Pintar le añade vida a sus años

Por Femmy Irizarry Álvarez 07/23/2014 |
El artista Richard Maurice Rivera vive bien apoartado en un campo de Cayey y se destaca su obra en oleo. (tony.zayas@gfrmedia.com)  
Richard Maurice Rivera nació con el alma de pintor y solo tomó un curso básico de pintura.

Le gusta la música clásica, la buena lectura, el baile, la pintura y ama a Puerto Rico.

Richard Maurice Rivera tenía 17 años cuando llegó a la Isla, procedente de Nueva York donde nació, y se enamoró tanto de su tierra que aún sin saber español decidió quedarse aquí.

Y es que su vida está llena de tantos matices, igual a los que plasma en sus pinturas.

“Llegué aquí con mi mamá, que nació en este barrio (Palmas de Salinas) y no me quise ir. Vine aquí hecho un gringo, no hablaba nada de español. Pero lo que quería era saber donde había nacido mami”, recuerda don Richard de lo que ocurrió en el 1950.

Sin embargo, no se queda en Salinas y se va a residir en el Fanguito, Santurce.

“Entonces busqué trabajo… me fui al Condado, donde una americana me da trabajo recogiendo los platos de la mesas en el restaurante de un hotel y enseguida subí a trabajar de mozo; luego a chequear la gente que llevaba la comida afuera”, explica el pintor.

Parecía que el futuro de don Richard en ese campo pintaba halagador y, además, “estaba aprendiendo español”, pero un “día estaba compartiendo en un lugar y conocí a Walter Mercado y le dije que me encantaba el baile y me llevó donde Madame Herta Brauer y su esposo Ernesto Juan Brauer, que fundó el Ballet de la UPR”.

 
Richard Maurice Rivera: Pintar le añade vida a sus años


Es con ellos, bajo el proyecto el Teatro del Pueblo, que se convirtió en el bailarín principal junto a artistas como Velda González, de quien fue pareja en la pista.

Algunas de las obras presentadas fue una pelea de gallos bailada. Con este proyecto visitaban los caseríos.

“Fui maestro de baile en el caserío de San José, en Manuel A. Pérez y en Nemesio R. Canales”, dijo el espigado artista de 6’3”, quien recuerda que estuvo con ese grupo alrededor de once años.

Luego regresa a Nueva York para el año 1964.

“Trabajo partime como cajero y la otra mitad estaba en el ambiente hippie… eso fue un fracaso… llegue a fumar… pero aprendí mucho, fue una buena experiencia, pero me di cuenta que esa vida no era para mí…”, explica.

Entonces, le escribe a los Brauer, que eran alemanes, y que tras dejar la Isla se establecieron en Mallorca.

Don Richard los visita y por poco se queda por allá, si no se pone fuerte con la vida y decide seguir a “doña libertad”.

“Conocí a una señora ríquísima que quería casarse conmigo… yo tenía 34 años y ella 40… Era profesora de Lógica en Édimbourg e hicimos una amistad… Yo quería estar libre… tenía espíritu de aventurero, si me casaba me iba a convertir en un gabán muy bien vestido, en actividades, conversaciones intelectuales. Eso no era para mí… quería conocer más de mundo y regresé a Puerto Rico”, hasta el sol de hoy. Se casó una vez y no procreó hijos.

Don Richard ¿cuánto tiempo se tarda pintando?

Yo pinto rápido, cuando estoy inspirado sí.

¿Cómo inicia una obra?

Cojo el lienzo y tiro colores, y de un momento a otro veo y digo, esto se puede convertir en esto y de acuerdo a la pintura voy viendo una imagen. No siempre tengo una idea de lo que va a salir.

Don Richard, usted tiene 81 años y se ve muy bien. ¿Cómo se cuida?

Creo que es el estado mental... Me siento vital... Leo mucho, por ejemplo, me gusta el filósofo Lao-Tsé.

Don Richard no terminó su cuarto año, pero la vida lo educó de la mejor manera.

¿Qué alimentos consume?

No me gustan las carnes, no a la matanza de los animales. Me gustan las viandas, las frutas... Esa es la receta para vivir más tiempo.

Ah, pero a don Richard también le gusta la cocina.

“Me encanta cocinar. Mi mamá era una cocinera al revés y al derecho, y yo saqué eso también. Empecé con las paellas, todo el mundo es loco con las paellas, y hago unos flanes de queso”, dice el pintor al agregar que el ingrediente que no le puede faltar es el “curry”.

Además de cocinar ¿cómo pasa su tiempo?

Pintando, oyendo música. Y le agradezco mucho a mi amigo de 20 años, Ramón Sánchez y a su esposa Norma Colón.

Sánchez es también pintor y vecino de Cayey. Este visita a don Richard regularmente.

¿Sé que tiene muchos perros?

Sí. Esto aquí es un refugio. El perro negro (Rocky) nadie lo quería y yo lo recogí. Me habla con los ojos. Tengo otras tres perras. Ellos dependen de mí.

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