Sobreviviente de violencia doméstica se da una segunda oportunidad -VÍDEO

Por Libni Sanjurjo / lsanjurjo@primerahora.com 06/24/2013 |
Rebeca tiene 24 años de edad y tres hijos.   tony.zayas@gfrmedia.com  
Joven madre se da una segunda oportunidad para volver a empezar en el albergue Hogar Nueva Mujer.

Su cuerpo era su prisión, pero ya está libre...

Dentro de su ser, Rebeca –nombre ficticio para proteger su identidad– daba morada al corazón de la mujer que ella en realidad quería ser. La mantuvo allí por alrededor de nueve años porque creía que podría cambiar al hombre celoso que con sus tratos y palabras mantenía el rostro de ella cabizbajo.

Lo conoció tiempo después de separarse del padre de su primera hija, una niña que ahora tiene 10 años de edad y a quien procreó cuando apenas era una adolescente de 14 años. Una cosa llevó a la otra y Rebeca decidió estudiar hasta el noveno grado y adelantar los siguientes años en una escuela nocturna. Iba como a 100 millas por hora –explica– porque tenía prisa por “hacer profesión y trabajar”.

La primera relación no funcionó y se embarcó en otra sin sospechar que entraría a un círculo de violencia. Tenía 17 años cuando decidió relacionarse con el padre de sus otros dos hijos, de cinco y dos años de edad. La enamoró porque era “bien servicial” y trataba bien a su primogénita. “Se sentaba con ella a estudiar; la aconsejaba. Era como si fuese su hija y eso me enamoró”, recuerda la mujer de 24 años.

Pero había algo torcido en él y ella lo sabía: el hombre consumía y vendía drogas. Rebeca, sin embargo, tenía la esperanza de convertirse en su salvación. “Me equivoqué. No te puedes meter dentro de él y decirle: ‘Ya te cambié’”, indica.

Por un periodo de tiempo, el padre de sus dos hijos aceptó tratamiento para la adicción a drogas, “pero los celos seguían”.

Su agresor no le permitía comunicación con nadie, excepto con su suegra; inclusive, cuando su hija mayor venía de sus visitas paternofiliales, el hombre pensaba que le traía información de él a su madre.

“Cada vez que usaba sustancias, era agresivo, me insultaba, me levantaba la voz. Una vez me dio un pequeño empujón, y luego una gaznatá delante de los nenes. Me decía mucho que yo no servía para nada, que cuando teníamos problemas, todo era por mi culpa, caía preso y era mi culpa. En muchas ocasiones, me hizo creer que sí, que todo era mi culpa. En muchas ocasiones pensé en quitarme la vida, pero no tomaba la iniciativa”, comparte.

Sus celos eran tan extremos, cuenta, que le cuestionaba por qué se había bañado. “‘Tú tienes que bañarte conmigo’; si yo me bañaba, él creía que yo estaba con otra persona”, detalla.

Le pedía disculpa, añade, pero repetía la conducta. Fue así que su vida se convirtió en una “pesadilla” mientras intentaba proteger a sus hijos de las conductas y el ejemplo dañino de aquel hombre; y es que Rebeca había experimentado algo similar cuando vivía con su padre alcohólico porque también maltrataba a su madre. “Ya yo estaba ahogada”, confiesa.

 
Hogar Nueva Mujer

Es una organización que provee servicios de protección y seguridad a mujeres y niños que han sido víctimas de violencia doméstica.


Tiempo de escapar

Era febrero y Rebeca había mantenido un silencio entre su madre y ella desde noviembre. Su madre la llamó y él se enteró. “¿Por qué no me dijiste? ¿Me ocultaste algo? Tú mamá te está alcahueteando”, le reclamó.

“Me dijo que si yo no era de él, no era de nadie; que él es así conmigo porque él me quiere y me ama, pero que yo no abuse, que si yo seguía así, él me iba y que a matar”, menciona.

Al otro día, el hombre la amenazó: “¿Tú sabes lo que les pasa a las mujeres traicioneras como tú?”.

Ella le contestó: “No te estoy traicionando”, a lo que él replicó: “Me negaste que tu mamá te llamó (...). Prepárate cuando yo llegue”.

Fue entonces cuando la mujer que tenía adentro comenzó a asomar su rostro por la puerta...

Rebeca se fue con sus hijos a la casa de una vecina que le dijo: “Ya era hora de que te decidieras irte”. De ahí pasó a casa de su madre, donde se encontró con él y la volvió a amenazar con hacerles la vida imposible a ella y su familia. Al otro día acudió a una cita en el Departamento de la Familia donde tomó la decisión de no volver; sometió una orden de protección y se albergó.

Puertas abiertas

Al llegar al Hogar Nueva Mujer, junto a sus tres vástagos, Rebeca lloró, el segundo día también... hasta que las lágrimas empezaron como a desintoxicar sus pensamientos para que finalmente le dieran paso a la mujer que estaba dentro de sí. “Mi autoestima llegó aquí por el piso; cuando me preguntaban, les decía: ‘Yo no sé hacer nada. Yo no soy nada’”, menciona.

Finalmente, liberó a la mujer que mantuvo prisionera por tanto tiempo.

Hoy, Rebeca afirma: “Soy aquella mujer que hace tiempo tenía que salir. Soy esa mujer que está bien decidida por lo que quiere. Soy esa mujer que por tantos años estaba oculta y que en muchas ocasiones yo decía que nunca lo podría lograr”.

Una entre miles

Según la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, la violencia doméstica es un mal social que ha ido aumentando en la Isla. Para el 1990, se reportaron 13,528 casos, y ya para el 2006 había 22,951.

Otras, sin embargo, han fallecido dentro del círculo de la violencia doméstica; en lo que va de año han muerto nueve mujeres.

Pero Rebeca logró salir a tiempo. Hoy, la joven madre tiene planes de estudios para ella –quiere ser chef– y sus vástagos; mientras que le desea al padre de dos de sus hijos –quien actualmente cumple una sentencia en prisión– que sea feliz “porque ya yo lo soy, ya yo soy feliz, ya tengo lo que yo quería tener, mi tranquilidad, mi espacio ya yo lo tengo y el espacio de mis hijos”.