Bajo lluvia y pedaleando su bicicleta desde Morovis, Juan Rolón Rivera llegó hasta el Capitolio. Durante su recorrido, sufrió varios golpes. (Para Primera Hora / Rafael Pichardo)
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Antonio R. Gómez / Primera Hora
Vino bajo lluvia y pedaleando su bicicleta desde Morovis hasta el Capitolio para presentar allí su denuncia.
Lo que está denunciando no es nuevo, pero siempre impacta verlo en carne viva.
Juan Rolón Rivera tiene 52 años de edad y se considera rehabilitado de la adicción a drogas. Logró un título universitario tras su primera victoria sobre el vicio. No le valieron el esfuerzo ni el diploma. Nadie le da trabajo, no puede montar negocio propio y tampoco le reconocen su grado académico para la licencia de trabajador social, que asegura que ganó.
“La adicción es una enfermedad en la que cualquiera puede caer. Eso no discrimina sexo, edad ni clase social. Es una enfermedad bien complicada y mientras no se les dé la oportunidad a las personas que quieren salir de ese problema, va a seguir ahí la semilla para volver a caer”, dice.
Juan relata que cayó en el vicio “desde bien jovencito”, pues fue desertor escolar. “Me salí de la escuela en séptimo grado”, dice. Logró el noveno estudiando de noche y el cuarto año, con “estudios libres” .
“A los 30 años cogí un caso legal y me sentencia la honorable juez Crisanta González a ocho años, condicionado a tratamiento en los Hogares Crea. Terminé el programa en el 1994 y entonces me voy a la universidad a estudiar trabajo social, porque yo quería trabajar en las instituciones, quería demostrarle a los demás que se podía salir y que uno podía superarse. Pero yo estaba equivocado”, lamenta.
Fue ahí que descubrió que no podría obtener su licencia por no tener su “récord limpio”. Eso, a pesar de que se graduó de la Universidad Interamericana en el 1999, cum laude.
Frustrado, cae de nuevo en la adicción. “Ingreso voluntario a un programa. Por mi experiencia en Crea, me ponen a dirigir ese programa. Yo era el primero que me levantaba y el último que me acostaba”.
Explica que al completar el mismo acudió a una agencia de empleo, donde también lo rechazaron por no tener su récord limpio. “Trato de montar un negocio propio, pero tampoco me quieren ayudar. Para la patente también necesito el récord de buena conducta. Entonces, ¿que es lo que quieren?”, cuestiona. Por el momento, se gana la vida “talando” . “Eso fue lo que me enseñó mi papá, que trabajó en la caña. A veces vendo botellas de agua y con eso vivo, y con los cupones”.





