Rehabilitación con calor de hogar

Por Istra Pacheco 07/24/2014 |
Daniel Ortiz y Anthony Perales están enderezando sus vidas en el Hogar Padre Bernard, aprendiendo a vivir sin la adicción y a organizarse para reinsertarse a la sociedad.  (juan.alicea@gfrmedia.com)  
Personas sin hogar pueden entrar a programa de vivienda transitoria en el Viejo San Juan.

Anthony era apenas un adolescente cuando comenzó a usar drogas.

No fue que las probara y ya: se envició con sustancias narcóticas y para los 18 años ya su familia lo había dejado en el primero de muchos programas para tratar de rehabilitarlo. A los tres meses de aquella primera experiencia ya se había ido de allí y no tenía a dónde regresar.

A partir de entonces siguió con su problema y recibió ayuda en muchas ocasiones. Visitó sicólogos, siquiatras, hospitales y muchas casas de tratamiento contra la adicción pero nada le funcionó. Vivió el horror de no tener un techo durante mucho tiempo. Ahora que tiene 30 años su vida a dado un giro completo.

“Ya yo estaba cansado de este estilo de vida en la calle, de esta ansiedad, de tener necesidades, de pasar vicisitudes. Cuando vives en la calle estás expuesto a situaciones de peligro todo el tiempo. Duermes con un ojo cerrado y otro abierto y pasas hambre. Es bien fuerte y bien doloroso”, relató.

Su madre de crianza sabía que el chico, quien practicaba el surfing, tocaba varios instrumento y compone canciones, necesitaba ayuda y por eso le pidió de regalo del Día de las Madres que probara esta vez en un nuevo lugar para deambulantes que abriría sus puertas en el Viejo San Juan.

Así fue como el 5 de junio, mismo día de su apertura, llegó al Hogar Padre Vernard, al lado de la Iglesia San Francisco de Asís, donde lleva 51 días limpio y entendiendo que los “límites” para cambiar su vida, solo están en su mente.

En este momento toma nuevas terapias con sicólogos y trabajadores sociales que ofrecen servicios allí gracias a un acuerdo colaborativo con la Universidad Carlos Albizu.

El hogar, ubicado en lo que antes fue un edificio que estaba en ruinas, tomó 15 años de rehabilitación, siguiendo las estrictas especificaciones de construcción de la zona y con apenas recursos, con excepción de algunas importantes donaciones.

Gracias a los dos pisos de oficinas, cuartos y zonas comunes que se han logrado rehabilitar, la institución tienen por lo pronto capacidad para 12 camas.

Una vez el tercer piso de la estructura se logre poner en condiciones, para lo que hace falta empañetar paredes, poner losas y hacer las divisiones de los cuartos, a un costo estimado de casi medio millón de dólares, entonces tendrían capacidad para 35 personas.

“Hace 15 años el fray Jimmy Casellas vio la necesidad que había y empezó a dar algunos servicios básicos a la población de personas sin casa. Se empezó a servir desayunos y almuerzos y algunos servicios médicos”, dijo Ivette Calderín, administradora del hogar de vivienda transitoria.

“Así fue como surgió la idea y la hemos ido trabajando poco a poco. El objetivo es poder ayudar a estas personas que no tienen un hogar, que desean reintegrarse a la sociedad y aquí le damos unos servicios y unas herramientas para que más adelante puedan volver a convivir en familia y en lugares de trabajo. Les enseñamos sobre autocontrol, sobre la importancia de tomar decisiones en conjunto. Ellos cada uno lava su ropa en el área de lavandería, recogen sus cuartos y hemos empezado también gracias a unas donaciones y personas voluntarias a darles clases de pintura, de fotografía y de caligrafía”, comentó.

Uno de los sistemas que han puesto en vigor es el de darle una libreta a cada uno de los residentes para que en ella hagan sus propias reflexiones sobre el proceso que están viviendo y los diferentes conceptos que trabajan en grupo y de manera individual.

A diferencia de otros lugares, no tienen un sistema predeterminado de días para que la persona esté lista a reinsertarse en la sociedad.

“Cada persona va de manera individualizada trabajando con sus situaciones de vida y a su ritmo. Aquí no los obligamos a nada. Todo es voluntario y trabajamos con todos los aspectos de la vida”, afirmó Calderín.

Para Anthony, quien quisiera volver a estudiar tecnología y hasta grabar un disco algún día, la experiencia ha sido mejor que en todos los lugares anteriores.

“Aquí sí es un hogar. Hay amor y eso verdaderamente ayuda”, indicó sonriente.

Si quiere colaborar con el Hogar Padre Vernard puede llamar al 787.969.1234.