Un suspiro y una leve mordida de labios antecedieron las primeras expresiones de Rolando Crespo ayer, que describió como “las más difíciles” que ha tenido que hacer en su vida. (Primera Hora / Teresa Canino Rivera)
lunes, 28 de febrero de 2011
Bárbara J. Figueroa Rosa / Primera Hora
La presidenta de la Cámara de Representantes, Jenniffer González, anunció su entrada al salón de conferencias para que el hasta ese entonces legislador, Rolando Crespo, expresara lo que ya todos sabían: renunciaría a su escaño tras conocerse el viernes que había dado positivo a cocaína en una prueba de dopaje y entrará a un programa de rehabilitación.
Crespo entró serio al salón y fue asediado por los flashes de las cámaras a las que evitó mirar fijamente. En sus manos llevaba unos papeles que leyó posteriormente y en los que se revelaba el porqué de su decisión, que fue catalogada de “correcta” por el presidente del Partido Popular Democrático, Héctor Ferrer, y por el gobernador Luis Fortuño, quien dijo estar “complacido con la decisión”.
Un suspiro y una leve mordida de labios antecedieron sus primeras expresiones, unas que describió como “las más difíciles” que ha tenido que hacer en su vida. Dijo que lo hacía con “humildad” y reconoció que sus palabras estaban cargadas de “dolor, nerviosismo y vergüenza”.
Tras destacar varias facetas de su vida -su casamiento a temprana edad (19 años), su desempeño como guardia de seguridad, un trabajo en el Departamento de la Familia y las veces que tuvo que hacer “chiripas” para llevar dinero a su hogar-, procedió a hablar sobre el asunto que lo llevó a dar cara al país, en especial a los que lo eligieron desde el 2003 como legislador por el Partido Nuevo Progresista (PNP).
Dijo que cuando supo por la presidenta de la Cámara el resultado de las pruebas sintió que era el “final de mi vida”.
“Jamás pensé que un suceso aislado me colocaría aquí”, expresó quien tras conversar con miembros de su partido, su familia, con Dios y consigo mismo, decidió renunciar ante el panorama de que su caso sería referido a la Comisión de Ética para una investigación.
“En la vida todos cometemos errores, pero hay errores que no se deben cometer jamás... Es de sabios reconocer el momento preciso para hacerse un lado”, expresó poco antes de decir que entregaba su puesto como representante por acumulación. Dijo que lo hacía rápido, a diferencia “de aquellos que han arrastrado al país y a su partido en insostenibles procesos para tratar de alargar su estadía en posiciones”. Renunció, además, para “no hacer sufrir más” a su familia y compañeros de delegación, que a juzgar por el rostro desencajado de la presidenta cameral, sí han resentido las consecuencias del “error aislado” de Crespo.
El momento más tenso para el ex legislador llegó cuando habló de “enmendar errores”. Por segundos, se mantuvo en silencio para coger fuerzas y tratar de disipar el nerviosismo que ya había anunciado. Pero su voz quebrantada pudo más y fue entonces, tras tragar gordo, que dijo: “Entiendo que debo enmendar mis errores y ya inicié esa ruta. Quiero superar este obstáculo para recuperar mi vida personal y mi vida profesional... quiero recuperarla libre de presiones, libre de especulaciones y libre de inuendos hacia mi persona”.
Y es que, aunque Crespo sostuvo que no tiene “ un problema como usuario de drogas” y que su paso por la cocaína fue “un error aislado” (era la cuarta vez que hacía hincapié en la palabra), lo cierto es que aceptó una propuesta de González, a quien describió como amiga, para ingresar a un programa de rehabilitación del que no se dio más detalles.
De hecho, la presidenta de la Cámara dijo posteriormente que Crespo “está encaminado” a buscar ayuda y como él mismo dijo a “levantarse”.
“Tiene que superar esa fragilidad para que pueda superarse”, agregó la Presidenta, quien aclaró que el único resultado referente a las pruebas de dopaje de cabello que se le realizaron al ex legislador las recibió el pasado viernes a la 1:30 de la tarde y mostró un recibo de entrega para confirmarlo y disipar los rumores de que lo sabía desde días antes.
Antes de despedirse, Crespo dijo que a través de su lección, una “muy mía, muy personal”, todos deben recordar “que somos humanos y vulnerables”.
Tras pedir nuevamente perdón, decir que rectificará con la ayuda del “Todopoderoso” e instar a reflexionar que siempre “hay un mañana y hay un nuevo día”, quiso dirigirse a los muchachos del país, a esa nueva generación que incluye a sus hijos de 14 y 11 años.
“Que mi experiencia sirva para que esos jóvenes vean que nada se debe sacrificar por un mal paso... que no experimenten”, fueron las palabras exactas de Crespo, quien nunca aclaró cómo, cuándo y con quién se suscitó lo que llamó “un error aislado”.





