Sacerdote talla santos y sentimientos

Por Rosita Marrero / rmarrero@primerahora.com 04/17/2014 |
Los santos que talla Fray Luis Francisco González Rivera revelan las emociones del artista al momento de esculpirlas.  (juan.alicea@gfrmedia.com)  
Convierte su talento en parte de sus oraciones y reflexiones

Combina su afición por la talla de santos con sus múltiples tareas como administrador de la Parroquia San Antonio, en Río Piedras: su trabajo con vicarios y sacerdotes, la dirección espiritual del Colegio San Antonio, la asistencia a los enfermos y la formación de nuevos frailes.

Fray Luis Francisco González Rivera, un padre capuchino oriundo del barrio Bayaney, de Hatillo, muestra con orgullo sus trabajos, muchos de los cuales le han valido premios.

El fraile siente una devoción tal por sus santos de palo que prefiere no participar en certámenes en los que tenga que desprenderse de sus tallas a las que le imprime expresiones de dolor, de tristeza, de humildad, de alegría y de todos los estados anímicos que lo embargan.

Siempre le gustó dibujar y pintar, pero nunca había tallado un santo.

Con la orientación de uno de los grandes maestros de este arte, Josean Rosado, encaminó sus pasos hacia los senderos espirituales deseados.

San Francisco de Asís, la Virgen de la Monserrate, la Inmaculada Concepción, el Niño del Remedio, San Cayetano, La Dolorosa, la Virgen del Pilar, Santiago Mata Moro, la Virgen La Piedad, la Virgen de Guadalupe y la Virgen de los Reyes, figuran entre las obras de este sacerdote tallador de santos.

¿Qué hace con los santos?

Yo los tengo guardados. No los vendo. He participado en concursos. A veces me lo pide la Órden para regalarlo a un visitante. Lo que pasa es que mis santos son mi experiencia de oración. Son mi vida de oración; mi reflexión. Cada santo representa algo particular.

¿Cómo decide qué santo va a tallar?

Es mi momento de oración; mi momento de comunión con Dios.

“Aprendí a buscar las cualidades del santo. San Francisco es humilde, es sencillo; es el padre de la orden que pertenezco”, dijo.

Pero como nunca le ha gustado la imagen con que representan al santo que lleva una paloma en el hombro, en vez, le puso un pitirre.

 
Tallador fray Luis González


También le tapó las llagas al santo que, según la historia, fue el primero al que le salieron estigmas en sus últimos días de vida.

“Nunca quiso San Francisco que se le vieran las llagas. Es un don especial que Dios le da a algunas personas bien contadas de todo el mundo, que le imprime las mismas llagas de la pasión del señor”, dijo.

Fray Luis le da un toque de puertorriqueñidad a todas sus imágenes, como en el caso de la Virgen Madre de la Iglesia.

“Quise hacerla a mi manera. Es una jíbara con flor de maga en la cabeza, un color más oscuro de piel, como nosotros, y la coloqué sobre el globo del Mundo pero en el Caribe”, describió el sacerdote, quien viste a la Virgen de los Reyes con ropa fastuosa en forma de campana. La acompañan los Tres Reyes Magos.

¿Qué le dicen en la Órden sobre su afición?

Me dijeron que podía venderlas pero te voy a decir lo que dijo Mirta Silva con sus canciones: ‘Yo no voy a poner a competir a mis hijos (con precios)’. (Se ríe). Me puedes decir egoísta al no hacerlo pero como es algo tan personal... Ahí están mis desahogos. Somos cantos de hiel, en cada pedazo. Esto suena a Harry Potter. (Se ríe). Con un santo se van muchos sentimientos míos; de alegría, dolor, indignación, devoción, ira, dulzura, odios. Los santos míos son pedazos de mi. Alguien me dijo que mis santos se parecen a mi.

A Fray Luis le indigna la injusticia, la indiferencia, la mediocridad, la injusticia, las personas mangoneadas por el consumerismo y materialismo.

Le indigna también la pederastía, el maltrato y abuso de mujeres y niños.

De la pederastía dijo que es algo aberrante y no va con la consagración.

“Si la justicia de la tierra identifica eso, ellos tienen que pagar y dejar que la justicia de Dios sea la que definitivamente haga pagar”, sostuvo.

Lo que sí lamenta el fraile es que se generalice.

“Mira lo que nos pasó. Cuando estaba en Aguada, un domingo pasa un carro y nos gritaron: '¡Convento de pederastas!' Me quedé callado. Al rato sube un fraile riéndose y me dijo: '¿Viste lo que nos gritaron. Al menos saben que esto es un convento'”, recordó el sacerdote.

Si alguien cuando lea este reportaje lo llama para decirle que quiere un santo, ¿qué le dice?

Que vaya al Cielo. No vendo ninguno de estos. (Ríe a carcajadas).