Sin respaldo sólido los actores boricuas

 
 
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Sin respaldo sólido los actores boricuas

sábado, 21 de enero de 2012
Amary Santiago Torres / Primera Hora

Antes de delinear un plan de vida, el actor puertorriqueño está obligado a preocuparse por sobrevivir día tras día.

Ya sea por tradición generacional, por la falta de organización como gremio, por la ausencia de una política pública sobre la cultura y por la poca seriedad con que muchos ven a esta profesión, este oficio no está estructurado como otros en los que se recibe un sueldo fijo. Por consiguiente, el actor no acumula vacaciones ni días por enfermedad, y no cuenta con planes de retiro ni médico, entre otros beneficios.

A estas singularidades se les añaden que las horas de ensayos no son remunerables, que se les paga después de realizar por lo menos tres funciones, que, a veces, les dan cheques posdatados y que el sueldo ha aumentado poco a pesar del paso de los años.

Con esta radiografía sobre esta profesión, las iniciativas de crear una Casa del Artista y de recaudación de fondos para proveerles un apoyo económico serían ideales. Pero que esas intenciones de darles un sólido respaldo a los artistas se concreten, es otra cosa.

“Prefiero pensar en el día a día y, mañana, ya veremos”, dijo el actor Gerardo Ortiz sobre cómo se visualiza en los próximos años ante la escasez de programas locales, los altos costos de producción y las pocas funciones que se realizan en el teatro escolar, que compite con espectáculos de entretenimiento, como los circos.

“La gente piensa que uno genera mucho dinero, pero siempre estás complementando con talleres, locuciones, conferencias. No cobras igual que todo el mundo, porque las agencias de publicidad te pagan en tres o cuatro meses. También, después de ensayar alrededor de dos meses, sin paga, recibes el dinero en la tercera función y el próximo fin de semana no está garantizado”, comentó el educador, quien resaltó que el actor boricua, además, no cobra por las repeticiones de programas y películas en las que aparece, como ocurre en otras jurisdicciones.

Ortiz admitió que existe desunión de la clase artística, pero “es que hemos pasado por muchas situaciones”. Dijo también que, más allá del poder de una fuerza actoral, debe haber sintonía con otros sectores del país que valoren y respalden al actor. “No funcionó la pretensión de que se estableciera una tarifa fija porque no hay manera de que los productores garanticen ese sueldo, pues se depende de la taquilla. Tampoco los intentos de uniones como en otros países. Además, la ley que beneficia a las personas mayores ha hecho mella en las producciones y tampoco hay una política pública que apoye al actor. Eso lo vemos en el teatro escolar. ¿Qué te puede decir que haya habido cuatro secretarios de Educación?”, puntualizó el artista de una trayectoria de 30 años.

Ante tal situación, Ortiz no quiere verse en el espejo de colegas que llegan a sus últimos días de sus vidas sin poder pagar sus medicamentos, servicios básicos e, incluso, su vivienda. “No quiero verme en ese espejo, pero el dinero se va. No cobro los 15 y los 30”, dijo.

La sonada Casa del Artista, que soñó la fenecida cantante Ruth Fernández, hubiese sido una opción para cobijar a quienes con regularidad donan su talento y tiempo a cambio de nada. “Esa semilla, desafortunadamente, nunca creció. Al final, me alegró que algo de ese dinero se le diera al Teatro Coribantes, donde se han hecho grandes producciones y ha sido una escuela de enseñanza”, reaccionó.

¿Qué pasó con la Casa del Artista?

La Corporación Tele-Coquí Pro Casa del Artista, liderada por la fenecida cantante Ruth Fernández, había recaudado una gran cantidad de dinero que sería destinada a una égida y a proveerles ayuda económica a los artistas con necesidades particulares, según explicó el productor Rafael Rojas, cuya compañía Teatro Coribantes recibió $550 mil en el momento en que se disolvió la organización.

