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Vendedores pierden su sonrisa

El pulguero de Arecibo, en pleno estacionamiento del coliseo “Petaca” Iguina, es reconocido en todo el literal norte por su amplia oferta decedés y de vedés piratas. (Primera Hora )

lunes, 7 de julio de 2008
Primera Hora

Comprar una película pirata en Puerto Rico es casi tan fácil como acercarse a un servicarro.

La diferencia es que tienes que bajar del automóvil, pero las encuentras en cualquier vía. Un jueves, por ejemplo, cerca de las 7:00 de la noche, mientras transitas por la agitada avenida cerca del viejo Rexville Plaza en Bayamón, te encuentras en el islote central con una minivan, cuya parte posterior tiene más ofertas de películas que las que encuentras en las carteleras de las salas de cine.

Seguido, estacionas tu auto en el mismo islote, te bajas y te diriges a los piratas con plena familiaridad: “¿Qué tienes nuevo?”. “Pues tengo ésta, la otra, también ésta, que no ha llegado aquí”. Piensas mientras el pirata les despacha dos películas a otros dos consumidores. “Son $10”, les cobra. Una vez te decides, pides tu mercancía, pagas y listo.

Es impresionante la tranquilidad de estos vendedores cuando te muestran los sobres de colores con la parte del frente transparente para identificar la carátula de la cinta.

En esa guagua había de todo. Por lo menos 100 títulos. Películas sin estrenar en Puerto Rico, como “JCVD”, cintas infantiles (“Wall-E” y “Kung Fu Panda”), películas aún en cartelera (“Sex and the City”, “The Incredible Hulk” y “Get Smart”) y, claro, filmes de todos los tiempos.

Pero esta visita no era suficiente. Había que vivir la experiencia del pulguero en Arecibo. Desde afuera no se logra ver nada por las carpas que tapan la mercancía. Pero, una vez entras, te das cuenta de que lo que andas buscando está allí.

Cada uno de los vendedores tiene su mercado, pues encuentras una mesa de películas infantiles, otra de comedias y más adelante otra de cintas de acción. Si te llevas sólo una cinta pirata, te sale en $5, pero si deseas el combo de tres, te las llevas por $10. Tremendo negocio.

Cuando te acercas a las mesas de discos, es curioso que no existe ningún discrimen de género. Consigues merengue, salsa, bachata, balada, reguetón y pop. Incluso, cantantes con poca o ninguna popularidad tienen su versión pirata. Entre todos, escoges tres por $5.

Es interesante que mientras caminas cual consumidor no sientes nada extraño en el ambiente. Pero una vez algún astuto se percata de que tu presencia tiene fines periodísticos sientes miradas e, incluso, individuos que crean un cerco a tu alrededor. Lo mejor, entonces, es marcharte.

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