Familiares de fallecidos abren su corazón para hablar del doloroso proceso que han pasado antes de lograr sonreír al pronunciar el nombre de quien se fue
sábado, 22 de enero de 2011
Libni Sanjurjo Meléndez / Primera Hora
Amigos Compasivos es un oasis que ayuda a muchos a superar la muerte de un hijo o hija
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Sus hijos e hijas ya no están, pero han logrado seguir viviendo.
Su ausencia es como cuando un objeto preciado se extravía y se busca desesperadamente, con la diferencia de que esa materia podrá ser encontrada en otro lugar; ese ser amado será irremplazable.
“Imagínate la sensación que uno siente cuando no lo encuentra...”, expresa Marysol Mendoza en compañía de su esposo, Víctor Cabán, progenitores de Ana María, la pequeña bailarina de ballet que se les fue en el 2006, cuando sólo tenía cinco años de edad.
Ambos compartieron su historia cuando se retiraron brevemente de una charla sobre las etapas del duelo promovida por el grupo de apoyo Amigos Compasivos, que brinda ayuda a personas que han perdido hijos, hijas, y hermanas o hermanos.
Ése ha sido uno de los oasis que han encontrado desde que sus pies descalzos comenzaron a transitar por el desierto que les dejó la partida de Ana María.
Ese ser humano parece haberse llevado consigo todo. “Es como si estuviera aquí ahora mismo y de momento se apaga la luz y no ves nada... Así fue que cambió mi vida”, comparte Edlin Rodríguez, hermana de José Manuel Rodríguez Figueroa, esa parte de ella que se fue hace cuatro años.
En Puerto Rico, la aceptación o sanación, se estima, llega luego de uno o dos años de la pérdida, a excepción de los casos crónicos, por ejemplo, aquellos con una depresión de diez años, lo que puede conducir a una enfermedad mental, explica el psiquiatra José Franceschini, director del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Central del Caribe.
Es por ese camino hacia la sanación que ha andado, o aún anda, el matrimonio Cabán Mendoza, Edlin Rodríguez y su mamá, así como Evelyn Rosa y Nivia Vázquez, ésta última fundadora y directora de Amigos Compasivos, quienes compartieron sus historias con este diario.
Es un recorrido largo -indica Franceschini- que incluye cinco etapas: la negación, el coraje con diferentes sujetos, la negociación, la depresión y la aceptación.
“Esto es un sube y baja hasta que finalmente predomina la aceptación (...). Pero no es fácil. Es un proceso difícil que tiene que ser el objetivo de cada uno”, destaca el psiquiatra.
Es entonces cuando toca a la puerta el equipo de apoyo, sin cobrar un solo centavo.
Regularmente, un grupo de personas abren el periódico y pasan las páginas hasta llegar a los obituarios. Una vez allí, anotan los nombres de los fallecidos y, con la ayuda de contactos, les envían a sus familiares una carta especial para hacerles saber su misión: “Querido mamá y papá...”, dice la carta.
El año pasado tuvieron mucho trabajo: 983 personas fueron asesinadas, 89 más que 2009.
“El año pasado, 900 y pico de personas (asesinadas), eso quiere decir que por lo menos 1,800 personas perdieron hijos”, destacó Franceschini.
Dieciocho años antes, el hijo de Evelyn murió a consecuencia de un accidente de tránsito. Su vida cambió; sin embargo, Nivia encontró un nuevo propósito.
Dolor transformado en apoyo
“Si no llega a ser por la muerte de Yoíto (José Francisco Barreto, 21 años) esto yo no lo hubiera hecho. Al él morir, me di cuenta de que había algo en mí, que podía ayudar a otras personas; y como yo también toqué fondo, y sé que todos esos papás tocarán fondo (...), pues quería estar allí para poder ayudar”, recuerda Nivia.