“En los 90, Ruth creó como unas excursiones para recoger dinero, pero lo que provocó que se tuviera mucho dinero fue el Tele-Coquí. Ella hizo dos Tele-Coquí Pro Casa del Artista, que era que la gente compraba un boleto, tipo raspa y gana, y los artistas cantaban los bolos. Como eso generó dinero, ella trató de hacer una égida. La realidad es que se acumuló dinero y los artistas esperaban más beneficios”, explicó.

Rojas señaló que la falta de transparencia con los expedientes de la corporación generó múltiples especulaciones sobre lo que realmente ocurrió con el dinero que beneficiaría a la clase artística. “Creo que no hubo la transparencia que debió haber habido. Si eres artista y piden dinero a nombre tuyo, tienes el derecho a tener información. Por alguna razón, se trabajó de manera cerrada. Ruth nunca tocó un vellón para uso propio. ¿Que manejó los fondos como si fuera una cosa personal, muy celosa? Es cierto. Pero al final se reivindicó con la devolución de fondos públicos y el pago de contribuciones”, agregó.

Como parte del proceso de disolución de la entidad, el director teatral aseguró que fue testigo del momento en que Fernández firmó cheques a los municipios de San Juan y Carolina y al Instituto de Cultura Puertorriqueña para devolver el dinero público que se otorgó a la empresa. Señaló además que se saldó una deuda con el Departamento de Hacienda.

De otra parte, Rojas aclaró que los $550 mil que se le otorgaron se utilizaron para la rehabilitación del edificio abandonado, en Hato Rey, donde actualmente se encuentra el Teatro Coribantes, y se distribuyó en un programa de ayuda al artista, oportunidades de trabajo y actividades de ocio. Aseguró que alrededor de $300 mil se gastaron en la restauración del espacio teatral, mientras que el dinero restante se les otorgó a artistas con necesidades.

Rojas enumeró a algunos artistas que recibieron ayuda: Amalia Cruz ($13,189), Cachete Maldonado ($15,570), Elsa Román ($2,881), Esther Mari ($1,532), José Nogueras ($10,978), Judith Pizarro ($22, 481), Maribel Quiñones ($9,904), Nelly Jo Carmona ($3,058) y Pucho Fernández ($13,858).

Dijo que algunos actores que se beneficiaron del programa de trabajo fueron Axel Anderson, Gilda Galán, Iris Martínez y Ramfis González. Mientras que otros gozaron del programa de entretenimiento que los reunía en el Centro de Bellas Artes de San Juan. Sin embargo, estos programas llegaron a su final por la insuficiencia de fondos, aseguró.

Después de esta iniciativa, no se ha logrado otra gestión para respaldar a los actores. “Es que no existe una política pública que trate a los artistas como sus tesoros nacionales. El Gobierno tiene que asignar a una institución que recoja las necesidades de los artistas. También, tiene que haber un compromiso colectivo. Se ha tratado de hacer uniones y siempre se impone el individualismo”, expresó.

el Colegio de Actores

El presidente del Colegio de Actores de Puerto Rico, Félix Díaz Vélez, señaló que la matrícula y las actividades de recaudación de fondos no son suficientes para el “fondo de emergencia” para ayudar al artista. “Se canceló un donativo legislativo y la matrícula no siempre se puede pagar porque muchos no están trabajando. El actor es un profesional que depende de los trabajos que surjan en las obras y no todos están en la televisión. Se lucha día a día”, comentó.

Díaz coincidió con Rojas y Ortiz en que se ha ponderado la posibilidad de unionarse, pero diversos factores lo impiden. “Por eso, se crea el Colegio, porque no todo el mundo está dispuesto a unionarse. La gente no quiere seguir reglas, no tienen un trabajo seguro y estable, no hay efervescencia para crear un grupo. Sin trabajo no pueden ni pagar la unión. Las circunstancias nos limitan”, puntualizó al añadir que, en múltiples ocasiones, se ha intentado estructurar un plan de respaldo a los artistas junto con el Gobierno, pero cuando la administración cambia, es como empezar desde cero.

La senadora y presidenta de la Comisión de Turismo y Cultura, Evelyn Vázquez, no estuvo disponible para entrevista sobre los recursos de este organismo destinados a los artistas.