Se hace agua el país a cada rato

 
 
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Se hace agua el país a cada rato

jueves, 25 de agosto de 2011
Arys L. Rodríguez andino / Primera Hora

Las lluvias de “50 años” a las que hizo referencia el Servicio Nacional de Meteorología no son tan de medio siglo como parece, porque en las últimas décadas han ocurrido en varias ocasiones.

El planificador Félix Aponte señaló que, por lo menos desde el 1970 puede enumerar unos 12 eventos en los cuales se reportó una cantidad de lluvia similar a las que causaron los estragos que hoy sufre el país.

“En octubre de 1970, una depresión tropical se quedó estacionaria sobre Puerto Rico y provocó mucha lluvia. Eloíza en el 74, David en el 79, lluvias fuertes en el 80, el 81 y en mayo del 85. En Mameyes tuvimos 24 pulgadas de lluvia en 24 horas”, señaló sobre lo que se convirtió en una tragedia cuando murieron casi un centenar de personas.

Según los últimos eventos de lluvias intensas, la frecuencia en Puerto Rico es de uno cada cuatro años.

“Cualquier precipitación que exceda las seis pulgadas en 24 horas es sustancial”, afirmó el ex vicepresidente de la Junta de Planificación y catedrático de la Escuela de Planificación de la Universidad de Puerto Rico.

Para establecer la “frecuencia y la recurrencia”, un concepto que Aponte considera difícil de explicar porque es estadístico, se deben tomar en cuenta los datos de los últimos 100 años, pero en el país no hay un registro de las pulgadas de lluvia en un periodo tan largo.

“Si tengo 100 años de datos, se considera el evento de lluvia más grande en 100 años, pero no tenemos 100 años de datos”, reiteró el planificador, quien indicó que donde más datos se tienen disponibles es en la estación de medición de flujo en el río Grande de Loíza, “que tendrá casi 50 años”. “El Estado no los tiene porque no había tradición de medir caudales en los ríos”.

Aunque las tormentas y los huracanes no son los únicos fenómenos atmosféricos que producen una gran descarga pluvial, al planificador le preocupa cuando el agua se junta con vientos de un huracán de categoría tres en adelante, algo para lo que el país no está preparado.

“¿Qué hubiera pasado el domingo si hubiéramos tenido lluvia y viento concurrentemente? ¿Cómo se moviliza el Estado a responder en un evento simultáneo de viento y lluvia?”, se preguntó.

Con un huracán de categoría tres, por ejemplo, el Cuerpo de Ingenieros ha concluido que el municipio de Loíza, por su vulnerabilidad al mar y al río, tendría que ser desalojado en su totalidad. En Carolina, según Aponte, habría que desalojar como a 60 mil y a otros 20 mil en Canóvanas.

“Y son desalojos que se requieren hacerlos 36 horas antes”, observó. “Cuando tenemos eventos de esa magnitud, ése es el tipo de movilización social que se requiere. Para un evento mayor, no creo que el Estado tenga conciencia de eso”, expuso.

Para ilustrar lo poco preparado que está el país, aun si existe el plan de mitigación, Aponte señaló que en el 2000 preparó un plan para Humacao y el funcionario de la Defensa Civil no sabía que existía.

¿Cuánta lluvia aguanta el país?

A mí siempre me gusta usar como ejemplo el huracán San Felipe, en el 28. Los registros que tenía entonces la sociedad de lluvia, el sitio donde se registró el nivel más bajo fue de 10 pulgadas en 24 horas. Hubo uno de casi 30 en Adjuntas. Éramos menos gente, había una relación de sociedad y naturaleza diferente a la que tenemos ahora y, aunque dejó como 300 personas muertas, la mayor parte por el viento, demostró que podía resistir el impacto terrible de un huracán como ése.

Según el profesor, el país debe prepararse para un evento de esa magnitud, que puede dejar descargas pluviales de 15 a 20 pulgadas en 24 horas y que va a requerir que las estructuras resistan el impacto de vientos sostenidos de 150 millas por hora.

“Los huracanes levantan marea y oleaje. Todo lo que se construye cerca de la costa debe tomar en cuenta ese comportamiento”, advirtió Aponte, y manifestó que los requisitos en los diseños de construcción es que resistan vientos de 110 millas. “Casi la totalidad de las estructuras no están preparadas para recibir huracán de categoría cinco”.

¿Qué pasaría con un huracán categoría cinco?

Tendríamos una catástrofe en el país. Hay sectores donde el sistema eléctrico podría estar más de un año sin poderse rehabilitar.

En el país, según Aponte, se han ignorado los peligros de estar en una zona expuesta a múltiples fenómenos atmosféricos.

“Creemos que rellenando podemos minimizar riesgos”, manifestó.

Aunque el costo de tener ese nivel de preparación es mucho más alto, “toda prevención implica una inversión inicial”. A largo plazo, el daño que se evita supera los gastos.

“Irene ha generado una gran pérdida económica. Esta parálisis tiene un costo económico extraordinario”, reiteró. “Hay maneras de hacer esto más adecuado. Tiene costos iniciales, pero no compara con la pérdida a mediano y largo plazo”.

¿Es natural, como dijo el Gobernador, que las carreteras se inunden cuando se registran 17 pulgadas de lluvia?

No, no, no. Las carreteras tienen que diseñarse para que no se inunden. La carretera, cuando se construye, no sólo tiene que protegerse ella, sino que no puede crear problemas de inundaciones en lugares adyacentes. No hay excusas.

Se supone que las carreteras puedan manejar lluvias de frecuencia de 25 años. “Lo que ha ocurrido es que ese sistema de drenaje lo utilizan los terrenos adyacentes que descargan sus aguas en el mismo sistema”, explicó sobre una de las múltiples situaciones en las que escasea la inspección.

Y con tanta lluvia, se pensaría que la palabra racionamiento es inexistente, pero no. “Los sistemas de abastos de agua deben incluir tanques de reserva para tres días, pero la mayoría están vacíos, inoperantes”, lamentó.

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