Cándido Burgos Serrano: “Esto va a curarse”

Por Rosita Marrero / rmarrero@primerahora.com 02/04/2014 |
Una laceración con una tijera fue lo que le provocó a don Cándido la afección en el lado izquierdo de su cara.  (ismael.fernandez@gfrmedia.com)  
El vecino del barrio Mambiche Prieto, luce una terrible infección que cubre el lado izquierdo de su rostro.

Humacao. Lo conocen en cada rincón del pueblo, donde deambula día a día empujando su carrito de supermercado, del que se apoya; o llevando su bastón, con el que mantiene el equilibrio en su constante caminar.

Cándido Burgos Serrano, de 76 años y vecino del barrio Mambiche Prieto, luce una terrible infección que cubre el lado izquierdo de su rostro. La misma se desarrolló luego que lacerara accidentalmente con una tijera una carnosidad que tenía en la cara, explicó.

Cándido se mudó a l zona urbana para estar cerca de los médicos y hospitales que le curarán. Pero de una pequeña herida, la lesión se ha convertido en una infección tan horripilante que hiere la vista de todos.

Lleva nueve meses con esa afección a cuestas, de la que rechaza que sea un tumor canceroso. No obstante, recibe quimioterapia.

“Estando por aquí, estoy pega’o de los tres hospitales. El campo es muy distante. Sufre uno pa’ ‘jallar’ un carro público”, relató en momentos en que comía un sándwich y se tomaba un café en una cafetería del poblado.

“Es mejor ahora. Pues muchos vecinos míos me han dado techo para que yo no me moje y duerma, en lo que tomo una casa que compré en marzo último”, apuntó.

 
Cándido Burgos Serrano pasa sus días en el casco urbano de Humacao

Mientras un tumor benigno cubre la parte izquierda de su rostro, el septuagenario se las ingenia para no dormir a la intemperie.


En tanto, se resguarda bajo los techos y aleros.

¿Duerme a la intemperie?

No intemperie, no. Yo llamo intemperie acostarse ahí en la acera. Acostarse en aquel parking. Bajo un techo no es intemperie. No.

¿Tiene hijos?

Ni uno. Ni tira’o, ni bota’o.

¿Se casó?

No. ¿Sabe una cosa? En 76 años nunca he dado una firma de matrimonio. He tenido como tres o cuatro mujeres. La última estuvo 45 años conmigo.

¿Murió?

Murió de no querer comer. No quiso comer na’ pa’ morirse.

¿Tiene familia?

Tengo familiares, pero estoy huérfano de padre y madre. Entonces mis otros dos hermanos permanecen mucho más enfermos que yo y de cuidado. Están de cuidado porque ellos pueden morir en cualquier momento. Yo no. Esto no es cáncer. Esto es una infección maxilofacial, que se me causó por el puntazo de una tijera que cortó una verruga. Yo estaba afeitándome el bigote y se me resbaló la tijera y se me ponchó la verruga.

“Luego creció lentamente. ¿Lo ve todo ahí?”, dijo levantando el parcho, ajeno a la impresión que causa su padecimiento.

Relató que la protuberancia llegó a alcanzar como tres pulgadas de diámetro. Cándido fue operado en Centro Médico por un facultativo que “brega con todos esos casos de piel y dermatitis”.

“Hubo una lentitud en el seguimiento de curación y crecimiento de la lesión. Volvió a crecer la llaga. Pero bien dura. Me tapó el ojo, pero el ojo va a ver. Voy a ver. Ahora me tengo que dar 37 quimioterapias, que es un suero que va a la sangre para que las bacterias y los gérmenes no te hagan daño. Ahí me mata todo lo que tengo ahí. Ya me han dado tres. Me faltan 34. Casi na’”, contó.

¿Porqué usted dice que no es cáncer?

No, no es cáncer, porque ellos lo comprobaron. Es más, ¿usted sabe una cosa? Toda la fama que tiene Centro Médico, que tiene la crema de los doctores de este país; que cogen a un accidentado de un choque y lo ponen a caminar. Eso hay que ser un genio, pero eso es a base de Cristo, quien obra ahí. No son los doctores.

¿Le salió cuando se lastimó con la tijera?

No. El tumorcito lo registraron ahora cuando me dieron ahora los rayos x. Es pequeño y es benigno. No es maligno.

¿Cómo es posible que no le hayan detenido esa infección?

Bueno, yo he usado los medicamentos al pie de la letra.

El septuagenario mencionó los médicos que lo han atendido, incluyendo el de cabecera; otro en el Hospital Ryder y otros dos, con oficinas en el mismo pueblo de Humacao.

¿Qué le dicen los médicos?

Ellos están aplicando la medicina. Por ejemplo, la terapia se está aplicando para combatir la enfermedad. Estoy en eso y siento que me estoy recuperando, pues cada vez que me doy una terapia, siento un alivio.

Usted está sangrando, le comentamos.

A veces he sangrado. Parece que en la operación, uno de los capilares no quedó bien localizado o no se taipió, como quizás había que taipiarlo, para que no liqueara tanto; y de vez en cuando, yo he tenido cinco o seis hemorragias, cinco grandes y una chiquita.

¿Le duele?

No, no me duele. Lo que siento es una enconación. Enconado. Enconado, es una fracción de un pequeño dolorcito.

Cándido dice que tiene todas las fuerzas en su sitio y que no puede detenerse, ni acostarse, porque se siente inútil. “O sea, que tengo que descargar mis energías, sea caminando o sea haciendo algo. Es más, voy a decir algo, quizás sea la única persona en Puerto Rico que no duerma en 24 horas”, indicó.

¿Cómo que no duerme?

Nada, nada. En la mañana, mire, ni mareo, ni dolor de cabeza, ni falta de sueño. Normal. Como si hubiera dormido toda la noche.

¿Y sus ingresos para comer?

¿Acá en la calle? En la calle estoy mejor que donde estaba. La comida se me sobra por montones. La gente viene: ‘Tenga Cándido, aquí está el plato’. Tengo Seguro Social. La gente me ve y enseguida se apiadan de mí.

Cándido reveló que estuvo en un asilo cinco meses y no se lo recomienda a nadie.

“Yo soy un hombre de trabajo. Un hombre movido. De coger las lluvias, el sol, los golpes. Eso se llama 24/7. Apúntelo bien: es tener a una persona 24 horas enjaulado en un asilo. Quiere decir a estar 24 horas sin moverse, como si fuera una presa, sentado o acostado en la cama. El dueño me decía: ‘Burgos, vete acuéstate en la cama, que tienes sueño’. Yo dije no. Lo que están buscando es hacer de uno un inútil y cargar conmigo hasta que me entierren”, sostuvo.

¿Usted está confiado en que se va a curar?

Sí, esto va a curarse. Esto va a curarse.

¿Se lo han dicho los médicos?

Está así, pero yo siento una corpulencia. Tengo fe en que no me voy a quedar así.

Usted decreta que se va a curar.

Eso es así. Esa es mi esperanza.

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