Fue por eso que nació Amigos Compasivos. Nivia se enteró de la organización Compassionate Friends, Inc., y, junto con otro grupo de personas, creó el capítulo de la Isla en el 2000. “Vi herramientas que me ayudaban y quise traerlas a Puerto Rico para ayudar a otras familias”, añade durante el encuentro dominical con este diario, cuando unas 30 familias acudían al Centro de Crecimiento Gaviota, en Hato Rey, donde se reúnen los segundos domingos de cada mes.
Ese día, la mitad de los asistentes habían perdido a sus hijos a consecuencia de la violencia que aqueja al país.
En el grupo, los líderes y recursos ofrecen herramientas para continuar viviendo. “Poco a poco van hablando y una vez empiezan, comienzan a soltar un poquito ese dolor (...) a diluirlo”, afirma.
Cómo lograr sonreír otra vez
Ya pueden hablar de la pequeña Ana María. Ya pueden sonreír al mencionar su nombre.
Hace cuatro años y medio, sin embargo, las vidas de Marysol Mendoza y Víctor Cabán se hicieron añicos.
Su hija única -“el sol de nuestro corazón”, “la luz nuestra”, “la nena de mamá y papá”-, se les adelantó cuando sólo tenía cinco años y medio de edad a consecuencia de una arritmia causada por un virus alojado en su corazón.
“Fue como morir, morirte, pero viva”, recuerda Marysol. “Nuestra vida se devastó”, agrega su esposo.
Era una niña vivaracha, bien lady, con algo de cada uno de sus progenitores. “Tenía los embelecos de mamá y lo sociable de papá”, comenta Víctor.
Ambos comentaban sobre ella con mucho amor, sin que la voz les temblara, aunque unos ríos de lágrimas recorrieron por momentos el rostro de Víctor, las mismas que, dice, han limpiado su corazón.
La primera vez que asistieron a las reuniones del grupo de apoyo Amigos Compasivos no podían pronunciar palabra. “El sólo decir: ‘Soy Marysol, la mamá de Ana María Cabán’... Eso era lo más difícil. Yo no podía decir eso”, expresa la mujer de 45 años de edad.
En medio del dolor, la relación de ambos se enriqueció, aprendieron a comunicarse y a entender que cada uno expresaba su sufrimiento de manera diferente, pero la pérdida pudo haber empujado al divorcio -discutían mucho al principio- si no fuera porque buscaron ayuda, algo que no es extraño cuando ocurre este tipo de pérdida.
Según el psiquiatra José Franceschini, sobre el 50% de las parejas se divorcian a consecuencia de la pérdida de un hijo o hija.
"Sentía que por ser varón tenía que estar apoyándola a ella y no podía expresar mi dolor. Si lloraba, lo hacía solo (...). Perdía la oportunidad de ayudarme, de estar con ella, porque no la estaba entendiendo”, manifiesta Víctor.
No fue hasta que Víctor contó cómo se sentía y los miedos que experimentaba que Marysol comprendió el dolor de su compañero. “¡Wow! Yo no sabía”, decía entonces Marysol.
Las herramientas
Además del grupo de apoyo, la pareja logró aceptar la partida con ayuda profesional, espiritual y libros.
Ahora “se puede superar cualquier golpe que llegue. Ya no es tan duro”, asegura Víctor.
Pero hay más. Luego de un tiempo, el matrimonio sintió más sanación cuando decidió -tras sentirse listo- perpetuar lo que aprendieron con Ana María: la maternidad y la paternidad.
Adoptaron a Víctor, de tres años, aunque el lugar de Ana María, aseguraron, no lo va a ocupar nadie.
“Cuando ella se adelanta (fallece) se van muchas ilusiones. Con Víctor retomamos muchas cosas que ya no teníamos. Le doy gracias a Dios porque tengo dos hijos: uno que está en el cielo y uno que tengo aquí en la tierra”, manifiesta Víctor.
