Jorge Parrilla: ¡Lleno de vida a sus 103 años!

Por Agustín Criollo Oquero 12/03/2013 |
Nacido y criado en su terruño del barrio Carola, en Río Grande, trabajó toda su vida como agricultor.
Don Jorge es padre de tres hijos, abuelo de siete y tiene ocho bisnietos. (gerald.lopez@gfrmedia.com)  

“No ha de ser dichoso el joven, sino el viejo que ha vivido una hermosa vida”, dicta el proverbio del filósofo griego Epicurio y, al parecer, don Jorge Parrilla, de 103 años, es el vivo ejemplo de lo que significa una larga y fructífera existencia.

Nacido y criado en su terruño del barrio Carola en Río Grande en 1910, don Jorge, quien trabajó toda su vida como agricultor a la sombra de la imponente Cordillera de Luquillo, es padre de tres hijos, abuelo de siete y tiene ocho bisnietos.

A pesar de sus limitaciones económicas y de ser padre soltero, en tiempos cuando no era común ver a hombres criando solo a sus hijos, con la ayuda de sus 11 hermanos educó a su prole con el dinero que obtenía de la venta de los productos agrícolas que cosechaba en su propia casa.

Hoy por hoy, y luego de un derrame cerebral en 1995 que afectó su capacidad de hablar, es recordado y admirado en vida por ser un hombre trabajador, disciplinado e inventor de refranes.

“Él sabía muchos refranes y se los inventaba también. Toda la gente por aquí lo recuerda por eso”, indicó Luz María Parrilla, una de sus tres hijas y con quien vive actualmente.

“Él decía mucho cosas como ‘qué tal, qué tal. ¿Qué hay y le dije…’ y ‘hay que vivir para que vivamos’ y cosas así. Siempre estuvo de muy buen humor”, añadió la orgullosa hija sobre su padre, a quien le festejaron los 103 años recientemente.

Su nieta Marilú de Jesús asegura que el centenario les enseñó a todos sus hijos y nietos sobre la importancia de cosechar la tierra.

“Él sembraba todo en el terreno que tenía detrás de la casa y en otra finquita más abajo. Llevaba todo eso (los productos) a la Plaza del Mercado y a una lechonera que había que se llamaba La Victoria, ahí los vendía y vivía de eso”, recordó Marilú, quien además dijo sentirse muy orgullosa de su abuelo.

“Siempre nos decía lo importante que es sembrar para comer de lo que uno cosecha. Cuando (el huracán) Hugo, todos estábamos desesperados por ahí sin luz y sin agua, pero don Georgie como si nada. La gente de antes estaba más preparada para sobrevivir que nosotros ahora”, comentó José de Jesús, yerno de don Jorge y padre de Marilú.

La familia adjudica su longevidad no solo a una buena alimentación sino a una predisposición familiar, habiendo varios miembros que han vivido sobre los 95 años.

“Cuando se vaya esta generación, se van a ir los duros de verdad. Ellos se alimentaban con lo que sembraban, pero también es que en la familia duran mucho. La hermana mayor de él murió a los 101 años y los hermanos menores que él van por el mismo camino”, aseguró José.

Sin embargo, irónicamente, don Jorge fue presa del alcoholismo hasta su tercera década de vida, aunque hoy día lleva 70 años de sobriedad.

“Él tuvo problemas con el alcohol, pero cuando éramos adolescentes. Yo tenía como 14 o 15 años y con la ayuda de los familiares y de los hermanos de la iglesia logró salir. Después, no quiso saber de la bebida”, explicó Luz.

“Trabajó la tierra hasta el 1995 que fue cuando le dio el derrame, y con todo y con eso teníamos que aguantarlo porque quería bajar con el andador a la finca”, recordó su hija.

Luz también destacó que don Jorge era un buen administrador de su dinero y si hacía algún préstamo, esperaba que fuese pagado con la misma puntualidad con que dio el dinero.

“Él sabía mucho de administración. Cuidaba muy bien su dinero y si te prestaba chavos tenías que pagarle puntual porque si no iba a reclamarte, era un hombre de palabra”, subrayó Luz.

Los familiares coincidieron en que, el día en que don Jorge sea llamado a su última morada, lo recordarán como un hombre trabajador, jovial y valiente.

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