Hábito funesto que la aprisiona a las calles-VÍDEO

Por Libni Sanjurjo / lsanjurjo@primerahora.com 08/19/2013 |
Yadis Agosto Gutiérrez es madre de una joven que dio a luz cuando tenía 21 años de edad.  (xavier.araujo@gfrmedia.com)  
Hace 18 años que el “piso duro” es su casa debido al uso de drogas.

Intrigado por el rumbo que le había dado a su vida, su padre le preguntó si era feliz.

Yadis Agosto Gutiérrez le respondió con una sonrisa: “Tú no me ves riéndome. Papi, sí, aprendí a vivir así”.

La mujer de cabello ondulado, blanco y largo, de piel blanca quemada por el sol, se acostumbró a dormir sin un techo seguro, sobre el “piso duro”, superficie pública que le recuerda cómo han sido los pasados 19 años, cuando el crack –una droga altamente adictiva– la alejó de una carrera en contabilidad que a penas ejerció en el área de Finanzas del Departamento de Educación mientras, a sus 27 años de edad, aún era “una adicta funcional”.

Fue esa misma “costumbre” la que la hizo levantarse de una esquina del dispensario Hoare en Santurce –donde suele dormir–, caminar por las estrechas calles de Santurce; hacer una parada en la Fondita de Jesús, y cruzar el Expreso Baldorioty de Castro hasta llegar al Condado, el Puerto Rico de casas bonitas, edificios altos con ventanales o atractivos balcones; calles adornadas de vegetación y aceras ocupadas por carros de prestigiosas marcas internacionales. Su destino era la parroquia Stella Maris, frente a la Plaza Luchetti.

Al llegar, Yadis, de 46 años, se sentó en una acera mientras aguardaba por los servicios de ducha, alimentos y ropa que la iglesia ofrece desde hace casi un año a las personas sin hogar del área a través del programa Cáritas Parroquial. Aquel día vestía una camisa, pantalón y chanclas negras; a su lado tenía “mi casa”, es decir, un bulto nuevo de ruedas, y muy popular entre los escolares, que algún niño abandonó en la calle, cuenta. Su sonrisa –que adorna su contagioso humor– entonces abrió la posibilidad de descubrir la historia de la mujer que también es madre, porque aunque no crió a su hija, que hoy tiene 24 años – apunta– la dio a luz.

 
Solidaridad rodeada de contrastes

Yadis Agosto Gutiérrez es una de las personas sin hogar que recibe amparo en el Condado.


¿Cómo describes la vida en la calle?

Me levanto del piso y así como duro está el piso, me levanto yo de dura. Ha sido difícil porque yo no nací así (...); encontrarme en esta situación es doloroso porque duele, el piso duele.

La dureza la libera en “ataques” a otras personas para lograr la comida o la esquina que se convierta en cama. Se describe por eso como una persona conflictiva, problemática y destructiva, una mujer que “todo lo que toca lo destruye; cuando me quiero destruir, yo misma recurro al uso de sustancias controladas (...) para destruir a este cuerpo, para que no exista, para que no moleste (...), sí, porque así me hicieron sentir”; además –admite– es una “suicida en potencia”, pero “Dios tiene un propósito, todavía no sé cuál es”.

¿Y cómo le va a una mujer sin hogar en las calles?

La mujer, si no se prostituye, la prostituyen, porque esto es carne y hay que aprovecharla para sacarle dinero, porque esto se vende, ¿entiendes? Los hombres tienen una necesidad y ellos pagan por este servicio (...), si no te vendes te lo hago a la mala (...).

¿Qué ha sido lo más difícil?

La soledad, uno se siente solo.

¿Sigues usando drogas?

Estoy esporádicamente dejándolas porque ya no me quedo pegá como antes. Si yo me daba un pipazo (de crack) quería seguir fumando, entonces me quería quedar ahí estoquiá y buscando y rebulando chavos pa’ seguir consumiendo.

A los 14 años de edad, Yadis comenzó a consumir marihuana mientras su madre lidiaba con las consecuencias de un esposo alcohólico. Al cumplir los 21, dio a luz a su hija; años después probó el crack e inició su vida en las calles. “El crack es el demonio porque uno sigue y uno quiere más y uno busca y uno roba, uno mata, uno se vende (...); no te sacias y quieres volver a sentir lo mismo que sentiste en un principio y no lo vas a conseguir nunca”.

¿Habrías querido una vida distinta?

Sí. Vivir en el Condado, en un penthouse, con Baby Mercedes blanco afuera, esperándome para ir a pasear, y ser la doctora Agosto Gutiérrez de ginecología y obstetricia.

Pero esa no es su realidad, aunque la ve en las vidas de otros cada vez que visita la parroquia.

Así es como Yadis pasa sus días. “Me acuesto y me levanto y yo en parte soy libre, (aunque aclara) estoy atada a la calle, esa es mi atadura”; sin embargo, si da con la persona que la ame, afirma, se va para un apartamento “y no me van a ver en la calle más, ni el pelo”.

CONdado de contrastes

Cáritas Parroquial pertenece a Cáritas Puerto Rico, una organización humanitaria internacional de la Iglesia Católica que actualmente coordina la Arquidiócesis de San Juan. Iniciaron en Condado al reconocerse la necesidad de esta población sin hogar que acude a la iglesia los lunes, miércoles y viernes de 3:30 p.m. a 5:00 p.m. y martes y jueves de 7:30 a.m. a 9:00 a.m., informa Ivette Padilla, coordinadora del programa. “Obviamente sus residencias no son en Condado, pero sí lo es, duermen en el parque y viven en los alrededores porque buscan hoteles y restaurantes (para conseguir dinero)”, explica.

Inicialmente, unas siete personas comenzaron a recibir los servicios hasta que se regó la voz y ahora alcanzan las 50 por día (180 o 200 semanal). Pero, apunta el director de Cáritas Puerto Rico, padre Enrique Camacho, “no es solamente dar un pedazo de pan, es que esas personas se sientan amadas”.