Ivette Cruz y Lemuel Alemán Cruz se mostraron emocionados al saber que hoy podrán llevar a su hogar a sus niñas. (Primera Hora/Teresa Canino Rivera)
martes, 7 de septiembre de 2010
07:14 p.m.
Leysa Caro / Primera Hora
Las siamesas Lianys Marie y Nailyn Ivette ya duermen en casa junto a sus padres tras ser separadas exitosamente el pasado 26 de agosto.
Los felices padres compartieron hoy, martes, cómo fueron esos momentos de espera antes de conocer que sus niñas habían sido separadas, su primera reacción al verlas y la alegría que les provocó la noticia de que se podían ir a casa.
Las niñas fueron separadas el pasado 26 de agosto en el Puerto Rico Children's Hospital, en Bayamón. La operación duró tres horas y contó con la experiencia de un equipo de más de 40 médicos que demostró que Puerto Rico cuenta con el talento humano y el equipo médico para realizar este tipo de intervención.
La espera finalmente acabó para Ivette Cruz y su esposo Lemuel Alemán, quienes tras momentos de incertidumbre se llevaron a las niñas a casa. “Cuando me las trajeron y me dijeron ‘mira, mamá’, yo no pude resistir y empecé a llorar de la emoción de que estuvieran bien, y al verlas separaditas se ven tan diferentes”, dijo la progenitora sobre su primera reacción al concluir la operación.
La intervención comenzó a las 7:00 de la mañana, pero no fue hasta tres horas después que los médicos les dieron la noticia de que todo había salido según planeado. Fueron tres horas angustiosas, pero en las que mantuvieron la fe.
“En la salita de espera estábamos orando, hablando bien positivamente de la operación, de cuando salieran, qué íbamos a hacer con ellas, a dónde las íbamos a llevar cuando estuvieran más grandes”, relató Ivette, que no fue hasta tres días luego de la operación que pudo tomarlas en sus brazos.
Las bebés estuvieron dos días recluidas en la Unidad de Cuidado Intensivo Neonatal (NICU). Por 72 horas, necesitaron de oxígeno, explicó el cirujano pediátrico que lideró la operación, Víctor Ortiz.
Hoy, ya se encuentran bien aunque reciben antibióticos de forma preventiva. “Las dos han estado muy estables, han estado chupando y ganando peso”, dijo sobre el estado actual de las niñas el neonatólogo Pedro Serrano.
Lianys, la más chiquita, pesó tres libras y 12 onzas al nacer y ya pesa cuatro libras con ocho onzas y media. Mientras, Nailyn, quien pesó cuatro libras con 14 onzas, ya pesa cinco libras con siete onzas.
“Son bebés completamente normales, sin ningún problema aparte de su cirugía y cicatricita que tienen en el abdomen”, sostuvo Serrano.
Al momento de nacer, las niñas venían unidas por la pared abdominal y aunque ambas tenían su propio hígado, éstos estaban unidos por el lado derecho. La unión era aproximadamente de una pulgada por dos pulgadas.
Ortiz explicó que la operación se realizó antes de lo pronosticado por el equipo médico, pues se percataron de que la unión les estaba provocando a las niñas complicaciones en su salud.
El estado de madurez de éstas, tanto en el aspecto pulmonar como renal, eran imprescindibles para que pudieran tolerar la operación con el mínimo daño. Sin embargo, decidieron correrse el riesgo.
Al momento de la cirugía, Lianys aún estaba conectada al ventilador porque presentaba episodios de apnea. “Cuando ellas se acercaban o se alejaban, le cambiaba la cuestión hemodinámica (flujo sanguíneo) y eso nos estaba dando problemas y decidimos que teníamos que corrernos el riesgo que aunque estaban inmaduras y no en el momento óptimo... teníamos que hacerlo”, apuntó.
No se espera que la intervención tenga secuela en el desarrollo de las hermanitas. “La porción que compartían no es una parte significativa de la masa total hepática, así que el problema de regeneración no se prevé”, sostuvo Ortiz.
Mucha agua y jabón
Las niñas están completamente normales a excepción de la herida que tienen.
En cuanto al cuidado postoperatorio de las niñas, Ortiz indicó que el mismo consiste de “agua y jabón” para evitar que las incisiones puedan infectarse. Además, se debe evitar el contacto físico, aparte de sus padres, para prevenir una recaída.
Mientras, sobre la posibilidad de próximas intervenciones, Ortiz señaló que no serán necesarias hasta por lo menos de aquí a dos años y serían puramente estéticas.
Durante la intervención, se realizó un tipo de desviación para que cada una pudiera tener el ombligo en su lugar. “Le dejamos un ombliguito a cada una en su sitio”, dijo, jocosamente, el cirujano.
Los médicos coincidieron en que con esta operación se escribió una nueva página en la historia médica del país. “Nosotros los puertorriqueños podemos hacer las cosas y hay que acabar con el mito que nada más se puede hacer en Estados Unidos esta operación”, dijo el doctor Richard Machado.





