Se nos fue el “piragüero alegre”-VÍDEO

Por Leysa Caro González / lcaro@primerahora.com 04/24/2013 |
“Don Churre” siempre se ganó el pan vendiendo sabrosas piragüas. (tony.zayas@gfrmedia.com)  
Cayey perdió a don Jesús, el último vendedor que quedaba allí de esta refrescante delicia puertorriqueña.

Cayey. “Se nos fue”.

Esa fue la expresión que lanzó desde su auto Luis Rodríguez, un puertorriqueño residente en Nueva Jersey que cada vez que viajaba a la Isla llegaba hasta la plaza de recreo de Cayey para disfrutar de una piragua de tamarindo –su preferida– de manos de don Jesús Cruz, a quien todos conocían como “el piragüero alegre”.

“Era un caballero con tanto amor, con tanto corazón que hacía eso. Era un caballero en toda la palabra. Siempre con el mismo carácter, el mismo amor”, contó Rodríguez desde su carro al recordar que la última vez que vio a don Jesús, en diciembre, le dolían los brazos.

Y es que la tarea de don Jesús, quien falleciera en el fin de semana dejando un vacío entre los cayeyanos, comenzó hace 47 años en el mismo lugar que raspó su última piragua, esas que preparaba con tanto amor y sacrificio.

Ayer, la esquinita de la plaza de recreo no era la misma. El grupo de “políticos de pueblo que solucionan todos los problemas del país” estaba allí, como de costumbre, pero no había bullicio.

Un crespón negro y una nota alertaba a los clientes de la mala noticia: don Jesús había muerto y, con su partida, se le ponía también punto final a una tradición cultural. Don Jesús era el último piragüero de Cayey.

El negocio que heredó de otro piragüero, a quien le compró el antiguo carro por $150, ya prácticamente no le daba para vivir, pero el amor por lo que hacía, su gente y el servicio lo mantenían en pie y fiel a su trabajo. “Era una persona con toda la esencia de pueblo, muy cariñoso, con mucha chispa”, señaló, por su parte, Judith Rodríguez.

Don Jesús llegaba todas las mañanas a las 7:00 en punto a la plaza de recreo. Venía caminando, empujando desde su casa el carrito de compras, donde cargaba el bloque de hielo y los syrups de diversos sabores, contó su amigo de la infancia Freddy Colón.


Él, añadió, también hacía los bloques de hielo en un congelador que tenía en su apartamento. Hacía 18 bloques que iba utilizando poco a poco. “Me va a hacer una falta del cará porque ese era el que alegraba a todo el mundo, llegaba, prendía la radio y se ponía a bailar”, dijo el hombre.

A don Jesús también le encantaba echar chistes y pintar su esquina, siempre con el mismo patrón, pero de diversos colores. “Casi todos los meses le cambiaba el color”, dijo José Vázquez.

El alcalde de Cayey, Rolando Ortiz, se comprometió a preservar el legado de don Jesús, conservando el área donde está ubicado el kiosco. “Esa artesanía artesanal se ha ido perdiendo... este espacio lo vamos a dejar para que sea un tributo para mantener ese legado vivo”, expresó.

Recordó que, cuando el Municipio le cedió un predio de la plaza de recreo para que montará el puesto permanentemente, este poco a poco personalizó el espacio y lo agrandó. “Él hacía las cosas y después pedía permiso”, señaló sobre el área donde están los tres carritos de don Jesús, dos de ellos “portátiles”.

Ayer, el pueblo le dio el último adiós a don Jesús en un emotivo encuentro, que incluyó una breve ceremonia frente a su carrito. Un sonoro aplauso y los cuentos por doquier fueron el mejor homenaje.

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