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Una mujer que se dio a respetar en un campo de hombres

Por Sandra Torres Guzmán 07/11/2018 |11:45 p.m.
El Horizonte
Su amor por el boxeo era algo más que el haberse criado como espectadora. Sin saberlo, Emérida había entrado en una disciplina que ejerció su abuelo paterno. (Suministrada)  
Emérida Dávila Arroyo se abrió paso en un mundo dominado por hombres, desde que inició su trabajo como árbitro de la Federación Puertorriqueña de Boxeo Aficionado.

ELLA BAILA la danza del triángulo, mientras impone respeto sin importar a quien tenga al lado. Ha cogido golpes, insultos y hasta se le ha menospreciado solo por seguir una pasión.

Se trata de Emérida Dávila Arroyo, una ponceña nacida en el desaparecido sector Las Latas de la Playa, quien además de ser madre y abuela, se dedica al arbitraje de boxeo aficionado.

A sus 50 años de edad, esta mujer de cinco pies y dos pulgadas de estatura prefiere el cuadrilátero antes que cualquier otro escenario, aunque haya tenido que esforzarse para demostrarlo. 

Dávila se ha abierto paso en un mundo dominado por hombres, desde que inició su trabajo como árbitro de la Federación Puertorriqueña de Boxeo Aficionado en el 2005.

“Siempre me atraían los deportes de combate y aunque tenía muchas dudas, el deseo de hacer esto era más fuerte, hasta llegué a practicar el boxeo como ejercicio. Pero una de las cosas que me movió a hacer esto fue para honrar la memoria de mi papá que era bien fanático del boxeo”, estableció la hija de don Jesús Dávila, que falleció tres años antes de que ella iniciara su carrera en el deporte.

Pero su amor por el boxeo era algo más que el haberse criado como espectadora. Sin saberlo, Emérida había entrado en una disciplina que ejerció su abuelo paterno, Salomón Dávila.

“Mi papá nunca me dijo porque mi abuelo murió cuando él tenía cinco años. Me enteré cuando fui a visitar una tía que estaba encamada y cuando le dijeron a lo que me dedicaba, enseguida me contó la historia de mi abuelo que boxeaba en el río y repartía las ganancias con los vecinos de su comunidad”, expresó la fémina sobre el momento que “descubrí por qué estaba aquí”.

Mas su lucha comenzó desde que se enteró de una convocatoria para certificarse en el arbitraje.

“A principio tuve muchos problemas, hice mi certificación con 25 hombres y desde ese inicio me trataban diferente por ser mujer y empecé a sentir ese discrimen al tratar de practicar lo aprendido, porque no me llamaban para los eventos. Si yo aparecía, las caras eran como ‘¿y esta qué hace aquí?”, destacó Dávila Arroyo, quien en el 2012 fue nombrada presidenta en la región sur de la Comisión de Árbitros y Jueces de la FBA.

“Es un camino muy difícil, pero hoy día me estoy vanagloriando porque me di a respetar. Cuando vi que en mi región sur no me llamaban, hice el sacrificio e identifiqué a dónde se reunían los árbitros de Puerto Rico y hasta allá llegué, todos los meses iba a Cataño”, aseguró Emérida que también supervisa el Programa de Voluntariado del Sistema Episcopal San Lucas.

Fue entonces que comenzó el arbitraje en distintas carteleras a través de todo el país. Hasta que la enviaron a la República Dominicana. 

“Fue una experiencia fuerte, porque como que te dicen ‘te voy a tirar aquí y tú vas a demostrar quién eres’. Me habían dicho que iba de juez, pero me subieron como árbitro en una categoría que nunca había experimentado, que era la de ‘heavy weight’, y cuando me pusieron con esos hombres grandes, solo miré al cielo y me encomendé a Dios”, recordó Emérida al destacar el éxito obtenido en ese torneo realizado en La Romana.

Esta ponceña ha dejado su huella en cuadriláteros de Ecuador, Canadá y varias ciudades de Estados Unidos. Y al repasar su desempeño, ha podido corregir los errores cometidos para pasar al próximo nivel.

“Soy muy disciplinada y ya alguna gente me dice que estoy preparada para irme al boxeo profesional, y aunque he trabajado en carteleras profesionales en un ‘match’ que hacemos entre profesionales y aficionados, no me interesa estar en el nivel profesional. A mí me gusta el boxeo limpio, yo voy arriba y solo miro esquina roja y esquina azul, no miro nada más”, confesó la mujer que es abuela de tres niñas.

Entre las vivencias adquiridas, Emérida relató que en una ocasión recibió un gancho de derecha que la dejó aturdida por algunos segundos. Pero el golpe no la sacó de concentración. 

“Eso fue en Moca el año pasado, un golpe demasiado fuerte que instantáneamente se marcó el guante en mi cara, se me nubló la vista, sentí que mi masa cerebral se movió como gelatina, pero rápido me sentí bien y seguí. Al terminar el combate me llevé tremendo regaño, porque debí pedir tiempo, pero me chequearon y estaba todo bien”, detalló la mujer árbitro de mayor trayectoria en Puerto Rico.

La experiencia en el ring durante 13 años, le ha brindado a Emérida el posicionamiento para arbitrar combates estelares y semiestelares en todas las categorías.

“Mi meta es llegar a los mundiales y a las Olimpiadas, pero con Boxeo Olímpico. Eso se aguantó con el paso del huracán María porque en diciembre tenía un viaje a Cuba para tomar el curso de Árbitro, una estrella, con la Asociación Internacional de Boxeo, pero no se dio”, explicó la fémina que espera por una próxima oportunidad para lograrlo. 

Mientras tanto, Dávila Arroyo aseguró que “el ser mujer no nos limita a realizar cualquier meta que nos propongamos. Siempre de la mano de Dios”.

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