En mi Viejo San Juan, / cuántos sueños forjé / en mis años de infancia…

No había manera de que ayer la salida número 121 del aeropuerto internacional de Orlando pasara desapercibida.

A lo lejos podían apreciarse pavas y banderas puertorriqueñas, globos azules, anaranjados, amarillos y rojos –en forma de corazón– y bolas de playa. Había algo más: una alfombra roja.

Por ahí pasarían los pasajeros del vuelo inaugural número 126 de la aerolínea Southwest de Orlando a Puerto Rico para abordar el avión, una nave 737, serie 800, con capacidad para 175 personas. La mayoría de la tripulación de la nave, incluidos los dos pilotos, eran boricuas. Pero un día antes, empleados de la línea aérea llevaron a periodistas por un recorrido de todos los procesos antes del abordaje.

A diferencia de otras aerolíneas que abordan a sus pasajeros con asientos asignados, el proceso de Southwest es por orden de llegada. Los grupos son identificados por letras en orden alfabético.

“Es un gran reto”, reiteró Geyson Rosario, supervisor de asistentes de vuelo de Southwest Airlines.

Gran parte de los pasajeros en este vuelo inaugural eran puertorriqueños. Los menos eran norteamericanos. La compañía de vuelo se aseguró de que al menos los boricuas se sintieran en ambiente, como en su casa.

Para ello, recurrieron a varias atracciones. Antes del abordaje, el grupo Algareplena deleitó a los pasajeros en medio de la alfombra roja que conducía a la nave. Los más valientes se atrevieron a mover sus caderas al ritmo de ese género. El resto se limitó a gritar y aplaudir mientras los extranjeros parecían no entender el espíritu alborotoso del puertorriqueño. Los nuestros se cantaron hasta los anuncios. ¿El repertorio? ¡Las plenas más recurrentes en las Fiestas de la Calle San Sebastián! Además, el “¡yo soy boricua, pa’ que tú lo sepas!” se escuchaba en cada recodo.

Ah, pero eso no fue todo. Justo al lado de la puerta de entrada de la nave se exhibía una bandera de Puerto Rico. Una vez adentro del avión, una asistente de vuelo estadounidense agarró el altoparlante de la nave y entonó una canción inédita, titulada I Love You, de parte de la línea Southwest en reciprocidad a Puerto Rico por hacer de ese primer viaje un periplo exitoso en términos de ventas.

Mientras todo esto ocurría, los pasajeros se pasaban de arriba pa’ abajo –por la cabina– una de las bolas de playa que formaban parte de la decoración. Minutos después y de forma inesperada, dos asistentes de vuelo y una ayudante realizaron una trivia sobre Puerto Rico. Los ganadores obtendrían mercancía promocional de la aerolínea. Entre intervenciones, la música del grupo de plena resonaba por toda la cabina de la aeronave.

Y cuando los viajeros creían que la melodía se había acabado, una pasajera, de origen puertorriqueño, se puso de pie y agarró el altoparlante del avión para entonar En mi Viejo San Juan a capela. Su intervención provocó estruendosos aplausos y halagos. Silbidos también.

¿Los aplausos al llegar? Por supuesto que no faltaron. Pero, en esta ocasión, la dosis fue agrandada. Hubo aplausos al entrar a la nave, al cerrarse la puerta, al aterrizar y, finalmente, al abrirse la puerta una vez en suelo boricua. Pero antes de eso, se realizó un ritual de bienvenida que consiste en mojar la nave cuando aterriza por primera vez.

El gobernador Alejandro García Padilla recibió el vuelo inaugural y, durante una conferencia de prensa, habló sobre la importancia de que Puerto Rico siga “haciendo negocios” para promover el turismo.

“Reiteramos, con esta llegada, que Puerto Rico está abierto para hacer negocio con el mundo entero. El Consejo Mundial de Turismo estima que la industria del turismo contribuyó aproximadamente $6.6 trillones a la economía global durante el 2012. Esto generó 260 millones de empleos nuevos en el mundo y ahora uno de cada 11 empleos en la economía global proviene del turismo”, subrayó el mandatario.