A los niños les hace bien aburrirse

01/06/2013 | 07:00 p.m.
“El estar solos sin mayores estímulos nos llevan a un espacio de intimidad, no de soledad, que es necesario para conectarse con uno mismo, con lo que se siente, que se piensa y eso es bueno hacerlo y practicarlo desde que somos pequeños”, afirma la psicóloga Fernanda Orrego, de Vidaintegra. (Archivo)  
Los tiempos de ocio son oportunidades para que ellos desarrollen su creatividad y sobre todo, se conozcan.

La imagen de un bebé mirando sus manos, saboreándose, observando lo que hay a su alrededor, escuchando, musitando en su propio lenguaje sus diálogos internos… es la foto perfecta, que representa el primer instante en que un ser humano, en silencio y sin compañía, se encuentra consigo mismo. 

“El estar solos sin mayores estímulos nos llevan a un espacio de intimidad, no de soledad, que es necesario para conectarse con uno mismo, con lo que se siente, que se piensa y eso es bueno hacerlo y practicarlo desde que somos pequeños”, afirma la psicóloga Fernanda Orrego, de Vidaintegra. 

Eso son tiempos de ocio, define, que a pesar de que uno no hace nada “productivo” pueden ser súper entretenidos y una gran experiencia. 

“A veces los niños se pueden aburrir, pero no les sucede nada terrible, más bien los empuja a que busquen qué hacer”, dice. 

El problema estaría en que hoy los pequeños están sobre estimulados y llenos de actividades programadas. 

En ese sentido, señala que la excesiva planificación de los quehacer y los momentos del día estarían dejando a que los niños no sepan disfrutar ni organizar esos momentos de ocio. Pues piensan, porque en lo concreto lo viven así, que no hacer nada obligatorio se reduce a ver televisión y jugar videos. Hasta, incluso, esboza la especialista, puede ser que ni siquiera sepan que pueden contar con espacios de intimidad para hacer más cosas que las pensadas y por ende, no saben disfrutar con ellos mismos. 

“Cuando los papás actúan de esa forma los chicos tienen los desafíos resueltos y la entretención en bandeja, pero eso a la larga es un flaco favor. Lamentablemente los adultos piensan que al hacerlo así están haciendo bien su pega”, comenta la psicóloga.

¿Y si no saben?

Otra situación: “¡Mamá, estoy aburrida!” y la mamá corre a entretener dejando de hacer sus propias cosas, por atender a su niño que no sabe estar solos y sin “entretención”. 

“Esta reacción de algunos padres es súper común pero no significa que sea la mejor. Lo que pasa es que quieren lo mejor para sus hijos y en ese querer que tengan y accedan a lo que ellos tal vez no tuvieron, tienden a llenarlos de actividades y de atenciones demasiado antojadizas”, subraya. 

Lo perjudicial sería que no van aprendiendo a manejar su frustración ni tampoco a explotar ni explorar su creatividad. De ahí que la psicóloga Fernanda Orrego, propone que el aburrimiento sea una transición para pasar a un momento de ocio agradable. 

Por tanto, lo complicado no sólo estaría cuando no saben qué hacer y demanden la atención de todos quienes lo rodean, sino que en esa pataleta no están gozando de lo que disponen ni se esfuerzan por cambiar la situación “aburrida”. 

A opinión de la experta, este comportamiento enciende la alerta de que no sienten que son suficiente compañía para ellos mismos y que por deducción, su autoestima es baja. 

“Si una persona se siente cómoda consigo misma, se valora y ocupa esos espacios para pensar, sentir y reflexionar no tendrá problema en no hacer nada sino que aprovechará el tiempo en atender a otras necesidades que escapan a los deberes”, acota. 

En esa misma línea, la psicopedagoga Vivi Villarroel (www.centroatenea.cl ) señala que los niños tienen que vivir tiempos de ocio, pero opina que deben ser controlados y realizados bajo una guía parental.

“Creo que es importante que los motives a hacer actividades entretenidas y cosas que les gusten, porque si le enseñas que pueden hacer más cosas que las que creen, lo harán”, aporta. 

Sin embargo, lo que preocupa a esta especialista es que la causa de que no hayan espacios para el ocio sea porque muchos no saben qué les gusta o lo que es peor, nos le gusta nada. 

En esos casos, dice, la guía es fundamental. Y no se trata de estar encima sino que de encaminarlos donde toda la labor debe recae en ellos. “Hay que observarlos y tirarles una ayudita, algo así como una chispita que los despierte”. 

El ocio bienvenido

Sin duda, la barrera que separa el ocio con el aburrimiento es delgada. Pero está comprobado que las grandes creaciones, los pensamientos y las decisiones aparecen cuando se da el espacio para no hacer nada obligatorio. Aunque para llegar ese estado, habrá que cruzar el umbral del aburrimiento, ya que como dice la psicóloga Fernanda Orrego, es un paso que lleva a crear alucinantes espacios para al autoconocimiento y la recreación.

El tránsito puede resultar difícil pero como todo lo en la vida no más. Pero hay una ventaja. Cada uno tiene el derecho a decidir qué hacer, pero sea como sea, al ocio le gustan las actividades motivadores, productivas y reflexivas. 

Entonces, será más sano tener tiempos de ocio que de aburrimiento. Porque éste implica el uso de los sentidos, la imaginación, pasar un momento agradable o desagradable porque también conlleva el auto bancarse los estados de ánimo.

Y para hacerlo, de forma cómoda y creativa, en cualquiera etapa de la vida será fundamental comenzar a practicar desde bebés, para que el darse el espacio para ociar sea algo expedito, equilibrado y en proporción a la edad.