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Roberto Alomar lleva agua y comida a La Perla

Por José Karlo Pagán / Para Primera Hora 10/01/2017 |05:51 p.m.
Alomar, quien llegó casi sigiloso a La Perla, también ha ayudado a comunidades en Salinas. (Xavier García / GFR Media)  
Los residentes denuncian que la ayuda les ha llegado por terceros y no por las agencias pertinentes.

Roberto Alomar llegó a la comunidad de La Perla en el momento que más lo necesitaban. 

Bajo un sol candente, el exbeisbolista repartió agua y comida a los residentes que estaban agobiados porque aseguraban que habían sido olvidados por el gobierno estatal y federal tras el azote del huracán María.

“Yo sé que muchas veces no pensamos en ellos, pues estamos aquí ayudándolos porque la ayuda se necesita, no solamente aquí sino en todo el País. Estamos aquí ayudando para darle una sonrisa a todo el mundo y que tengan algo para comer y agua para beber”, dijo el ex segunda base. 

Alomar, quien llegó casi sigiloso a La Perla, también ha ayudado a comunidades en Salinas. Todo de su bolcillo. Al finalizar, partiría a Canóvanas para llevar, personalmente, la ayuda a los más necesitados.

“Yo espero que todo el mundo se una, yo creo que esto es para uno unirse y dejar las críticas, dejar las políticas y todo hacia un lado porque Puerto Rico es uno. Nosotros somos unidos y esto nos hace mucho más fuertes”, comentó.

 
Roberto Alomar lleva agua y comida a La Perla

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El tercer boricua en ser electo al Salón de la Fama de las Grandes Ligas se encuentra impactado y triste con los severos daños que dejó María en Puerto Rico. Contó que muchas de las personas con las que se crio en Salinas perdieron sus casas.

Sin embargo, se mantiene positivo y asegura “que nos vamos a levantar”. 


Aunque el paso de Alomar por el País es de tres días, confesó que volverá, pues desea “traer felicidad a esta Isla, que esta Isla es bella. Yo nací aquí, yo me crie aquí y yo a Puerto Rico lo amo”. 

El boricua adelantó que las Grandes Ligas vendrán a Puerto Rico para traer más ayudas. 

“Nos dejaron en el olvido”

El oasis voluntario traído por Alomar parece ser la norma en el suburbio de casas de colores que se levantan en la costa, tras las murallas del Viejo San Juan.

La ayuda baja de a poco y no de las autoridades pertinentes, critican los residentes. En la mañana, Robert llegó desde Orocovis para traerles hielo, agua y pan.

“[El gobierno y FEMA] nos tienen que parecemos que no existimos en esta tierra”, denunció Brunilda Olivo. 

Para esta residente las ayudas gubernamentales han llegado a cuenta gotas. Criticó la gesta de la alcaldesa, Carmen ‘Yulín’ Cruz Soto, quien “solo ha bajado a La Perla para entregar unas lámparas solares”. 

“Nos pusieron ahí a gritar ‘La Perla brilla’. Y La Perla brilla, brilla por su ausencia y los estómagos no brillan porque están vacíos”, soltó la mujer. 

El consenso es casi unánime. A los residentes no les llegan los suficientes abastos de comida y agua potable para sobrevivir. 

“Nos dejaron en el olvido”, lamentó Wilmarie Feliciano quien está encargada de sus tres hijos de doce, once y nueve años, así como de su abuelo de 89 años.


Aunque Feliciano agradeció la ayuda que la Guardia Nacional y el representante del Partido Nuevo Progresista (PNP) Eddie Charbonier Chinea les llevó el viernes pasado, criticó que fueran ayudas esporádicas.

“Llevamos tres días sin agua. Hay que dejar la puerta abierta para poder escuchar el ruido y arrancar a coger agua”, expresó mientras enfatizaba que la comida y el agua se les está acabando. 

La comunidad de La Perla, compuesta por los sectores de San Miguel, Lucila Silva y Guaypao, se popularizó mundialmente por ser el escenario del sencillo de Luis Fonsi y Daddy Yankee: Despacito. 

“Para grabar vienen de todos lados, pero cuando necesitamos no viene nadie”, lamentó Feliciano. 

Necesidad por doquier

Los vientos de más de 150 millas por horas se llevaron 15 residencias y más de 39 techos de madera y zinc. El impacto de María se une al de Irma y crean en los residentes un sentimiento de agobio y frustración. 

“Desde Irma hemos pedido toldos y no han llegado todavía. Ha sido cuesta arriba, ha sido bien lento”, comentó la secretaria de la Junta Comunitaria, Irma Narváez González. 

Ángel Colón Rodríguez es uno de los que suplica porque lleguen los toldos azules que, en desastres anteriores, distribuye la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés). 

“Hacen falta los toldos. Si yo tuviera [los materiales] no estaría esperando a FEMA a que me ayudara”, urgió el hombre quien residen en el suburbio hace 62 años y con María lo perdió todo. 

Los residentes entrevistados coincidieron que para el huracán Hugo y George la ayuda fue más rápida y efectiva.  

“Cuando tienen política vienen aquí. Ahora que nosotros los necesitamos nos dan la espalda”, juzgó el hombre quien perdió 190 animales y casi todos los alimentos que utiliza en su negocio ‘Placita La Perla’. 

El hombre aprovechó para añadir que tampoco la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) ha pasado por el barrio a pesar de que los residentes le han limpiado los caminos. 

“Vamos a darle gracias a Dios que hay gente peor que nosotros, pero coño ya era hora de que vinieran los de la luz a ver cuántos postes hay en el piso”, sentenció. 

La falta de energía eléctrica preocupa a José Antonio Ramón Pérez quien está a cargo de su madre María Antonia Pérez Rivera, de 80 años y paciente de diabetes. La insulina necesita refrigeración. No hay luz. Ramón Pérez hace lo que está a su alcance. Si hay hielo, la coloca sino la pone en agua fresca. 

La casa de Ramón Pérez fue una de las que perdió el techo. Como FEMA no se ha personado en La Perla, el hombre no ha podido radicar su solicitud de ayuda. 

“Todo hay que hacerlo por Internet y yo, ni mi madre, sabemos bregar con eso”, confesó. 

A pesar de todo este torbellino, la solidaridad y la mano amiga de los propios vecinos han sido pieza clave en la supervivencia de los residentes.

Según Narváez González, fueron los habitantes quienes al día siguiente del paso de María salieron a la calle a cortar los árboles, a recoger escombros, a limpiar las aceras. “Después de ocho días fue que el municipio recogió”. 

“La misma gente de aquí fuimos los que limpiamos. Aquí la gente es bien solidaria unos con otros. Aquí nos gusta levantarnos solos”, manifestó la líder comunitaria Yashira Gómez. 

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