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Se recrudece la cacería

El vigilante del DRNA Joel Oquendo coloca carne de ternera en una de las trampas ubicadas en un monte del área boscosa de Caimito que colinda con la urbanización Los Árboles de Montehiedra.

jueves, 11 de diciembre de 2008
Sara M. Justicia Doll / Primera Hora

Un perímetro de una milla. Cuatro trampas. Tripas y sangre de animales colgados en árboles del área boscosa de Caimito que colinda con la urbanización Los Árboles de Montehiedra. Doce técnicos del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) certificados en destrezas de inmovilización y captura de animales feroces, armados con rifles, pistolas y dardos paralizadores. Niños y adultos curiosos y preocupados.

Ése era el escenario al caer la tarde en Los Árboles, donde en la madrugada de ayer el dentista Fernando Oliver se topó de frente con el felino, -pantera, jaguar o puma- que lleva par de semanas merodeando el área y que ha atacado al menos a una oveja.

El animal ha sido divisado en el camino Los Colones, en la urbanización Beverly Hills y ahora en esta comunidad. El galeno corrió con suerte, ya que después de intercambiar miradas con el felino oscuro de ojos amarillentos, éste determinó internarse en la jalda y desaparecer a velocidad.


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Ángel Atienza, encargado del centro de detención de animales del DRNA, en Cambalache, informó que gracias a una foto aérea, información obtenida por sistema de posicionamiento geográfico más la recopilación de la data de avistamientos del animal, se concluyó que su área de movimiento era de una milla.

Cerca de las 4:00 de la tarde se ubicó la primera jaula en lo alto de una loma. El biólogo y experto en animales exóticos del DRNA Ernesto Márquez informó que “un señuelo fue amarrado a un sistema automático de gatillo. El animal entrará a llevarse la presa y comenzará a arrastrarla hacia fuera porque nunca se la come en el lugar donde la captura. Al intentar llevársela se activará un gatillo que a su vez activará la guillotina que pillará al animal”. Un punto de observación fue ubicado a 100 pies del lugar y vigilarán el área técnicos que no podrán llevar desodorante ni nada de perfume.

Los cebos que le pondrían incluirían riñones, hígados y sangre, entre otros.

Ayer el día transcurrió en preparativos de captura. Sin embargo, Atienza subrayó que “estos animales son nocturnos, con la penumbra se activan. Durante el día descansan”. Por este hábito de descanso diurno las autoridades también se movilizaron con binoculares para identificar árboles fuertes de ramas que formaran escaleras donde el misterioso felino pudiese estar descansando.

Pero no sólo el enorme gato pudiera caer en una jaula encerrado, sino que también en caso de ser divisado comiéndose una carnada suelta colgada de un árbol pudiera ser impactado por un dardo.

Elton Irizarry, veterinario del Departamento de Agricultura, explicó que “el dardo tiene una sustancia que llevará al animal a un estado algo así como catatónico. Debe alcanzarle un área musculosa. Esta sustancia afecta al sistema nervioso central”.

En ese momento el equipo experto determinará el modo de transporte y captura del animal, que es muy variable ya que elementos como la tensión en la que ha estado y su condición de salud podrían influenciar en el modus operandi.

Aunque los preparativos definitivamente son para capturar un enorme felino, todavía su especie es incierta. Según el dentista Oliver, se trata de un cachorro de unos cuatro pies y de patas cortas. Sus ojos son amarillentos.

Según los expertos, podría tratarse de un puma, procedente de Estados Unidos o América del Sur; un leopardo de África o un puma de América Central.

Atienza destacó que en el bajo mundo la adquisición de un puma cachorro puede salir en menos de mil dólares, por lo que su introducción ilegal a la Isla no es poco usual.

“Nuestro norte es atraparlo vivo, pero si se pone en riesgo la seguridad de alguien tendremos que sacrificarlo”, dijo el secretario de Recursos Naturales y Ambientales, Javier Vélez Arocho.

Tremendo susto

Eran cerca de las 4:00 de la madrugada cuando la pequeña perra salchicha Lola ladraba insistentemente en casa de los Oliver.

A las 6:00 a.m., el dueño de la perrita se dirigió al patio y a ocho pies hacia atrás de una verja— que mide 10 pies— estaba el felino.

“Me miró a los ojos. Era grande, de patas cortas, parecía cachorro, y no sé qué intenciones tenía con mi perrita. Quizás la quería de aperitivo. Las personas no deberían tener animales exóticos en sus casas porque ponen en riesgo la seguridad del prójimo”, dijo.

Él no dejará salir de la casa a sus hijas Adriana, de 12 años, y Cristina, de ocho.

Los niños de la urbanización también permanecían asustados y muy pendientes de la colocación de jaulas.

“En la noche el gallinero que queda detrás de mi casa estaba muy alborotado y los perros, agitados”, dijo Jonathan Sequeda, de 11 años.

José Alberto Rosario, de siete añitos, agregó que está seguro con la espada rusa que le regaló su abuelo.

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