sábado, 28 de enero de 2012
Arys L. Rodríguez Andino / Primera Hora
A los cinco días de que la enrojecida celebración del amor haya llenado de chocolates los estómagos puertorriqueños, se podrá llevar, a la iglesia más cercana, el arma ilegal que cada cual tenga en su casa. La idea es, ya lo ha dicho el Gobernador, sacar de circulación aunque sea una pistolita de todo el armamento que prolifera en el país.
La idea no es nueva. Ya se ha hecho, y con poco éxito, además.
Durante 60 días, pastores y líderes religiosos en general se convertirán en receptores de armas con pasado desconocido, o conocido, si se toma en cuenta que en otros momentos las pocas armas entregadas durante una amnistía no fueron, precisamente, las utilizadas por gatilleros. Eran, más bien, modelitos arcaicos sacados de las películas del oeste.
De buenas intenciones está lleno el infierno, dice un refrán que se utiliza poco, pero que viene al caso.
La logística, al menos esta semana, todavía no estaba clara. Lo que sí se sabe es que colaborará el Departamento de Recreación y Deportes. ¿En qué? Pues, a saber. Será en la parte de la entrega de armas que incluya las utilizadas para practicar el tiro al blanco o las que se usan para iniciar una competencia de atletismo.
Los religiosos, aunque dispuestos a participar, han mostrado su preocupación. Y con razón. Una cosa es que la iglesia se les llene de conversos y otra es que se convierta en un tentador depósito de armas. Si hasta del polígono de tiro de la Policía se han robado armas, cualquiera se sentiría inseguro.
El superintendente de la Policía, Emilio Díaz Colón, les dijo a los religiosos que no se preocuparan, que el mismo día que las entregaran las irían a recoger. En ese momento, los pastores deben haber empezado a orar con más fervor.
Con las desapariciones sospechosas de cañones de guerra, la amnistía podría ser una oportunidad para que los pillos con ojo histórico devuelvan sus souvenirs o para que quienes dicen que disparan con salva entreguen las municiones de verdad.
Si la amnistía de las armas no funciona, el Gobierno podría inventarse una en la que sí tendrían participantes. Algo así como un periodo de gracia en que los deudores del CRIM puedan admitir su olvido en pagar y, por confesarlo, la deuda les sea condonada.
De entrada, contaría con el apoyo de la Legislatura y hasta de alcaldes. A fin de cuentas, ellas y ellos tienen los mismos inconvenientes que cualquier hijo de vecino. Si no lo cree, pregúntele al representante Waldemar Quiles. El pobre no está al día en el CRIM porque en la agencia no le han contestado el teléfono, por tres años.
Si se aprueba una amnistía así, se debe pedir la colaboración de alguna agencia como Deportes, cosa de que nadie entienda cuál es la relación entre las hemorroides y la primavera.






