Mi caja de herramientas
lunes, 30 de enero de 2012
“¿Qué llega primero, el pensamiento o la emoción?”, me preguntó alguien que participaba en uno de mis talleres de motivación. Yo le contesté que mi experiencia me ha enseñado que la mente lo genera todo. De ahí que tenga esta cantaleta con la importancia de observar lo que pensamos y de buscar formas de transformar esos pensamientos negativos o tóxicos que todos y todas tenemos en herramientas de crecimiento.
Una de las técnicas que yo utilizo mucho, tanto conmigo misma como con mis clientes de coaching de vida, es la visualización creativa. Cuando tenemos a nuestro alrededor personas que nos roban la paz, podemos escoger verlas de otra forma y al transformar nuestra visión, reducir considerablemente el efecto negativo que tienen en nuestras vidas. Conocí a una mujer, por ejemplo, a quien el coraje se le salía por los poros de sólo pensar en una supervisora que tuvo hace unos años y quien le hizo la vida imposible. Aunque ya no trabaja bajo su supervisión y, de hecho, ni siquiera había tenido contacto con ella en años, el mero recuerdo hacía que la invadiera ese sentido de impotencia que marcó su vida en aquella época. Ella no quería sentirse así, pero había llegado a pensar que era algo sobre lo cual no tenía control.
Le pedí que pensara en algún personaje real o ficticio que de alguna forma recogiera la esencia de lo que proyectaba aquella persona. Ella cerró los ojos por unos segundos. “Me viene a la mente ‘Doña Florinda’, la del Chavo del Ocho”, me dijo. Le pedí que cada vez que viniera esa persona a su mente, sustituyera su imagen por la de “Doña Florinda” haciendo ridiculeces. De esa manera, y a través del humor, estaría restándole peso a esa persona en su vida.
Un mes más tarde volví a ver a mi clienta y me contó que se había encontrado con su ex supervisora en un centro comercial. “No fui a saludarla, pero tampoco sentí coraje”, me dijo. “Tan pronto la vi, pensé en ‘Doña Florinda’ y hasta risa me dio”. Ese día, esa muchacha aprendió a crear nuevas emociones corrigiendo viejos pensamientos.
Tú preguntas
El otro día mi hija me dijo que estaba cansada de que yo la regañara todo el tiempo y nunca le dijera las cosas buenas que hace. Me dio mucho coraje escucharla, pero después pensé y reconocí que tiene razón. Y también reconocí que mis padres eran así y estoy repitiendo ese patrón. ¿ Cómo puedo cambiarlo?
Yo te respondo
Ya, al reconocer donde fallas, comenzaste a hacerlo. Valídale a tu hija lo que haga bien, aunque sea su responsabilidad hacerlo. Hazle saber que eres consciente de su esfuerzo y de la ayuda que te da, por pequeña que te parezca. No tienes idea lo que frases tan simples como “gracias”, o “qué lindo te queda ese color”, o “felicidades, mi amor”, pueden lograr en un ser humano.
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