Por su lado, Marysol entiende que Víctor les ha ayudado a entender que “Ana María quiere que seamos felices (...). Entender que Ana María fue feliz con nosotros y vamos a ser felices recordándola (...). Cuando estamos alegres sentimos su presencia”.
Han encontrado algo positivo a lo ocurrido...
Hemos cambiado -expresa Marysol. Tratamos de ser mejores seres humanos, más espirituales. No sabemos la vida que Víctor tendría ahora si no hubiéramos llegado a su vida. Pero todos los días tratamos de que sea un niño feliz.
Con el tiempo, el dolor es menos intenso, dicen. En ocasiones, sin embargo, la nostalgia roza sus vidas cuando ven a alguna compañera de Ana María. Pero, ya pueden sonreír.
“Cada minuto que disfrutamos con Ana María fue una bendición que nos da fuerza para seguir adelante”, asevera el papá.
Mañana busca la historia de Edlin Rodríguez, quien perdió a su hermano, pero logró seguir viviendo.
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Felicito calurosamente a Primera Hora y a Libni Sanjurjo por este reportaje tan importante para nuestra comunidad. Nadie está exento de la muerte de un amado hijo o hija, y encontrar un lugar donde se puede recibir el apoyo y la comprensión necesaria para procesar ese dolor que conlleva esta terrible tragedia ayuda a esos familiares a continuar viviendo (no existiendo). En Amigos Compasivos estamos para extenderle no solamente la mano, sino nuestros corazones. Aquí los ayudamos y lo hacemos a la memoria de nuestros hijos/as que ya partieron. Mi amado José Francisco Yoito Barreto falleció en un accidente automovilístico y él me ha llevado de la mano a ayudar a familias en duelo. Yoito se fue físicamente, pero espiritualmente está conmigo las veinticuatro horas del día y eso me hace muy feliz. Trascendí el dolor e invito no a superar la pena, sino a aprender a vivir con ella en Los Amigos Compasivos. No hay por qué vivir con el dolor - éste lo puedes diluir con el pasar del tiempo - sólo te ayudará recordar lo bonito, la amistad y el amor que tu hijo/a te brindó. No tienen que caminar solos...estamos para ustedes mientras nos necesiten. Nivia 24 de enero de 2011
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Mi nombre es Jannette Cruz. Hace 11 anos mi hijo menor Carlos Manuel se mudo con el Senor. El grupo de Amigos Compasivos fue el lugar en donde encontre las respuestas para sobrevivir a este dolor aplastante. Hoy soy parte activa de esta familia extendida que Dios puso en mi camino. Exhorto a todos los que como yo viven el dolor de perder uno de sus hijos nos den la oportunidad de acompanarles en este camino que aunque sea duro no es imposible. Cuando perdemos un esposo/sa; somos viudos/as , si perdemos una madre somos huerfanos ; pero no existe una palabra para describirnos a nosotros YO ME LLAMO UNA SOBREVIVIENTE que atraves del tiempo he logrado volver a sonreir, a vivir ... honrando todos los dias la vida de mi hijo Carlos.
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La vida te cambia y el dolor no se acaba, sin embargo se transforma. En mi caso los por que se convirtieron en para que y hoy son mi mision de vida a la memoria de mi amado hijo Jose Manuel. Soy miembro activa de Los Amigos Compasivos y los considero mi familia extendida. Aunque el dolor y el duelo es personal e individual, solo otro que ha pasado por lo mismo que yo puede entenderme. Nos ayudamos a encontrar herramientas para levantarnos de la devastacion de ver fallecer a un hijo(a). Lamentablemente, cada dia que pasa en nuestro PR, somos mas los padres y madres que atravesamos por este laberinto obscuro, sin embargo gracias a los grupos de apoyo, a la ayuda profesional y a la fe individual tenemos la esperanza de que algun dia volveremos a reunirnos con nuestros hijos(as). Gracias a Pimera Hora, a su reportera y fotografo por ayudarnos a llevar este mensaje de amor y esperanza. Bendiciones abundantes






