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Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

Crítica: Melancholia

10/07/2011

La depresión es una condición capaz de quebrantar el espíritu, tanto de quien la padece como de los seres queridos que lo rodean.  Inmoviliza y ciega, encarcelando a la víctima en los confines de la mente, limitando la capacidad de ver una escapatoria, de sentirse bien con uno mismo. Dicen que es como si el mundo se viniera abajo, símil que Lars Von Trier -quien ha admitido públicamente que atravesó un terrible periodo de depresión- adapta literalmente a la pantalla grande.

En el cine rara vez se ha expuesto esta enfermedad con la autenticidad que lo hace Von Trier, al llevarnos de la mano a los rincones más oscuros de su psiquis y dejarnos allí, solos, para confrontar sus miedos, que a su vez los hace nuestros. Así lo hizo en la dantesca Antichrist y se repite ahora en Melancholia, el más reciente trabajo del controvertible cineasta en el que el fin del mundo se representa de la manera más escalofriante, apocalíptica, e –incluso- majestuosa, que se haya visto contemporáneamente en el séptimo arte. 

Los primeros minutos de esta desgarradora y sombría película –filmados con la misma cámara ultra lenta que empleó Von Trier en Antichrist- presentan la destrucción de la Tierra cuando un planeta se estrella contra ella. Las imágenes de la embestida del planeta –llamado Melancholia- son entrecortadas por espléndidas escenas donde el tiempo parece haberse congelado en los dilemas que agobian a los protagonistas de la historia.

Luego de este hipnótico prólogo, la trama retrocede en el tiempo a la boda de “Justine”, encarnada soberbiamente por Kirsten Dunst, en el mejor papel de su carrera. La recepción se ve interrumpida por sus constantes achaques, por lo que abandona intermitentemente la fiesta para que la gente no la vea deprimida. Su estado mental no se beneficia en lo absoluto de la actitud de sus progenitores: su padre (John Hurt), ignorándola, y su madre (Charlotte Rampling), quien expresa a viva voz los males del matrimonio y cuya presencia sirve como un presagio de lo que podría ser su futuro.

La primera mitad de la cinta se centra en “Justine” en la noche de su boda, incapaz de ser feliz en lo que se supone que sea el día más feliz de su vida. La actuación de Dunst es un tour de force; honesta, abierta… permitiéndose llevar su talento histriónico a lugares de suma vulnerabilidad emocional que enriquecen la caracterización de su personaje. Su convicción artística es impresionante, digna de admirar y se extiende a la segunda mitad de la historia donde su hermana, “Claire” (Charlotte Gainsbourg), toma las riendas del argumento.

Mientras “Justine” era el reflejo de quien padece de depresión, “Claire” funge como el receptor indirecto de la condición. Sin embargo, se ve contagiada por ésta, negándose a aceptar la inevitabilidad de que el mundo se va a acabar. El miedo al planeta Melancholia, símbolo de la certera llegada de la muerte –individual y colectiva- se apodera de ella y la hace su esclava. Gainsbourg –en un papel menos exigente que su sobrehumana interpretación en Antichrist, pero no menos impresionante- ofrece una actuación de altura, en la que transmite al espectador estos sentimientos de desesperanza.

En la continuación de un trabajo introspectivo que comenzó en Antichrist y se extiende a este filme, Von Trier plasma en pantalla sus demonios internos, particularmente los que lo torturaron durante su depresión, en lo que aparenta ser un proceso de expiación. Su dirección es íntima, visceral y fantástica, para acercarnos lentamente al desespero de sus protagonistas y contagiarnos con él hasta que nos consume. Es prueba de su maestría como cineasta el que al final nos haga sentir desamparados y temerosos, como de seguro se sintió durante su depresión.

Con Melancholia Von Trier completa el segundo capítulo de lo que muy bien podría ser otra trilogía en su canon cinematográfico.  En su próximo largometraje –titulado por el momento The Nymphomaniac- el auteur danés explorará la sexualidad femenina, una descripción bastante escueta, pero dentro de su perturbadora mente las direcciones hacia donde la podría llevar son inimaginables. Espero con ansias su llegada. El medio necesita más cineastas como Von Trier: únicos, provocadores y temerarios.

*Melancholia está disponible a través de los servicios Video on Demand y las tiendas virtuales del PS3, Xbox 360 y iTunes.