Cada día son más y más los niños, jóvenes y adultos que disfrutan de los videojuegos. La modalidad de ir a comprar un juego, ver si el contenido es apropiado ha cambiado significativamente a una donde los juegos se consiguen “online”. Este adelanto de la tecnología hace que los padres desconozcan en ocasiones qué contenido tiene el juego y con quién juega nuestro hijo.

Esto, aunque puede llegar a ser un problema, tiene solución, ya que se tiene la opción de verificar los juegos y poner control.

No es así si con la adicción a los videojuegos, que pueden traer como consecuencia el que un niño o adolescente juegue de forma desproporcionada.

La adicción a los videojuegos puede ser definida como la necesidad o dependencia al juego interfiriendo con las actividades diarias del jugador. Generalmente los jóvenes comienzan a jugar como una forma de distraerse y para los padres, además de ser algo típico de la edad, los ayuda a que el menor esté entretenido y sus demandas cotidianas sean menores.

Con el tiempo, las horas que se pasan sentados frente al televisor sobrepasan las cuatro horas y pueden comenzar a notarse cambios significativos en la conducta del chico.

Hablemos un poco de Roberto. Roberto (nombré ficticio) tiene dieciséis años, es un joven que aparenta no tener problemas con sus pares, tiene buenas notas y disfruta de actividades tanto dentro como fuera de la casa. Su afición a los videojuegos cada día es mayor, le gusta mucho jugar, no quiere salir de la casa y en ocasiones, la hora de cenar se le pasa.

La mamá de Roberto no ve nada malo en esta conducta ya que, según reporta, nunca ha sido muy atlético y está más tranquila teniéndolo en la casa y no en la calle jugando o en casa de amistades.

Con el tiempo han empezado a discutir porque no quiere asistir a nada de la escuela ni de la familia. El joven ha bajado de peso y cada día lo ve más alejado de los amigos. Cuando lo busca a la escuela se le hace difícil salirse de la ruta, aunque sea por poco tiempo, ya que el adolescente se enoja, discute y adopta una actitud hostil.

Todo llegó al límite cuando ve que su hijo tiene en varias partes de su cuerpo moretones sin razón aparente. Las maestras han dado quejas de que Roberto se muestra distraído y ha bajado su rendimiento académico. Estas señales hacen que la mamá, por recomendación de la escuela busque ayuda profesional.

Luego de varias visitas se entera de que, cuando Roberto perdía en los videojuegos, la frustración lo llevaba a pellizcarse. Se abre la caja de pandora y se descubre la adicción por los juegos.

Lo que le pasa a Roberto es más común de lo que se piensa. Lo que empieza como una forma de entretenerse puede convertirse en una adicción, que trae como consecuencia el deterioro significativo en todas las áreas del diario vivir de un niño o adolescente.

Señales de alerta:

Aislamiento social.

Pérdida de peso.

Pérdida de la noción del tiempo.

Desesperación cuando no puede jugar.

Problemas de salud como dolores de espalda por la postura incorrecta.

Poca tolerancia a la frustración; rompe cosas, tira, uso de palabras soeces cuando pierde un partido.

Problemas con su aseo personal.

Baja en el desempeño académico, entre otras.

Los videojuegos están diseñados para atrapar la atención del que los utiliza, por lo que cualquiera puede ser víctima de esta fascinación. El joven encuentra beneficios y recompensas sin tener que exponerse a la presión de grupo ni a las críticas, por lo que el ser un experto lo hace sentirse aceptado y elogiado. Esto hace que en adolescentes con autoestima baja y/o problemas para relacionarse con otros se sientan atraídos y parte de un grupo.

¿Qué debemos hacer?

Todas las actividades son buenas si se mantiene el balance. Los niños y adolescentes adolecen de control para poder regular el tiempo en la utilización de juegos electrónicos, esto le toca a usted como adulto. En algunos el tiempo para desarrollar una adición a los videojuegos depende no de la cantidad de horas solamente, sino también de las características de cada menor.

De interesar una cita con la Dra. Ingrid C. Marín Espiet, Psicóloga Clínica, puede comunicarse al (787)222-4999 o vía email: imarinespiet@gmail.com.