El director Ruben Fleischer busca divertir a la audiencia al presentar las maneras más originales y graciosas de acabar con los zombis.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
12:35 p.m.
Mario Alegre Femenías / Primera Hora
De todos los villanos del género del horror, hombres lobos, vampiros, monstruos, demonios, asesinos en serie, fantasmas, juguetes poseídos... ninguno nos provoca mayor diversión a la hora de matarlos que los clásicos zombis.
Los creadores de la entretenida película Zombieland son conscientes de este detalle y lo aprovechan al máximo, aunque no es exactamente un filme de zombis como lo han sido los del director George A. Romero, donde la crítica social han sido el leitmotiv de la historia. Las carnívoras criaturas son más bien la fuerza sobrenatural que hace que cuatro extraños unan sus fuerzas y formen una peculiar familia.
Como guía en esta Tierra posapocalíptica tenemos a “Colombus” (Jesse Eisenberg), un joven universitario que ha logrado sobrevivir en medio de la epidemia que transformó a casi toda la población global en zombis. “Colombus” sigue unas reglas bien estrictas para mantenerse con vida en este ambiente, las cuales el filme presenta cómicamente y las puntualiza con perfectos y sangrientos ejemplos.
Tras una estupenda secuencia de créditos -que, junto a la de Watchmen, es una de las mejores que se han hecho en los últimos años, el joven conoce al típico hombre misterioso y temerario, con sombrero de vaquero, que suele aparecer en este tipo de película, interpretado por Woody Harrelson como “Tallahassee”. El cuarteto lo completa la pareja de hermanas compuesta por “Wichita” y “Little Rock”, protagonizadas por Emma Stone y Abigail Breslin, quienes se unen a los muchachos mientras rondan el desolado territorio estadounidense sin destino.
Precisamente es esa falta de dirección la que hace que Zombieland sea sólo una buena película y no una excelente película. El guión de Rhett Reese y Paul Wernick desarrolla perfectamente la relación entre los personajes principales pero no les da un rumbo fijo a su travesía. Existe un parque de diversiones que la pequeña “Little Rock” quisiera visitar y por eso se dirigen hacia él, pero el lugar termina siendo utilizado por el libreto para ingeniar múltiples maneras de matar a los pobres zombis.
La falla, sin embargo, no es suficiente como para restarle diversión al filme. Comedia es lo que promete y eso es exactamente lo que nos da. No en balde el director Ruben Fleischer -quien aquí hace su debut cinematográfico- ha citado a la genial cinta británica Shaun of the Dead como la que lo inspiró a hacer esta película. Pero mientras esta producción consiguió mantener un estupendo balance entre el humor, el horror y el tributo que le rendía a la filmografía de Romero, Zombieland se concentra específicamente en hacer reír a los espectadores.
En lo que respecta a las actuaciones, Harrelson es el actor ideal para encarnar a “Tallahassee”, con su genuino acento de sureño americano y una actitud que intimida a la vez que nos hace simpatizar con él. Eisenberg, por el contrario, parece estar imitando al joven actor Michael Cera (Juno) con su interpretación de “Colombus”, por lo que nunca se siente original, mientras que las chicas, que al principio se vislumbraban como personajes fuertes, acaban como las típicas mujeres en peligro que deben ser rescatadas por los héroes masculinos.
Para los fanáticos del terror, Zombieland quizás no les provee el morbo característico de las películas de zombis, pero lo que escasea en tripas y sangre lo compensa con risas e ingenio. Y si necesitan una mejor razón para ir a verla, el largometraje tiene un comiquísimo cameo de un reconocido actor que, por sí solo, vale el precio de entrada.





