Lelis Cabán (en la foto) y su hijo, Emanuel Agrinsoni, perdieron todo cuando una quebrada creció y arrasó con su residencia. (Primera Hora / Andre Kang)
jueves, 25 de agosto de 2011
Istra Pacheco / Primera Hora
“Esto es horrible, es una frustración tan grande la que tenemos mi mamá y yo, que toda la situación es bien difícil de creer. Piensas que ayer tenías tu casa, tus cosas, todo a fuerza de sudor y hoy no tenemos ni ropa para bañarnos”.
De esa forma, Emanuel Agrinsoni resume el impacto emocional que causó en su vida y en la de su mamá el paso de Irene. Y es que el fenómeno atmosférico arrasó con la casa en la que vivieron alrededor de 20 años en Juncos. La residencia estaba cerca de una quebrada que estaba la mayor parte del tiempo seca.
Todo eso cambió entre el martes y el miércoles, cuando los remanentes del huracán dejaron cantidades históricas de agua sobre el suelo boricua.
La casa está ahora casi en el aire, aseguró.
Además de eso, se suma la frustración de no poder hacer mucho para remediar la situación, dijo Agrinsoni, de 21 años.
“Los recursos que tenemos no dan para reconstruir la casa, para volver a comprar las cosas que se perdieron, que están inservibles. Y tener que venir al Municipio a mendigar...”, contaba mientras movía la cabeza en señal de negación.
“Es bien triste”, remató.
Su madre, Lelis Cabán, contó la desesperación cuando una vecina la llamó por teléfono y le dijo que el agua de la quebrada estaba subiendo de manera súbita. No tenía señal para comunicarse con su hijo, que estaba trabajando. Ocurrió todo tan rápido que, en su desespero, se cayó y se golpeó fuertemente la cara.
“Para colmo el carro no prendía”, expresó, tras mostrar un lado de su cachete hinchado con un moretón violeta.
Su hijo la interrumpe cuando se le pregunta qué van a hacer.
“Pues no nos gustaría dejar la casa porque era propia. No es justo irnos y dejar toda una vida allí”, afirmó.







