Familiares y amigos que llegaban a la funeraria se confundían en llantos y abrazos, aún intentando asimilar la tragedia. (Para Primera Hora / Edgar Vázquez Colón)
jueves, 23 de febrero de 2012
Darisabel Texidor Guadalupe / Para Primera Hora
Ponce. El domingo, Roberto Mayol Rodríguez mató a su propio hijo Michael de un disparo. Ayer, víctima y victimario fueron velados en la misma capilla de la funeraria Señorial Memorial, de Ponce.
Familiares de Mayol Rodríguez, quien luego de arrebatarle la vida a su hijo de ocho años se suicidó, así como la madre del pequeño, Liza Nazario, llegaron ayer hasta la funeraria. Allí, estuvieron juntos por varias horas antes de que los cuerpos fueran cremados.
A las afueras, familiares y amigos que llegaban se confundían en llantos y abrazos, aún intentando asimilar la tragedia.
Nazario, viuda del asesino de su hijo, lucía tranquila mientras recibía a las personas que acudieron a ofrecerle sus condolencias. La mujer, quien es cadete de la Policía estatal, prefirió guardar silencio.
La familia nombró como portavoz a Carlos Ramos Rivera, quien agradeció las muestras de apoyo que recibían.
“Estamos atravesando un momento muy difícil y les pedimos espacio”, dijo el cuñado de Mayol Rodríguez, quien destacó que todos en su familia están “devastados”.
Asimismo, sostuvo que la decisión de velar a ambos juntos en una misma capilla fue tomada por la madre y su hijo mayor.
“Esto es un ejemplo de perdón y eso es lo que necesitamos como pueblo”, dijo Ramos Rivera.
“Es un momento de sanidad, unidad y de perdón entre las familias”, agregó tras pedir una oración por su familia para poder entender y sobrellevar el dolor que atraviesan.
Mirna Sánchez, maestra del tercer grado al que asistía el niño en la escuela Carmen Medina Anaya del barrio Quebrada del Agua, lamentó mucho la inesperada pérdida de uno de sus alumnos.
“Él siempre estaba ayudando a los demás, nunca lo voy a olvidar”, destacó Sánchez.
Aunque es difícil, la maestra ha entendido que tiene que afrontar con valentía la tragedia por su bien y por el bien de sus estudiantes.
Recordó que Michael era bien juguetón, que le gustaba compartir sus cosas con sus amigos y que era muy respetuoso.
“Vivirá siempre en mi corazón”, dijo con tristeza la educadora.
Otro que llegó hasta la funeraria a despedirse de su amiguito fue el niño Jean Félix Matías Quiñones, compañero de clases y de juego de Michael. Éste quiso obsequiarle la gorra de béisbol de su equipo los Astros.
“Quería que la guarde de recuerdo”, dijo el niño de nueve años.
El pequeño recordó que disfrutaba jugando en la escuela con su amiguito y que solían correr bicicleta y hacer las asignaciones juntos.
Para el policía municipal Ramón Troche, quien era el dirigente del equipo de pelota, la muerte del niño lo dejó muy acongojado.
Expresó que Michael siempre iba a las actividades en la comunidad y era bien alegre.
“Nos sorprendió mucho a todos porque ellos eran una familia hermosa”, indicó el policía con voz entrecortada.
Ayer, en los pasillos de la escuela Carmen Medina Anaya sólo había silencio.
Varios maestros impartían sus clases, mientras el grupo de Michael no asistió porque querían ir a despedirse del niño “del hermoso lunar”, como le decían.
La directora Madeline Núñez lo describió como un niño muy especial y querido por todos.
“Todos los niños decían que él era su mejor amigo y así queremos recordarlo”, dijo la directora.
Ésta explicó que el Departamento de Educación proveerá ayuda psicológica a maestros y estudiantes.
En el comedor, las empleadas reunidas recordaban las anécdotas del chiquitín.
“Siempre llegaba último por estar jugando y teníamos que ir a buscarlo para que comiera”, explicó la encargada Evelyn Acosta.





