirla sexualmente, como lo hizo el día 19.
"Para mí, yo sabía lo que iba a pasar. Era horrible... (Él) tenía la cara desencajada, como excitado, bien raro. Le pregunté ¿qué haces aquí, y mi mamá dónde está?", prosiguió su testimonio.
"Tu mamá está en el banco. Estamos tú y yo solos", le respondió el individuo, agregando que iba a darle un mensaje del monseñor Cummings, que resultó ser "tú estás bien buena. Me gustas mucho".
Acto seguido, relató que la acorraló y con su cuerpo la pegó contra la nevera y le rosó su miembro erecto por los glúteos.
"Yo forecejé, le grité que me soltara y él siguió rosando su miembro por mis nalgas... Él me dice, tú vas a ser mía. Seguí gritando...", declaró la testigo, que no pudo precisar cuánto duró el incidente.
Luego se tornó más violento cuando le rasgó los panties, la penetró con los dedos de tal forma que provocó que sangrara, contó.
Indicó que sintió una mezcla de sentimientos, de humillación y frustración, y se cuestionó "Dios mío, ¿por qué me está pasando esto a mí?".
Después del forcejeo, logró empujarlo contra un armario, agarró el celular y llamó al cuartel de Puerta de Tierra. Al ver la identificación en la pantalla del celular, alegó que el hombre le dijo: "Tú no me vas a meter preso", y salió corriendo.
La mujer declaró que hizo varios intentos por explicar al padre Cummings lo sucedido, pero siempre estaba acompañado de su agresor, por lo que optó por hacerlo en el confesionario, en la única oportunidad que podía hablar a solas.
Cummings, según el testimonio, le hizo creer que la Iglesia iba a tomar acción, pero no ocurrió. Monseñor le dijo que él tenía que ser prudente porque se trataba de una "persona de color", que no era del país, y lo podían demandar. "Cógelo con calma, confía y espera", le indicó.
Cuando en noviembre pasado se enteró que al hombre le habían dado llave de la capilla, cuando se lo topó dentro de la misma, en ese momento la mujer se convenció que no la estaban tomando en serio y fue al cuartel de Puerta de Tierra a querellarse.
En su turno, la abogada del imputado cuestionó a la querellante por qué no incluyó en la declaración jurada ofrecida a la fiscalía el incidente de actos lascivos del 19 de julio ni detalló que tuvo sangrado vaginal después de la agresión sexual del 27 de julio.
"No lo dije porque hasta cierto punto lo estaba diciendo", respondió refiriéndose a que habló de un flujo. "Es que es incómodo", dijo con voz entrecortada. "Por eso no le dije eso", agregó.
La abogada también trató de minar la reputación de la querellante, cuestionando si había utilizado el convento como "un cuarto de motel", o que se hubiera querellado contra un sacerdote que se enamoró de ella.
Todas las imputaciones de la abogada las negó.
También se refirió a unos supuestos mensajes de texto que le había enviado al imputado cuestionando su relación con otras feligreses de la iglesia de pelo de rubio, y unas alegadas amenazas contra el acusado usando su color y nacionalidad.
Ella lo desmintió todo y añadió que su madre es negra y estaba orgullosa de ella. También rechazó, a preguntas de Rivera Vargas, que su intención con llevar este caso sea obtener dinero de la Iglesia.
El hombre acudió a la vista con varios feligreses y el padre Pedro Reyes, de la Iglesia de San Ignacio, además del padre Louis y otros.
Ella fue acompañada del diácono Luis Echegaray, de la Catedral, y amistades.





