Jóvenes transgresores enderezan sus caminos -VÍDEO

Por Libni Sanjurjo / lsanjurjo@primerahora.com 08/26/2013 | 06:28 p.m.
La enseñanza fue no tradicional, acelerada y residencial. La primera fase incluyo dos semanas en las que se levantaron a las 4:30 a.m. para adiestramientos físicos, militares y formativos. (jose.madera@gfrmedia.com)  
Veintidós jóvenes, juntos a sus familia, celebran su segunda oportunidad.

Si una frase pudiera resumir lo que dos  familias sufrieron desde que sus hijos decidieron involucrarse en actividades criminales y, por el otro lado, la alegría que experimentaron ayer cuando los vieron vestir birrete y toga,  sería: Lo que parecía el fin, en realidad no lo era. 

David y José –nombres ficticios para proteger sus identidades– decidieron cometer faltas a las leyes que los condujeron  a un encierro en instituciones juveniles del país para cumplir una sentencia que, inevitablemente, alcanzaba a sus familiares. 

“Al principio fue desastroso, mucho sufrimiento, lágrimas, desesperación (...). Fue algo tan impactante que cuando eso cayó pensábamos que se nos iba a caer el mundo encima”, comparte Luis Paulino, padre de uno de los jóvenes. 

Hoy, sin embargo, la familia lloraba, pero de felicidad, al ver cómo su hijo, junto a otros 21 menores de edad, desfilaban por el centro del Teatro Tapia, en el Viejo San Juan, donde recibirían su diploma de cuarto año tras participar en el programa Camino al Reto del Éxito, A Través de Nuevas y Diferentes Oportunidades (CREANDO), una  iniciativa producto de una alianza entre el Departamento de Corrección y  Rehabilitación (DCR) y la Guardia Nacional de Puerto Rico (GNPR), que además de proveer educación durante un periodo de 22 semanas, entrena a los participantes voluntarios en una nueva formación basada en  principios y disciplina cuasi-militar.

 
Jóvenes transgresores enderezan sus caminos

Veintidós muchachos, junto a sus familias, celebran su segunda oportunidad.


“Cada vez quería más”

Entre ellos estaba David, de 18 años de edad: “Mi vida es como rara. Desde temprana edad tuve buenas calificaciones; soy deportista (voleibolista), tenía beca para la universidad”, cuenta.

Pero  “quería sentirme importante, no quería que mis papás me mandaran; entonces empecé a hacer cosas que a ellos no le agradaban”, y tal vez eso –pensaba– haría que estuvieran  pendientes de él. Sus acciones entonces lo condujeron a un camino sin salida desde donde sólo salió a una institución juvenil en septiembre de 2012. “Hice algo súper malo: tuve asalto, uso de disfraz, dos ley de armas, dos conspiraciones, dos motines, intento de fuga e intento de asesinato a los guardias”. 

¿Su talón de Aquiles? Amistades incorrectas. “Lo que  yo quería se convertía como en mi obsesión, y cada vez quería más, más y más; cada vez,  no quería detenerme sino seguir el camino que estaba llevando para ver  hasta dónde me llevaba la vida;  finalmente, terminé en un lugar que  nunca pensé que iba a llegar aquí”, comparte. 

 “Cuando llegué a una institución, todos mis sueños, mis metas de llegar a ser alguien, pues se troncharon, porque pensé que nunca lo iba a poder lograr”, añade.

Ayer, la historia era diferente: el joven logró excelencia académica e iniciará una carreta en ingeniería electrónica, aunque con salida provisional por un periodo de un año. “Una mala decisión me llevó hasta aquí y una oportunidad me ha enseñado a mí que sí puedo”, sostiene.

"Tuve que entregarlo” 

De otro lado, la  madre de otro de los graduados,  Elizabeth Rivera, compartió cómo su hijo llegó ante la justicia. “Tuve que entregar a mi hijo, y no fue nada fácil”, recuerda. 

“Él se había ido y cuando regresó tuve que llamar a los guardias, con mucho dolor en el alma, pero lo hice y llegó a esto (la graduación)”, añade. 

Para entonces, José, de 20 años, era un “ joven muy rebelde, no hacía caso a mis padres, siempre en la calle, me dejaba llevar por las amistades, no me importaba nada en la vida”.

El uso de sustancias controladas –cuenta– lo llevó a involucrase en peleas que terminaron con cargos de agresiones. “Bajo sus efectos no pensaba las cosas”, menciona. 

“Sentía que usar sustancias era todo para mí, pero en el programa (CREANDO) me di cuenta que en realidad lo que hizo fue dañarme la vida”, agrega.

¿Llegaste a pensar que ese era el fin?

Sí,  muchas veces dije: “Acabé con mi vida.” Pensaba que mi vida era estar solo,  pero en realidad, mi familia siempre estaba para  mí. 

¿Qué has aprendido?

A valorizar a mi familia.

José se graduó con alto honor y comenzará a estudiar enfermería. “Ya no soy el joven de antes, rebelde, que le gustaba, pelear, que era bien negativo, ahora todo ha cambiado”, sostiene.

Según el ayudante general de la GNPR, el general de brigada Juan Medina Lamela, los 22 jóvenes, así como el total que ha pasado por el programa (153) desde 2010 “no sabían que había algo mejor”.  

En esta clase, la sexta del programa, el  85 por ciento de los 22 graduados de cuarto año aplicaron para continuar estudios postsecundarios; los jóvenes también podían aplicar para las fuerzas armadas de Estados Unidos pero ninguno optó por esa alternativa, aunque dos tomaron el examen de ingreso ASVAB (por sus siglas en inglés).  “Culminan un pequeño paso, ahora comienza el  maratón de verdad”, les dijo el secretario del DCR, José Negrón Fernández.

Además, el ex secretario de Educación César Rey, quien fungió como  orador principal, destacó que ayer habían “22 buenas razones para depositar confianza en el futuro de nuestro pueblo”.

David y José representan a   un grupo de jóvenes que han cometido faltas contra la persona, la propiedad y la sociedad. Por ejemplo,  del 2000 al 2003, un promedio de 4,089 casos fueron atendidos por año,  según un libro  publicado recientemente bajo el título o  “Perfil de la Violencia en Puerto Rico 1984-2004”.

Ambos, sin embargo, decidieron darse una segunda oportunidad.