Proyecto Peces: Un aprendizaje sin fin

Por Libni Sanjurjo / lsanjurjo@primerahora.com 03/25/2013 | 00:41 a.m.
Norma Marrero practica lo aprendido en el taller de crianza con su nieto de dos años. (angel.rivera@gfrmedia.com)  
La organización sin fines de lucro ofrece las herramientas para lograr una crianza saludable y rompen la creencia de que golpear y castigar es una forma de crianza efectiva.

Un taller de crianza? ¿Para qué?  

 Norma Marrero crió   a tres:  una mujer y dos hombres. Es una madre de experiencia. Su edad lo acentúa. Así que algunos podrían pensar que sería una pérdida de tiempo su asistencia a los  cursos  de crianza que ofrece el Proyecto Peces.

    Para entonces, sus dos  hijos  y su hija  ya eran adultos, sin embargo, un pequeñín había llegado a sus manos para convertirla  en  una madre de crianza. 

Tras varios  años de estar a su cuidado,  doña Norma tuvo conciencia de que los tiempos eran distintos y que la  experiencia acumulada  era insuficiente; se había dado cuenta de que las necesidades del niño, que ya tenía  11 años de edad y que crió desde los  cuatro meses, requerían un esfuerzo de parte de ella.  

Uno de los problemas era la situación familiar que rodeaba la vida del menor: el  proceso judicial de custodia lo  tenía “desenfocado”, como “espaciao”, menciona. Lo  veía vulnerable ante problemas sociales como las drogas.

  Por eso, cuando supo del programa  Fundamentos de la Crianza de la organización sin fines de lucro –dirigida a contribuir al desarrollo social, educativo  y económico de la comunidad del sureste de la Isla, especialmente Punta Santiago, en Humacao–, pensó que podría aprender cómo  ayudar al niño, que estaba cerca de iniciar la difícil etapa de la adolescencia.

No hay un manual

Con  humildad –al reconocer sus debilidades y fortalezas– Norma comenzó a abrazar un conocimiento que tenía sentido y que hasta entonces desconocía. “Cuando yo criaba los míos, yo no sabía, no había un libro, no hay un manual para explicarme. Yo decía: ‘ Señor, enséñame a ser madre’”, comparte. 

Decidida a aprender, Norma se  zambuyó en un mar de conocimiento en el que descubría  una nueva forma de criar, muy distinta a los “correazos” que solían ser parte de la crianza en muchas familias puertorriqueñas. 

Lo primero que le salta a la mente, recuerda, es “no perder el control”. Le siguen otros detalles como “conocer más al niño, acercarme a él, que me viera con confianza y dialogar. Estar seguro de que me entiende”. Poco a poco iba descubriendo el “mundo del niño”. 

Aprendió, además,  a corregir acciones que creía correcta durante la crianza de su prole. “Muchas veces le decía a los míos: ‘No lo haga porque yo lo digo’. No, hay que explicar el porqué le estás corrigiendo, cuáles pueden ser las consecuencias”.

 Y ni se diga del afecto. “Expresarle. Hacerle saber, no solo decir, demostrárselo, que lo amo”, subraya.

   Peces inició los talleres en el 2011 en respuesta a la necesidad que identificaron de  educar sobre la crianza, según reflejan los constantes casos de maltrato que atiende el Departamento de la Familia, comentó Evelyn Ortiz, supervisora del Programa. “Estamos viviendo en unos momentos donde muchas veces no tenemos las herramientas necesarias para lidiar con situaciones del diario”, opinó. 

 Desde entonces, 695 madres, padres, abuelos, abuelas o cuidadores del sureste de la Isla –Humacao, Naguabo, Yabucoa, Maunabo y Vieques– han participado de los  talleres de Peces, en los que aprenden técnicas de disciplina alternativa, habilidades de comunicación, prevención del uso de drogas y alcohol, paciencia y respeto, autocuidado y el abogar por los hijos.

Se rompe así con la creencia de que golpear, castigar, gritar, humillar y la falta de comunicación, tolerancia y paciencia, entre otras necesidades,  son maneras normales de criar a los menores de edad. “La crianza es la base de todo, de la formación del ser humano. Si hay una donde no fue la mejor o incorrecta, eso te afecta a ti como calidad de humano. Si  no tiene la mejor crianza, vas a tener personas con diferentes situaciones de riesgo”, expuso Ortiz. 

   Ahora, Norma sigue poniendo en práctica lo aprendido con su nieto Caleb J. Franqui Díaz, de dos años, un niño alerta y con mucha energía. Con él, pone en práctica los nuevos conocimientos para colaborar en la construcción de un ser humano sano.     

¿Llegó a tiempo el taller?

 Sí, llegó a tiempo.

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