Para Isabel Guevara conocer significa tener poder. Por ello, para esta venezolana de nacimiento, pero, puertorriqueña de corazón, la enseñanza de este aforismo aplica a todas las áreas de la vida, pero, sobre todo, en la salud... el hallazgo de un cáncer cervical en el 2019 no solo la enfrentó a esta realidad, sino también a una de las batallas más difíciles e importantes de su vida.

Isabel, quien cuenta con 44 años, llegó a Puerto Rico a los 21 e hizo su vida adulta en la isla. Madre de un varón, que estudia en Estados Unidos, acepta que, aunque muchas veces priorizó el trabajo, no dejó de cuidar de su familia y su salud.

“Siempre estaba bien activa”, destaca, “no como ahora que tengo un cansancio que no se me quita”, agrega, a la vez que recuerda que nunca dejó de sacar tiempo para hacerse sus chequeos rutinarios en el ginecólogo.

Debido a que Isabel tiene un historial del virus del papiloma humano, VPH, describe que, a partir de ese hallazgo, los resultados de sus pruebas de Papanicolaou (Pap) siempre fueron anormales. Pero, en el 2015, el cierre de su taller laboral propició que se trasladara al estado de Texas, donde vivió por tres años y dejó de hacer sus visitas preventivas.

“En ese tiempo no me hice el Pap”, lamenta Isabel, quien, al regresar a la isla, siguió “tranquila y feliz”. En el 2019, esto cambió.

“Noté que empecé a tener irregularidades con mi menstruación, pero me dije que estaba entrando en la menopausia”, resume, para añadir, que minimizó el síntoma, postergando la visita al ginecólogo.

Más adelante se presentaron abundantes y desagradables descargas vaginales, y se las achacó a una infección, la cual automedicó. El botón de alerta se activó cuando comenzó a manchar.

“Fui al ginecólogo y cuando me hizo el Pap, notó que había una bolita en el cérvix”. Una biopsia confirmó sus temores: tenía cáncer cervical estadio 2.

Isabel fue referida al ginecólogo oncólogo Luis Santos Reyes, en el Centro Comprensivo de Cáncer de la Universidad de Puerto Rico, donde participó de un estudio clínico que evalúa la eficacia de un medicamento administrado junto con la terapia de radiación.

“Fueron 25 radioterapias, cinco braquiterapias y 10 sesiones de quimioterapia”. El medicamento bajo estudio lo recibía por vía intravenosa todos los días.

¿Qué hubiera hecho diferente? “Primero, nunca hubiese faltado a mis chequeos anuales. Eso es algo que las mujeres postergamos porque nos ponemos en segundo plano, cuando, lo más importante es la salud”, plantea enérgica, al añadir que, si hubiese conocido sobre la vacuna contra el VPH, “no hubiese vacilado en ponérmela”. Aconseja a otras mujeres a no aplazar sus citas médicas y a ponerse la vacuna, si están en la edad recomendada.

No tienes que repetir la historia

La historia de Isabel es una que se repite cada vez más a menudo entre las mujeres de la isla. Así lo comenta el doctor Santos Reyes, quien, en entrevista aparte, destaca que, en conversaciones con su colega y jefa de división del Centro Comprensivo de Cáncer, la doctora Sharee Umpierre, han discutido por qué tenemos una mayor incidencia de cáncer cervical en Puerto Rico.

“El cáncer cervical ha aumentado vertiginosamente. [Aunque tener una prueba de VPH positiva] no significa que vas a tener cáncer de cérvix, al contrario, el 80 % de las veces no lo vas a tener, el problema es que el 20 % de las pacientes que mantienen una infección crónica por condiciones genéticas o predisposiciones con factores de riesgo como, por ejemplo, fumar, tienen la oportunidad de crear unos cambios displásicos en las células que eventualmente pueden ser cancerosos”, enfatiza, mientras resalta que otros factores como la edad también inciden en el desarrollo de este cáncer.

El doctor Santos Reyes, quien es uno de los cinco ginecólogos oncólogos que hay en la isla, explica que, para reducir la incidencia, la morbilidad y la mortalidad relacionadas al cáncer de cérvix, las dos estrategias preventivas comprobadas son el seguimiento médico con la prueba Papanicolaou y la vacunación contra el VPH, la cual previene no solo el cáncer cervical, sino también el vaginal, de la vulva, del pene y el anal, y el cáncer orofaríngeo, así como algunos serotipos del VPH asociados al desarrollo de verrugas genitales.

“Estos son nuestros dos instrumentos para poder trabajar con esta enfermedad”, afirma categórico, al destacar que, de los datos que se desprenden del estudio que realiza, denominado NRG-GY006 y en el que participó Isabel, la gran mayoría de las mujeres que desarrollaron cáncer fue por falta de seguimiento médico rutinario. Asegura que, salvo en casos muy esporádicos, el desarrollo del cáncer cervical toma de 8 a 15 años.

“El mensaje es que las pacientes que han perdido su seguimiento médico rutinario por diferentes razones vuelvan a ir porque puede hacer la diferencia para reducir la morbilidad y la mortalidad”, destaca el médico.

Agrega que “hay personas renuentes a vacunar a sus hijos contra el VPH y, realmente, esa es la mejor arma que tenemos. Si llegáramos a un 70 % [de vacunación], no solo se reduciría el cáncer cervical, sino también las displasias y, por ende, el cáncer cervical”, finaliza diciendo.

Accede a DondeMeVacuno.com para conocer sobre los centros de vacunación disponibles.