Doña Celestina Rivera: Cerca de cumplir 103 y no hay quien la pare

Por Agustín Criollo Oquero 01/23/2014 |
Familiares y amigos de doña Cele ya planifican la celebración de sus 103 en abril próximo. (gerald.lopez@gfrmedia.com)  
El padre de la centenaria vivió hasta los 99, su madre hasta los 97 y sus hermanas menores están ya en los 90.

Naguabo. Las arrugas en el rostro de doña Celestina Rivera, mejor conocida como Cele, son testigos silenciosos de sus más de 100 años de vivencias y recuerdos que se acumulan en cada rincón de la humilde casita terrera en las Parcelas Viejas del barrio Daguao en Naguabo donde ha residido gran parte de su vida.

Al llegar, doña Cele se levanta de su silla sin ayuda y con mucho entusiasmo recibe a los invitados con la hospitalidad y la atención de una excelente anfitriona. Al preguntársele su edad, no tiene reparos en contestar cándidamente.

“Yo nací el 6 de abril de 1911. Este año cumplo 103”, asegura la centenaria con una lucidez envidiable.

Junto a Margarita Cruz, una de sus hijas, doña Cele saca unos minutos y no escatima en dar un recorrido por el vecindario de los recuerdos para rememorar cómo era la vida de antaño.

“Yo salía todas las mañanas a buscar la viandas y leña para preparar el fogón y cocinarle el almuerzo a mi esposo que era peón en el cañaveral. Llegaba siempre primero que el almuercero, que era quien se llevaba todos los almuerzos de los trabajadores. Si llegabas después que él se iba, se quedaba sin comer”, recordó con nostalgia doña Cele quien es viuda de don Julio Cruz hace 48 años.

“Se trabajaba mucho en aquellos tiempos. La vida era dura, no es como ahora que cualquiera se casa”, añadió la mujer, nacida y criada en Naguabo.


Doña Cele recordó cómo durante la década de 1950 logró comprar la casa donde aún vive junto a uno de sus hijos varones y la que ella misma mantiene organizada.

“El pronto de la casa lo di yo con un novillo que vendí. Me lo compraron a $20 y con eso di el pronto y pagaba todos los meses $3”, recordó.

Al presente doña Cele es la mujer de mayor edad en todo Naguabo y no es para menos, viniendo de una familia donde la longevidad es evidente.

El padre de la centenaria vivió hasta los 99 y su madre hasta los 97. Sus hermanas menores están ya en los 90 y, por lo visto, seguirán el mismo camino de una larga vida.

A pesar de que los años le han venido con los usuales achaques de la vejez, Margarita asegura que su madre se mantiene muy activa.

“A veces hay que velarla porque quiere hacer las cosas ella sola. El doctor me dice que ella no tiene ninguna enfermedad sistemática, solo artritis por la edad pero está siempre activa, va todas las semanas a la iglesia”, explicó la hija de Cele.

Margarita aseguró que en la casa doña Cele era la que impartía la disciplina cuando alguno de los ocho hermanos cometía una travesura.

“Papi no era el que nos daba fuete. Cuando nos portábamos mal mami era la que nos daba con la chancleta o con la correa”, recordó con una sonrisa mientras la centenaria asentía.

“Mi hermana, Dalia, que es la menor, siempre me metía en problemas. Ella hacia las cosas y yo era la que recibía el cantazo”, dijo. Opinó que era ese tipo de crianza lo que forjaba hombres y mujeres con valores y respeto por los demás.

Doña Cele admitió que extraña la tranquilidad de los tiempos del Puerto Rico de antaño, cuando, aunque era más difícil conseguir el sustento, se vivía con más tranquilidad.

“Con lo que ganaba el esposo no se podía vivir. Por eso yo tenía que lavar ropa a otras personas para ganar unos chavitos. Se ganaba poco pero se vivía feliz”, expresó.

“Extraño la tranquilidad de antes. Antes no había luz y venía una sola caminando desde la carretera con todo aquello oscuro pero a uno no le daba miedo. Ahora uno no puede hacer eso”, lamentó doña Cele.

Este próximo 6 de abril, doña Cele cumple sus 103 años y entre familiares, amigos y vecinos de Parcelas Viejas, han acordado celebrar la ocasión por todo lo alto para desearle muchos más años de vida a esta mujer querida por todos su pueblo.

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