miércoles, 29 de julio de 2009
Leysa Caro González / Primera Hora
Asegura que su primer encuentro con un espíritu fue cuando tenía siete años. Pero, a pesar del tiempo transcurrido, lo recuerda como si hubiese ocurrido ayer.
Para Arturo Otero, el espiritismo no era territorio desconocido. Sus abuelos y otros familiares “tenían el don de comunicarse con espíritus”, así que cuando le tocó su turno no se atemorizó, cuestionó.
Fue en el 1953 mientras se encontraba en la sala de su hogar viendo la televisión con los muchachitos del barrio, recordó. Era una de las únicas dos casas que tenían televisión, así que eran muchos los niños que se reunían para ver en su hogar, en Ciales, al payaso Pinito y los muñequitos.
De momento, relató, vio que llegó a la sala un hombre alto, con sombrero, que se sentó entre todos los niños presentes. “Le digo, usted qué quiere, se me queda mirando, me sonrió y desapareció”, indicó.
Aunque no sintió miedo, sí sintió curiosidad por saber quién era y acudió a su madre. “Mi mamá me pregunta, pero, ¿cómo es? y cuando le dije, se quedó de una pieza y me dijo: 'Ése es tu tío paterno'”, narró sobre “el encuentro” con su pariente, quien había muerto sin conocerlo.
“No sentí nada, pero me estuvo raro, porque se sentó entremedio de los nenes y ellos no vieron nada. Eso fue lo que me estuvo extraño”, aseguró.
Desde entonces, son incontables los supuestos encuentros que ha tenido con espíritus, unos buenos y otros no tan buenos, como fue el que tuvo hace 35 años cuando una entidad familiar lo visitó y trató de inducirlo al suicidio.
Por años luchó con ella a través de la oración, hasta que un día entendió su error y se alejó. “Le dije: 'Tienes que darte cuenta que no soy la persona que tú conociste y poco a poco lo traje a una conciencia clara”, señaló el hombre de 58 años.
Hace varias semanas, millones de personas fueron testigos de la aparición de una sombra en un vídeo captado por una cadena de televisión mientras realizaba un recorrido por la que fuera la residencia del fenecido “Rey del Pop” Michael Jackson.
Unos señalaron que se trataba del cantante, otros afirmaron que se trata del reflejo de una persona que en esos momentos caminaba por el exterior de la residencia. Juzgue usted.
La historia de Lilliam Rivera (nombre ficticio) es de ésas con las que se pueden crear historias de terror.
Sucedió hace tres años. Fue un suceso que no se esperaba y que jamás pensó vivir. Pero le tocó y hoy está agradecida.
La protagonista fue su amiga de infancia, Melissa, a quien veía cada vez que ésta viajaba a la Isla a visitar su familia.
Melissa siempre llegaba sin avisar, recordó, así que cuando un día su hija mayor le dijo que su amiga Melissa había ido a buscarla, no se sorprendió y decidió ir a su encuentro.
Estaba lista para darle un gran abrazo a su amiga. Hasta una caja de dulces de panadería le llevó. Las mallorcas eran sus preferidas, pero, para su sorpresa, Melissa no estaba.
“Me recibió su mamá y me dijo: 'Ella murió hace un mes'”, dijo la mujer, quien hasta ese día no creía en la vida después de la muerte.
Para Lilliam, ése fue el método que utilizó su amiga para cumplir con la visita y demostrarle lo significativas que eran en su vida. “Por atemorizante y estremecedor que fue para mí lo ocurrido, a la vez fue como un bálsamo, me dio paz, porque en ese momento supe que ella sabía lo importante que era en mi vida”, expresó.
No ha tenido más encuentros. Una vez fue suficiente. “No es que tenga temor. Es que fue algo tan bonito y de tanto significado, que para mí es único”, añadió.
La historia de José Meléndez es más común entre quienes creen en espíritus: lo visitó el hombre que le dio la vida. Su “encuentro” con su padre fue una semana después que ésta falleciera de forma inesperada de un ataque al corazón.
José no tuvo tiempo de despedirse, lo que lo tenía atribulado. Una noche, mientras dormía, relató, sintió una brisa suave pero fría que se coló por las rejillas de la ventana. No le dio importancia, pues no vio nada sobrenatural en ello hasta que sintió que alguien se recostó a su lado.
No vio un cuerpo ni mucho menos hubo intercambio de palabras, pero “supo” que era él. “Para mí fue un alivio, porque sentí que él sabía que yo lo extrañaba y que lamentaba no haber estado a su lado”, dijo.
“Yo no estaba tranquilo, porque no le había dicho adiós y para mí, él era todo lo que tenía en la vida. Fue como si me dijera ‘estuve y siempre estaré a tu lado’”, recordó emocionado el residente de Trujillo Alto.





