Cambios súbitos en el humor y rutina diaria de su esposa provocaron que Jorge (nombre ficticio) se diera cuenta de que alguien más había capturado la atención de ella. 

No le tomó mucho tiempo confirmar que ese hombre que había entusiasmado a la madre de sus hijos a arreglarse un poco más era el mismo muchacho del que había sido novia hace más de dos décadas y con el que un día pensó que llegaría a casarse. 

Fue ella misma quien, sin saberlo, le dio las pistas que lo condujeron hacia el exnovio de ella. 

“Una vez ella fue a enseñarme a una persona en Facebook y como el nombre de esa persona comienza con la misma letra del nombre de su ex, pude verlo en la barra de 'search' que muestra las búsquedas recientes. Eso fortaleció más mis sospechas”, expresó el entrevistado, de 40 años, a Primera Hora. 

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Días antes de que eso ocurriera, una publicación de ella en la mencionada red social, que aludía al sentimiento de satisfacción que a veces provoca hacer “cosas malas” fue lo que lo motivó a investigar mejor. Poco después y por casualidad, se enteró de la contraseña de su esposa en Facebook y al acceder a la misma, no solo pudo observar conversaciones con su ex y vídeos en los que este la instaba a continuar viéndose, sino además, pudo ver el contenido público del perfil del sujeto. 

Igualmente, pudo obtener el número de teléfono del sujeto debido a que estaba expuesto en la red. Pero no fue hasta que observó la frecuencia y patrones en la comunicación de su esposa y su exnovio, a través de las facturas del teléfono celular, que constató que la relación entre ellos era algo más que un reencuentro con un viejo amor. 

“Confronté a mi esposa y decidimos arreglar las cosas por el bien de nuestros hijos. Desde entonces, ella cesó todo contacto con él. Sin embargo, esta persona comenzó a colocar indirectas en su página de Facebook con el propósito de que mi esposa lo vea y vuelva a contactarlo”, señaló. 

“Me dijo, entre otras cosas, que la culpa era mía porque yo me pasaba todo el tiempo trabajando lejos de casa, que ella era quien tenía toda la responsabilidad de los nenes, y que deberíamos separarnos. Me contó cómo se reencontraron y me negó que se hubiesen encontrado en algún sitio, negó que le hubiese comprado regalos, negó todo lo que la pudiera hundir más”, agregó.

Aunque afirmó no haberle preguntado a su pareja si había sostenido relaciones íntimas con su ex, dijo confiar en que no llegaron tan lejos. 

“Con la manera en que nosotros llevamos nuestras vidas como que no hay tiempo para eso, y la manera en que él se comporta es como si yo le hubiese frustrado los planes”, indicó.

A pesar de que su esposa le aseguró que las comunicaciones con su exnovio cesaron, Jorge no ha dejado de observar el perfil del hombre, quien a su manera de verlo, continúa subiendo publicaciones a la red dedicadas a ella.

Un aspecto que llama la atención Jorge es la enajenación en la que podría estar viviendo la pareja de individuo, quien, según señaló, “le da likes” a los mensajes que él publica dirigidos a su esposa con el objetivo de “sonsacarla”.

“Las indirectas son desde comentarios hasta vídeos de canciones de amor. Estuve buscando, y por lo que he visto, me parece que esta persona exhibe un comportamiento pasivo agresivo, y es algo cada vez más común en social media. Como estas personas no pueden enfrentar sus problemas o situaciones de forma directa acuden a las redes para manifestarse”, subrayó. 

No obstante, a juicio de la sicóloga clínica Libna Sanjurjo, Jorge y quienes se encuentren en una posición similar, en lugar de enfocarse en indagar sobre el comportamiento de un tercero que podría afectar su relación, debería centrar sus esfuerzos en trabajar su situación de pareja. 

