lunes, 15 de marzo de 2010
Arys L. Rodríguez Andino / Primera Hora
Para salir del abismo de las drogas hace falta mucho más que voluntad, así que a los que recaen no se les puede atribuir, necesariamente, debilidad. Cuando el cuerpo ya no responde si no es al comando de una combinación química, el deseo de abandonar la dependencia no es suficiente.
“El asunto de la voluntad yo lo descarto como un mito”, formuló el doctor José Vargas Vidot, director de Iniciativa Comunitaria (IC). “Para que un programa de rehabilitación funcione, hace falta un plan de tratamiento individualizado; por eso fallamos tanto”, dijo.
La adicción es un problema complejo, y eso, según Vargas Vidot, es un principio que se acepta en el mundo entero.
“Es importante que se formulen unas expectativas reales. Es como si yo tratara el cáncer y le dijera que no va a reincidir, lo que puede ser cierto y puede ser que no. Ese tratamiento tiene que considerar que la adicción es un problema inmensamente complejo”, reiteró el salubrista.
Aunque parezca ilógico, la adicción no es el problema primario de quienes la padecen. Son los trastornos de conducta y las depresiones los orígenes de muchas adicciones.
“Si en los tratamientos se invirtiera tiempo en fortalecer los esfuerzos de trabajar los aspectos de salud mental y emocionales, llega un momento en que la persona no tiene por qué recordar que fue un adicto”, señaló.
Un buen tratamiento debe también ser medible. “Tienen que existir parámetros interdisciplinarios que puedan objetivamente ver por dónde anda la persona, ver si está llegando”, explicó. Indispensable también es que haya un objetivo definido desde el principio y que incluya una estrategia de reinsersión social para que sienta “que su tratamiento lo lleva a algo”.
En el caso de IC, se aseguran de que los que ingresen a sus programas de rehabilitación pasen por un programa de desintoxicación que no sea un calvario. Para eso utilizan medicamentos que alivian los efectos de la ausencia de la droga.
“La primera etapa es un proceso de detoxificación que, aunque no necesariamente incide en la capacidad de permanecer en un tratamiento, libera a la persona de un elemento molestoso que son los síntomas de retirada”, observó el médico.
Los 21 días de detox son el principio de un programa psicosocial que se extiende por ocho meses y que se realiza con la persona interna.
En los Hogares CREA, institución que lleva más de cuatro décadas dedicada a la rehabilitación de adictos, también se empieza con un programa de detox, pero la duración depende del tipo de adicción.
“Si la heroína está mezclada, es bien peligroso el detox y tiene que ser bien supervisado, porque se puede ir en un arresto cardiaco”, explicó José Lamberty, portavoz de la entidad.
Aunque tiene unos principios cristianos y la terapia espiritual es parte del tratamiento que dura más de dos años, CREA no es una comunidad de fe. “Es un programa de base comunitaria. No somos sectarios y hemos tenido hasta musulmanes”, afirmó Lamberty.
En el modelo de comunidad terapéutica que practica CREA, el adicto recibe alrededor de 14 modelos de terapias. “El residente está todo el tiempo expuesto a un terapéutico”, indicó Lamberty, quien aclaró que cada persona es libre de irse cuando quiera.
“Algunos llegan, hacen algo del detox y se van porque lo que quieren es limpiarse, pero ése es el engaño. Lo más difícil de dejar la adicción es la desintoxicación psicológica”, observó.
A pesar de que muchos llegan a CREA cuando le dan a escoger entre la entidad o la prisión, Lamberty aseguró que la mayoría llega voluntariamente. “La persona puede decidir que la metan a la cárcel”.
Diseñado para dos años, en CREA están convencidos de que el tratamiento debe ser intensivo y a largo plazo. “El programa da unas herramientas, provee una metodología de tratamiento, pero la adicción requiere de mucha ayuda y que la persona tome la decisión de cambiar”, expuso.
En el caso de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca), el tratamiento con metadona está disponible para personas con dependencia a opiáceos, mayormente heroína.
“La metadona es una sustancia que tiene el efecto de tranquilizar a la persona, de que ese deseo por la heroína se calme, de que pueda continuar normalmente, y dura más el efecto que el de la heroína”, explicó Nydia Ortiz Pons, administradora interina de Assmca.
La medicación con metadona permite que una persona con dependencia crónica a la heroína pueda llevar una vida normal. “Ésta es una alternativa científicamente válida para las personas con dependencia a heroína que no han podido quitarse de su adicción”, explicó Ortiz Pons sobre el tratamiento que puede ser indefinido.
Aunque esa duración indefinida puede ser considerada como otra dependencia, Ortiz Pons recordó que el adicto es un enfermo. “Si ves la adicción como una cosa crónica, como un diabético, es mejor tomar sus medicamentos toda la vida que volver a como estaba antes”, analizó.
El estigma que tienen contra el adicto en tratamiento es también, según la renunciante administradora, el mismo que tienen contra la agencia. “Hay estigma y es bien lamentable”.
Los que llegan al tratamiento con metadona generalmente ya han intentado “el resto del menú”. “Hay personas que van a funcionar con metadona y otras, con servicios sociales, otras van a necesitar un programa residencial. Nuestra meta será tener todas esas opciones disponibles”, señaló.






