En la foto, Zulayma Acevedo, junto con su bebé de dos meses de nacida, fueron rescatadas y llevadas al refugio de la escuela Josefina Boya, en el barrio Sabanetas, de Ponce. (Para Primera Hora / Edgar Vázquez Colón)
jueves, 25 de agosto de 2011
Darisabel Texidor Guadalupe / Para Primera Hora
Ponce. Zulayma Acevedo y su esposo, Andy Torruella, vivieron uno de los momentos más angustiantes de su vida cuando, a bordo de un camión, se vieron obligados a abandonar su hogar en el sector Buyones, justo en momentos en que los sorprendió la furiosa creciente del río Inabón.
La pareja no sólo temía por sus vidas y las de sus vecinos, sino por la de su pequeña hija de dos meses, Evolet Dyan.
Los esposos y su bebé fueron rescatados y llevados al refugio de la escuela Josefina Boya, del barrio Sabanetas.
“Eso fue terrible; en cuestión de minutos el río subió su nivel”, dijo la joven madre a Primera Hora.
Ésta recordó que fueron los primeros en abordar el camión que utiliza el Municipio para cargar escombros y, desde allí, en la parte de atrás, observaban incrédulos la inclemencia del río que invadió su comunidad y que impidió que pudieran salir a tiempo del lugar.
Narró que, en momentos en que estaban en medio de la carretera, el camión se detuvo y se apagó. Después de unos angustiosos minutos, un digger los sacó poco a poco y luego fueron transportados en el helicóptero de FURA hasta las instalaciones del aeropuerto Mercedita.
“Tenía mucho miedo de que la nena se me cayera al agua”, comentó Acevedo.
Asimismo, sostuvo entre lágrimas que sintió mucho miedo al pensar que su pequeño retoño podría morir.
“Pensé que ella no podía hacer nada para salvarse”, indicó la madre, quien añadió que la bebita pasó de mano en mano para mantenerla a salvo.
De igual forma, expresó su agradecimiento al Municipio por las atenciones brindadas en el refugio. Manifestó que recibieron comida, pañales y leche para su hijita.
“La próxima vez que anuncien mal tiempo, me voy antes de que empiece la lluvia”, expresó.
Argumentó, con tristeza, que la experiencia vivida quedará grabada en su mente para toda la vida.
“La naturaleza es impredecible y no se puede ignorar”, dijo Acevedo mientras acurrucaba a su pequeña.
Su esposo dio gracias a Dios que, a pesar de todo, pudieron salir con vida. “Perdimos lo material, pero estamos vivos”, comentó el hombre.





