Doña “Chila”:toda una matriarca

Por Gerardo G. Otero Ríos / gerardo.otero@primerahora.com 05/11/2013 |
La imborrable sonrisa en su rostro evidencia que doña Chila aún es joven de espíritu. (Para Primera Hora / Nelson Reyes Faría)  
Doña Basilia Soler Ríos tiene la mente tan clara que a sus 100 años aún recuerda pequeños detalles de sucesos de su larga vida.

Isabela. Doña Basilisa Soler Ríos tiene tantos descendientes como historias que contar.

Quince hijos (tres de ellos fallecidos), 54 nietos, 73 bisnietos y 27 tataranietos forman parte de la extensa familia de esta dulce señora, que durante el mes pasado cumplió “nada más que 100 años” y se prepara para celebrar el Día de las Madres con un fiestón familiar rodeada de sus seres queridos.

“¡Me estoy poniendo jovencita!”, soltó con una enorme sonrisa dibujada en su rostro, esfumándose de inmediato la imagen de aquella persona callada que esperaba sentada en el mueble de su casa en el barrio Planas de Isabela.

Doña “Chila”, como le conocen cariñosamente, podrá haber alcanzado la cifra centenaria, pero su espíritu la hace disfrutar de la vida como una quinceañera. “Ay, yo me siento bien, me estoy buscando un novio”, bromeó frente a dos de sus hijos y tres de sus nietos, pero advirtió que “lo quiero joven porque pa’ vieja, yo”.

Es con esta misma picardía y buen ánimo que doña Chila se ha mantenido fuerte y llena de vida porque –asegura– la risa es su mejor medicina.

Su mente está tan sana como el buen sentido del humor que la caracteriza, pues aún mantiene vivos recuerdos distantes como los que vivió el 11 de octubre de 1918, cuando el terremoto San Fermín estremeció a la Isla.

“Cuando hubo el temblor, frente a mi casa había una peña bien grande que se abrió y parecía que botaba llamaradas. Fue algo increíble”, recordó de esa terrible experiencia cuando apenas tenía cinco años.

Asimismo, rememoró cuando le regalaron su primer par de zapatos, cuando ya era una adolescente de 14 años.

“Ay, yo estaba tan contenta. Eran unas zapatillas negras... llamé a todas mis amigas para que las vieran”, relató quien se siente afortunada de poder cubrir sus pies, pues en esos tiempos era tanta la pobreza que tener zapatos era un lujo.

A pesar de que recuenta su niñez y juventud con apego, curiosamente, esta joven del ayer prefiere los tiempos modernos a los de antaño.

“Antes había mucha pobreza, eran tiempos difíciles, pero me gustan más los tiempos de ahora”, manifestó la mujer, que vivió en una época en que no existía el agua potable y mucho menos luz eléctrica; tiempos simples en los que se cocinaba al carbón y se buscaba agua en los ríos.

¿Cuál es el secreto para vivir tanto? “Comer, dormir y buscar de Papá Dios”, comentó entre risas. “El secreto está en vivir siempre en armonía y tratando bien al otro, manteniendo el respeto entre todos”, agregó en un tono más serio.

La verdad es que doña Chila se ha ganado el respeto, la admiración y el cariño de todos por su gentileza, su perspectiva positiva ante la vida y sus valores cristianos.

“Ella está sumamente convencida de que Dios escucha sus oraciones y por eso todas las noches le pide que cuide y le permita mantener unida a su familia”, expresó, por su parte, Wilfredo Esteves Soler, uno de los hijos de doña Chila.

“Ella es una madre ejemplar y el modelo a seguir para todas las familias en Puerto Rico porque ella, con todos sus sacrificios, ha logrado mantener unida a toda nuestra familia”, agregó.

¿Cómo va a celebrar el Día de las Madres?

Con mis hijos y toda mi familia. Soy afortunada porque Papá Dios me dio unos hijos maravillosos, unos santos porque ellos son tan buenos conmigo. Yo le doy gracias a Dios por toda la gente buena que ha puesto en mi vida.

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