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Artista Wigberto Santiago Dávila transformó sus trazos oscuros en colores de esperanza

Por Sandra Torres Guzmán 08/15/2018 |11:45 p.m.
Fueron siete los años que el artista vivió el abismo de las drogas.
Este virtuoso, de 31 años, toca guitarra, cuatro, batería, piano y bajo, además de contar con su propia empresa de arte digital, y es pastor en la Iglesia Tabernáculo de Adoración y Alabanza en Ponce. (Suministrada)  

ÉL CAYÓ de rodillas e imploró al Dios que conoció en su niñez, que lo sacara del abismo donde se había perdido.

Estaba de casa en casa y otras veces durmió en la calle a consecuencia de su adicción a drogas.

Fue así que el artista villalbeño Wigberto Santiago Dávila transformó sus trazos oscuros en colores que llenan de vida y esperanza.

“Yo nací en el evangelio, mis papás son pastores, pero no tenía una relación con Dios, sino la costumbre de estar en la iglesia. Y creyendo que podía tener libertad, a los 18 años me involucré en el mundo de las drogas por casi siete años y estuve viviendo de casa en casa, hasta que llegó el momento que dormía en la calle”, reveló el artista gráfico, pintor, músico y pastor.

“Me decían el nómada cool, porque andaba por todos lados con una maleta, pero por vergüenza preferí dormir en la calle para que mi familia no me viera así”, confesó.

En medio de la situación, nació el ser que lo impulsó a salir del panorama sombrío que consumía sus mejores años y su juventud. 

“Cuando nace mi hija, Dios prendió la luz en mi corazón porque no solo se trataba de mí, y mi vida dio un giro de 180 grados. Y ahora estoy viviendo el mejor tiempo de mi vida, Dios me dio una esposa maravillosa y realmente soy feliz”, manifestó.

Este virtuoso, de 31 años, toca guitarra, cuatro, batería, piano y bajo, además de contar con su propia empresa de arte digital, y es pastor en la Iglesia Tabernáculo de Adoración y Alabanza en Ponce.

Las oportunidades para el talentoso artista no se hicieron esperar. Recientemente plasmó su obra en uno de los 28 murales del Corredor del Arte en el centro comercial Plaza del Caribe.

“Fue mi esposa que vio a la artista Ángeles Badea cuando pintaba su mural y le dijo que yo también pintaba. Luego enviamos los bocetos y fui escogido por el comité, y aunque mi estilo es versátil, me gusta enfocarme en la cultura puertorriqueña”, señaló Santiago.

El mural plasma un jíbaro alegre con colores rosa y verde, en una vestimenta moderna y saliendo del platanal. La obra está ubicada en el segundo nivel del centro comercial, en el pasillo que lleva hacia la tienda Macy's.

La obra de este artista se distingue por una paleta de colores brillantes, con temas que motivan el buen humor.

“Una de mis obras es la cara de un jíbaro riéndose que se llama ‘El chiste del compay’, porque se ve como si alguien le dijo algo y se está riendo a carcajadas. El mural de Plaza se llama ‘De la finca’, y mucha gente pregunta si el jíbaro que pinto es el mismo, pero mi inspiración es mi papá a quien le encanta la agricultura” , resaltó.

Aunque no quiere imponerse metas que lo separen del camino encontrado, Berto Santiago asegura que continuará evangelizando a través de sus talentos.



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