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De acuerdo con el sicólogo clínico José R. Pando, la infidelidad es una parte intrínseca de la especie humana, documentada desde la antigüedad, que siempre ha sido condenada por las sociedades judeocristianas.  (Primera Hora / Archivo / José R. Madera)

Sale bastante caro ocultar la chillería

jueves, 11 de octubre de 2007
Francisco Rodríguez-Burns / Primera Hora

Cuernos costosos.

Todos los empleados presienten el affair y algunas personas se atreven a comentarlo desde que los dos compañeros de trabajo se confundieron en un abrazo en la fiesta de Navidad de la empresa.

En muchas ocasiones empieza así, un saludo o una caricia difusa, ambigua, que podría ser indicativo de una amistad duradera o que podría arrojar otras posibilidades más íntimas y personales, quizás, una relación en que la secretividad debería regir la mirada, la sonrisa, el tono de voz, la distancia.

La amada y el amado secretos, ante una pantalla de convencionalismo, experimentan los placeres de la carne en secreto y aunque haya sospechas de sus encuentros amorosos, muchas veces sólo ellos cuentan con la prueba de su amor tras las paredes.

Por lo general, la infidelidad transcurre a puertas cerradas, en hoteles, moteles, pueblos relativamente lejanos de sus viviendas, ya que los días de salir con la chilla o el chillo a restaurantes familiares, ante un público conocido, se acabaron.

Ahora más que nunca las relaciones extramaritales resultan ser muy costosas. La vida de los puertorriqueños está por las nubes e incide incluso hasta en esto: el regalito por aquí, los lugares secretos de encuentro, las llamadas largas, el arreglo personal para agradar al otro o a la otra.

Como detalló el sicólogo clínico José R. Pando, la infidelidad es una parte intrínseca de la especie humana, documentada desde la antigüedad y que, a mayor o menor grado, siempre ha sido condenada por las sociedades judeocristianas. Pero, en Puerto Rico la infidelidad a veces era considerada como una parte “intrínseca” de las relaciones heterosexuales.

Antiguamente una cantidad considerable de mujeres aguantaban los encuentros amorosos de sus esposos, siempre y cuando éstos pudiesen presentar otros atributos que ante la mirada inquisitiva de la sociedad “suplementaran” sus dotes masculinos, según Pando.

Del mismo modo, era “normal” para algunas mujeres que su hombre compartiera su cuerpo con la “otra”, a veces una mujer conocida, aunque el regreso del esposo a la santidad del hogar estuviera garantizado. Pero, por otro lado, la mujer tenía que mantenerse fiel y aún hoy día, a pesar de la creciente cantidad de mujeres infieles, pocas son las que comentan sobre sus infidelidades, incluso, entre las amistades que compongan su círculo de confianza.

Sostuvo el terapeuta sexual que la infidelidad hoy día se ha convertido en una experiencia sumamente costosa. El marido o la esposa infiel en muchas ocasiones enfrenta la separación. De hecho, gran parte de las parejas contraen matrimonio sabiendo que el mismo podría culminar por otra relación sexual.

“Es más peligroso ser infiel y es menos permisible, aunque todas las reglas tienen sus excepciones. La infidelidad se tiene que mantener en secreto, literalmente”, dijo el experto.

A pesar del costo que puede con-llevar un divorcio, una creciente cantidad de hombres y mujeres contraen matrimonio en múltiples ocasiones, mientras otras parejas puertorriqueñas, particularmente de nivel socioeconómico alto, incurren en la práctica de swinging o compartir parejas, la cual cobró más popularidad durante las décadas de 60 y 70, pero que continúa siendo una opción para muchas parejas que intentan, dentro de su visión particular, ser fieles dejando al descubierto sus relaciones sexuales con otras personas.

“Han cambiado las estructuras sociales relacionadas con tener múltiples parejas”, sostuvo Pando, al comentar sobre la práctica de “monogamia en secuencia”, la que rompe con antiguos conceptos de fidelidad que regían las relaciones de pareja en las cuales el divorcio social o legalmente era rechazado.

“Mucha gente se casa sin verdaderamente hacer un compromiso. (Piensan): ‘Si no me va bien me divorcio’, los planteamientos no están fundamentados en una base amorosa”, precisó el especialista.

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