La nueva opción de tragos les permite a los consumidores desarrollar un poco más de tolerancia al alcohol por la cantidad de cafeína y azúcares que tiene. (Para Primera Hora / Archivo / Carlos Giusti)
lunes, 17 de septiembre de 2007
Bárbara J. Figueroa Rosa / Primera Hora
Unos lo quieren con vodka, otros con whisky y hay quienes optan por el tequila.
Acercarse a una barra y pedir los nuevos tragos con bebidas energizantes es más común de lo que muchos piensan.
Según Jorge A. López Albarrán, presidente de la Asociación de Bartenders de Puerto Rico, esta modalidad nació hace unos 5 años en los bares y restaurantes de Las Vegas, Nevada, un lugar reconocido por muchos como la meca de las juergas nocturnas.
En Puerto Rico, sin embargo, se ingiere desde hace dos años, aunque actualmente goza de más popularidad. Incluso, PRIMERA HORA supo que algunas marcas reconocidas de bebidas energéticas se dedican a hacer los llamados happy hour en diferentes centros nocturnos en los que se promueven los cocteles que, según especialistas en salubridad, podrían ser una combinación tóxica y mortal.
“Lo importante de todo esto es que la persona que prepare el trago esté licenciado y sepa las medidas exactas de alcohol que debe llevar”, sostuvo el bartender al sugerir, como ejemplo, que un “trago normal” (vaso de 7 onzas) no debería exceder una onza de licor.
De otra parte, dijo que ya comienzan a surgir nombres de tragos como, como por ejemplo, el “Jagger Bomb”, un shot o cordial hecho con el famoso licor Jagermeister (a base de hierbas y especias), con un toque especial de bebida energizante.
Y es que, según López Albarrán, esta nueva opción de tragos les permite a los consumidores desarrollar un poco más de tolerancia al alcohol por la cantidad de cafeína y azúcares que tiene.
Precisamente, esa consecuencia es la que les preocupa a los médicos, pues el alcohol es un depresor del sistema nervioso y su efecto de sedante y somnolencia es contrarrestado por la acción de la cafeína y otros estimulantes contenidos en las bebidas energéticas. Esta “bomba química” podría causar efectos instantáneos como hipertensión, nerviosismo, convulsiones y deshidratación, entre otros. A largo plazo el panorama podría ser más crítico e incluir fallos renales, problemas cardiovasculares y del hígado, daño cerebral y hasta la muerte.





