En 3,700 cuerdas de terreno con siembras de distintas hortalizas se levantarán las turbinas de viento. (Primera Hora/Michelle Estrada Torres)
jueves, 23 de febrero de 2012
Michelle Estrada Torres / Primera Hora
La construcción de 44 turbinas de viento en Santa Isabel por parte de la compañía Pattern Santa Isabel LLC resulta impactante a la vista, dada la magnitud en tamaño y profundidad de los huecos donde se levantan las zapatas y porque por años lo único que se ha visto en estas tierras son siembras de frutas y vegetales.
El movimiento de terreno ocurre tanto en el este como en el oeste del municipio sureño, a ambos lados del río Velázquez. Actualmente, pueden verse distintas etapas de progreso.
Hay huecos, con un diámetro de 65 pies y de 11 a 21 pies de profundidad, a los que todavía no se les ha puesto nada adentro. Otros huecos ya tienen instalada la varilla y varios más están completados hasta la superficie. Estos últimos tienen una base circular con una línea de varillas cortas verticales, que eventualmente será el centro de una losa de concreto reforzado de un pie de espesor que cubrirá los cimientos de las turbinas. Ahí se levantarán las torres.
Las bases de las turbinas están en donde antes había sembradíos de hortalizas, en los terrenos agrícolas más fértiles de Puerto Rico para este tipo de productos. Puede verse cómo las hileras de cultivos se rompen abruptamente para darles paso a las áreas de amortiguamiento y los caminos de acceso correspondientes a cada zapata.
El agrónomo Hiram Mercado, quien se opone a la ubicación de las turbinas en ese lugar por considerar que esas tierras deben preservarse solamente para la agricultura, asegura que durante la construcción de las bases se ha mezclado la superficie del terreno con el subsuelo y que esto implica un daño irreparable.
“Si tú mezclas la tierra de la superficie, que es la más fértil y en la que se siembra, con el subsuelo, se pierden las propiedades y ya no se puede volver a sembrar en ella”, indicó Mercado.
También resaltó el hecho de que se ha compactado la tierra de los caminos de acceso y la que bordea las bases donde luego se colocará concreto. Esta compactación tiene el mismo efecto contraproducente.
Con él coincidió David Sotomayor, catedrático en el Colegio de Ciencias Agrícolas del Recinto Universitario de Mayagüez y especialista en fertilidad de suelos.
“Lo que he observado es que no hay separación de las capas del suelo. Este material está amontonado alrededor del hueco que han escarbado, y a mi entender, no hay forma de que ningún operador de máquina pesada pueda distinguir entre una capa superficial y el subsuelo. Al remover y volver a poner estamos alterando lo que a la naturaleza le ha tomado miles de años hacer. Y sí puede volver a cultivarse, pero hay cambios. El suelo queda impactado. Hay distintos tipos de efectos en términos del grado y puede ser leve, moderado y grave”, explicó el profesor.
El ingeniero ambiental de Pattern Santa Isabel LLC, Roberto León, lo negó.
“Durante la construcción se ha tomado bastante esfuerzo para nosotros asegurarnos que el terreno no se mezcle. No tenemos constancia de que se haya mezclado algún tipo de terreno. Al contrario, todo lo que estamos removiendo, que es de valor que pudiesen volver a cultivarlo, lo estamos separando, lo estamos aislando, lo estamos protegiendo, cosa de que cuando se acabe el proceso de excavación lo estemos devolviendo ese mismo terreno allí”, pronunció León. Reconoció que “Pattern tiene que tratar de devolver ese terreno a su condición original lo más cercano que se pueda poner”.
Si no lo hace, dijo el director de la Autoridad de Tierras, Frederic Mullac, pone en riesgo la obtención del permiso de uso.
“Tienen que poner las tierras como estaban antes. Si hicieron un daño, y sabemos que durante toda construcción hay efectos, pues ellos tienen que reponer como estaba antes ese terreno. (Si no lo hacen) Se le multa (o) no consiguen los permisos de uso”, afirmó.
En Europa, por ejemplo, los aerogeneradores se suelen ubicar en terrenos baldíos o que se usan para agricultura extensiva, como la siembra de trigo y cebada. Los agricultores no tienen que estar todo el tiempo en contacto con estas siembras, lo que reduce su exposición a las turbinas.
En Santa Isabel se practica la agricultura intensiva, que requiere arar, sembrar, desyerbar y recoger constantemente. Para evitar que los trabajadores y los vecinos del lugar se expongan a los efectos negativos de las turbinas –como el ruido y las sombras generadas por el movimiento de las aspas–, Mercado entiende que este proyecto debió ubicarse en otro lugar, como los terrenos de la desaparecida Commonwealth Oil and Refining Company Inc. (Corco) en Peñuelas o en la antigua base naval Roosevelt Roads, en Ceiba.
Félix I. Aponte Ortiz, profesor en la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico, cree que otras tierras cerca de la costa santaisabelina “que no tienen capacidad de tierra agrícola y donde no hay agua para riego” son más adecuadas para este proyecto.
“Dedicar esa tierra a otro uso que no sea agrícola es un error craso estratégico y tiene unas consecuencias ambientales”, enfatizó el planificador.
Santa Isabel produce el 80% de los vegetales del país y aportó $58.55 millones al Ingreso Bruto Agrícola en el 2009-10, detrás de Hatillo, que sumó $70.83 millones.
“Puerto Rico tiene que decidir entre auspiciar seguridad alimentaria, seguridad de energía renovable y también de agua fresca. Lo que no debe ser es que, buscando uno de esos elementos indispensables, comprometamos uno por otro. El terreno donde se proponen estas turbinas son de la más alta calidad de cultivo”, señaló Aponte Ortiz.
Además, es territorio idóneo porque cuenta con mano de obra adiestrada, tiene la infraestructura necesaria y se beneficia del clima seco prolongado, que se balancea bien con un sistema de riego por goteo.
Las agencias que otorgaron el permiso aseguran que pueden coexistir las turbinas con los trabajadores agrícolas y han minimizado los efectos negativos en seguridad y salubridad. Seis personas que se manifestaron contra el proyecto enfrentarán vista preliminar el 2 de marzo tras acusárseles de violar el Artículo 208-A del Código Penal, en un caso que sienta precedente.