“Cuando tú te enfocas en el tercero, desvías la atención de donde tienes que tenerla. Cuando ocurre una infidelidad, tú tienes que enfocar tu atención en tu pareja. Si tu pareja quiere trabajar la relación, tú tienes que enfocarte en eso, en tu relación y en tu pareja. Tu pareja tiene unas responsabilidades. Tu pareja decidió dar acceso a esa tercera persona, decidió no ponerle límites a la otra persona, no bloquearlo. La responsabilidad aquí es de la pareja, no del tercero”, recalcó. 

La experta afirmó que cuando se redirige la atención hacia el tercero las emociones negativas que puedan experimentarse en el proceso se exacerban. 

“Lo que te dicen muchas veces esas emociones es que hagas cosas que son peores para la misma persona y para la relación de pareja, para el otro y para todo el mundo”, sostuvo. 

“Toda mi energía emocional yo no la debo poner en ese tercero porque pudo haber sido cualquier otro individuo. Una persona es infiel si se relaciona con aspectos de esa persona, aspectos de su carácter, necesidades personales no satisfechas, compromiso con la relación, autocontrol. Yo no puedo responsabilizar a un tercero de las responsabilidades que correspondan a esa pareja”, enfatizó.

Sentenció además que es “torturante” entrar en la dinámica de investigar el comportamiento de esa tercera persona. 

Sanjurjo subrayó, por otro lado, que el trabajar una relación que intenta repararse tiene que ser una decisión en común. En el caso de que solo una de las partes sea la interesada en reconstruir el matrimonio, lo que se aconseja es centrarse en sí mismos. 

“Si los dos no quieren trabajar esa relación es bien cuesta arriba después de una infidelidad porque en la recuperación tras una infidelidad ambas personas tienen tareas que tienen realizar para poder ganar confianza, reestablecer la relación, etc. Yo te diría que se enfocara en él como persona tratando de entender qué pasó, que no pasó, de reencontrarse con sí mismo, conocerse mejor a sí mismo, ver sus áreas positivas y fortalezas y las que haya que trabajar, trabajarlas, y darle tiempo al tiempo porque no hay nada escrito en piedra”, sugirió. 

De otro lado, hizo hincapié en que la infidelidad no circunscribe exclusivamente al aspecto de sostener relaciones íntimas con un tercero. 

“Infidelidad es cualquier conducta que vaya a poner en riesgo la confianza del otro hacia a uno y la estabilidad emocional de la relación. Cuando tu atención no es exclusiva de tu pareja y se comienza a crear un distanciamiento entre los dos, eso es infidelidad”, mencionó.

También, señaló que cuando este comportamiento se da en las relaciones de pareja, refleja un problema mayor que el mero engaño.

“El problema no es la infidelidad per se. La infidelidad yo la veo como esa puerta a la que la gente accede cuando tienen problemas en la casa, usualmente, aunque no necesariamente porque hay personas que a lo mejor tienen otras situaciones de vida y son infieles por adicción al sexo, por su personalidad u otras múltiples razones”, explicó.

Precisó que la mayoría de las veces, la infidelidad ocurre como un escape a problemas más profundos en la pareja. 

“Lo ven como una solución entre comillas a los problemas que están enfrentando en la relación, ya sea insatisfacciones, expectativas no realizadas, como esa opción para suplir sus necesidades o para resolver los problemas que pudiera estar enfrentando la relación matrimonial. Es una decisión no acertada porque viene a añadir más problemas a la relación. Viene a añadir la desconfianza”, resaltó. 

Finalmente, destacó que el engaño despierta una gama de emociones en los seres humanos, que en la mayoría de los casos requiere de ayuda extra para manejarlas de manera adecuada. Entre esos sentimientos se imponen los celos, ansiedad, tristeza, tensión, coraje preocupación y culpa. 

“Como son emociones tan intensas, es bien importante que las personas busquen ayuda para procesarlas y canalizarlas porque si no, esa persona va a estar actuando por las emociones. Va a hacer lo que el coraje les dice, va a hacer lo que los celos le dicen y eso puede acrecentar los problemas de la relación”, puntualizó.