"Lo quieres más que a mí"
El tiempo que le dedicas a tu animalito no debe hacer que tu pareja se sienta como plato de segunda mesa

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 14 años.
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“Celos, malditos celos”, dice un viejo bolero. Son sentimientos tóxicos, nocivos y nada productivos, eso lo sabemos todos. Sin embargo, lo que muchos no saben es que los celos no se limitan a un ex novio o ex novia de secundaria que ahora anda buscando a nuestra pareja por Facebook ni al muchacho que piropea a la esposa de alguien en la calle o a la cajera que le guiña el ojo a un marido. Más a menudo de lo que uno imaginaría, las mascotas pueden ser motivo de discordia sentimental entre matrimonios y enamorados.
Y que conste, que esto no solo les pasa a los hombres. Las mujeres también podemos sentir que nuestros compañeros nos relegan en favor de un animalito.
Pero, ¿por qué pasa esto? ¿Cómo puede alguien ver a un perro, un gato o un pájaro –entre un sinfín de otras posibilidades– como competencia amorosa? ¿Qué se puede hacer si uno se enfrenta con esta situación?
Nadie mejor que la psicóloga clínica Omayra Rivera Rivera, especialista en terapia de parejas, para ayudarnos a lidiar con este tipo de desavenencia.
La verdadera razón
A lo primero que Rivera Rivera alude es a que, como suele suceder, en cuestiones de celos hacia las mascotas, raras veces el verdadero problema obedece al afecto que uno de los dos en la pareja prodigue sobre el animalito de la casa. Por eso, “lo primero que hay que hacer es llevar a cada miembro de la pareja a un autoanálisis en términos de qué es lo que (realmente) le pudiera estar afectando”, aconseja. El hecho de que uno de los dos “sienta que se le está prestando demasiada atención a una mascota, de que una de las partes se sienta rechazada, (denota que) hay unas necesidades que no están siendo satisfechas”.
Y eso hay que aclararlo.
Comunicación, confianza y respeto
Para la psicóloga, estos tres factores son indispensables para una relación llevadera y fructífera. Si nos comunicamos con honestidad, si confiamos en que el otro va a respetar nuestras opiniones y sentimientos, se abren los caminos para el buen entendimiento. Por tal motivo, es imprescindible que las parejas hablen sobre lo que les importa, “que evalúen intereses en común y que conozcan lo que el otro está interpretando. El asumir lo que el otro pueda pensar o sentir es uno de los peores errores que podemos cometer”, advierte Rivera Rivera.
Imposición versus negociación
“Escoge entre (el perro, el gato, el loro, etc.) o yo”, no es un reclamo muy conducente al diálogo que digamos . “Cuando uno de los miembros de la pareja se refiere a la mascota en términos de imposición, cuando no hay términos grises y se va a los absolutos, no hay proceso de negociación; no hay comunicación asertiva en términos de que ‘tus necesidades son tan importantes como las mías’”, señala la experta.
Cuentas claras
Como con cualquier otra pasión, preferencia o afición –como queramos llamarle– que sea de vital importancia en nuestras vidas, conviene que la manifestemos claramente al entrar en una relación. Es decir, a los tres años de habernos casado no debería ser el momento para revelar que la vida nos parece incompleta sin un perro o que siempre hemos querido (y vamos a seguir queriendo) a los gatos como hijos.
Por tanto, Rivera Rivera aconseja que lo honesto es que “si uno de los dos miembros de una pareja ya tenía una mascota antes de entrar en la relación, tiene que auscultar si al otro que está conociendo le gustan los animales”. Por otro lado, “si adquieren una mascota luego de estar juntos, tienen que sentarse y planificar quién va a asumir la responsabilidad por la misma”.
Mucho ojo
La importancia de la honestidad –sobre todo, con nosotros mismos– no debe subestimarse. La psicóloga nos insta a reconocer que, a veces, podemos refugiarnos en el afecto de un animalito “porque la mascota no discute, es totalmente incondicional, no nos traiciona”. De modo que si le hacemos más caso al perro o al gato que a nuestra pareja, y así lo manifestamos sin tapujos delante de él o ella, es hora de analizar “qué issues no resueltos pueden haber en la relación para que descarguemos toda nuestra atención en una mascota”.
Por último, como sugiere Rivera Rivera, no descartemos “buscar ayuda psicológica para averiguar qué otro issue, que no sea, precisamente, la mascota, fue la gota que colmó el vaso. La visión objetiva de un tercero puede ofrecernos las estrategias y recomendaciones para mejorar la relación”.
En una relación de pareja
La psicóloga clínica Omayra Rivera Rivera, quien se autodefine como una pet lover, ofrece estos consejos.
Procura...
aprender a escuchar al otro.
siempre estar dispuesto a negociar.
que ninguno de los dos sienta que para estar con uno tiene que renunciar al otro.
dialogar y mantener una buena comunicación.
ser claro en términos de tus sentimientos, qué te está afectando y cómo estás interpretando las cosas.
ser consciente de que la otra parte requiere de tu tiempo.
recordar que en la relación pude haber issues no trabajados que fomenten una afinidad desmedida y constante con la mascota.
auscultar qué cosas vienes acumulando en la relación que estés usando como mecanismo de defensa.
buscar actividades en las que puedas compartir aparte con tu pareja, así como buscar tiempo para estar los dos con la mascota también.
Evita...
establecer como norma el que la mascota esté siempre presente. Igual que se hace cuando hay hijos, saquen tiempo de los dos para los dos. “La pareja debe ser pareja”, aconseja la experta.
dedicarle tanto tiempo al animalito que eso te drene y te quite las ganas de salir con tu pareja y compartir con otros.
manifestar coraje hacia tu pareja –consciente o inconscientemente– mientras le dedicas todo tu tiempo libre a la mascota.
actuar de manera pasivo agresiva o vengativa.
La doctora Omayra Rivera Rivera es psicóloga clínica con especialidad en terapia de pareja. Para comunicarte con ella o para citas, puedes llamar al 787-608-0433.
Modelos: Suliette Berríos y Joerel Morales, de Optima Model Management, 787-869-1572
Agradecimiento: familia Rodríguez Bermúdez

