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Satisfecho tras dejar el celibato

Para Luis Padilla, quien se casó con Melva Irizarry, no fue fácil tomar la decisión de abandonar el sacerdocio. (Suministrada)

jueves, 7 de mayo de 2009
Leysa Caro González / Primera Hora

Cada vez que Luis Padilla oficiaba una misa en la parroquia Católica Romana de Guánica se sentía el hombre más feliz del mundo.

Pero, en sólo minutos ese sentimiento se transformaba. Se sentía solo y vacío. Quería compartir con alguien, hablar, sentir afecto y no tenía cómo.

Así pasaban sus días como sacerdote, un panorama que lo llevó a cuestionarse la vida de celibato a la que se comprometió cuando sólo tenía 24 años.

No fue fácil tomar la decisión de abandonar la vocación. Sabía las repercusiones que tendría y el rechazo que recibiría de los suyos, pero no podía más.

Había comenzado a descubrir lo lindo que se sentía poder hablar con alguien que te comprende y valora. Así que supo que era momento de ser honesto con sus sentimientos y con Dios y tomó la difícil decisión. Estaba descubriendo lo que era enamorarse.

“Es un proceso que crea crisis, sobre todo por la presión que recibes de la comunidad a la que sirves”, recordó Padilla, quien hoy dirige la parroquia episcopal San Andrés, en Mayagüez.

Le tomó cuatro meses reconocer que en él estaba creciendo el amor. La lucha interior fue intensa, pero hoy no se arrepiente de la decisión. Hace 11 años que se casó con Melva Irizarry, la mujer que le robó el corazón.

No sólo vive la satisfacción de haber descubierto el significado del matrimonio, sino que tiene la satisfacción de que ha podido desarrollar su vocación sacerdotal dentro de la Iglesia Episcopal. “Siento que mi ministerio ha sido más fructífero en la Iglesia Episcopal que en la Iglesia Romana. El ministerio ha sido más pleno”, sostuvo.

Tras haber experimentado lo que es vivir el sacerdocio, Padilla cree firmemente en la necesidad de que éste sea eliminado como requisito en la Iglesia Católica Romana. Es una imposición acomodaticia. “El sacerdote para vivir su ministerio no tiene que ser célibe. Puede ser tan buen o mejor sacerdote estando casado”, dijo.