Estudiantes que dan y reciben -VÍDEO

Por Darisabel Texidor Guadalupe / darisabel.texidor@primerahora.com 05/07/2013 |
Vicente Brown, quien lleva seis años sin hogar, sonríe agradecido con varios de los jóvenes del proyecto Sembradores de esperanza. Para Primera Hora / Edgar Vázquez Colón  
Un grupo de estudiantes de la escuela superior Lila Mayoral Wirshing prepararon almuerzo por tres días para deambulantes del centro Casa María de Nazareth.

Ponce. Dales de beber a los que tienen sed, dales pan a los que lloran por comer, sé un buen ser humano y lo que hagas hazlo bien.

No tan solo haciendo alusión a una popular canción y a un mensaje bíblico, sino llenando su corazón de caridad y amor hacia el prójimo, un grupo de estudiantes de la escuela superior Lila Mayoral Wirshing prepararon almuerzo por tres días para deambulantes del centro Casa María de Nazareth.

Los 100 alumnos de los grados décimo y undécimo se dividieron en grupos durante tres días y, liderados por su maestro de historia, José Ernesto Torres, visitaron el centro y, además de llevarles almuerzo, tuvieron la oportunidad de compartir con las personas sin hogar y conocer más de cerca la dureza de sus vidas.

“Ha sido una experiencia única y les ha servido para sentir el dolor ajeno y respetar la dignidad humana”, dijo el educador, quien creó el programa Sembradores de esperanza.

El maestro explicó que la visita es parte de un proyecto comunitario que cada estudiante debe realizar en el año y, en esta ocasión, compartir los alimentos con los deambulantes fue una experiencia que jamás olvidarán.

“Hemos aprendido a ser bondadosos y apreciar lo que tenemos”, dijo Gabriel Colón.

Este sostuvo que es importante ayudar a los más necesitados porque en el futuro no se sabe dónde cada uno estará.

Igualmente, Cecilia Caraballo mencionó que disfrutó la actividad al compartir con sus compañeros en esta noble causa.

“Comprendí que todos somos iguales y que debemos ayudar a los demás”, dijo la jovencita de 16 años, quien hizo el arroz con gandules.


Los estudiantes también pasaron tiempo conversando con los más de 30 deambulantes que diariamente llegan hasta el centro a recibir, quizás, el único plato de comida en el día, y atentamente escucharon sus chistes pero, al mismo tiempo, la tristeza y soledad en que viven.

“No es fácil estar en la calle, pero siempre hay gente generosa que nos ayuda”, dijo Vicente Brown, quien no tiene un hogar hace seis años. Este agradeció “de corazón” a los estudiantes la visita y el sabroso plato de pernil, arroz y ensalada, así como el tiempo brindado.

“Mi consejo es que no usen drogas ni alcohol, que estudien y que amen a sus padres”, mencionó el ponceño de 52 años, quien indicó que no le gustaría que los jóvenes terminen en las calles como él.

Por su parte, Michael Cedeño, director de la Casa María de Nazareth, destacó que la ayuda que les ofrecen los voluntarios a los participantes es muy valiosa, no tan solo porque les proveen lo que necesitan, sino que su compañía les ayuda a mejorar sus estados de ánimo.

“Ayudar a otros nos enseña a valorizar más la vida”, dijo Cedeño.

El centro ofrece desayuno, almuerzo, aseo personal y otras ayudas a los deambulantes de Ponce y se sostiene con la ayuda de donaciones.