Víctimas de experimentos nazis encuentran su último descanso

Por Deutsche Welle 05/14/2019 |09:50 a.m.
En el evento se utilizaron textos de las Sagradas Escrituras, un salmo en alemán y en hebreo, y un texto del profeta Ezequiel. (AP / Michael Sohn)  
Muestras microscópicas de más de 300 personas fueron enterradas durante una ceremonia en Berlín.

Ella tiene por fin un lugar. Un lugar para hacer el duelo por su madre. Saskia von Brockdorff tiene 81 años. Su madre, Erika von Brockdorff, fue decapitada el 13 de mayo de 1943, hace exactamente 76 años, en el centro de ejecución de Berlín-Plötzensee. Para su única hija no quedaba nada de su madre: ninguna tumba, ningún rastro. La Alemania de Hitler quería evitar cualquier sepulcro que pudiera haberse convertido en un lugar de culto de la resistencia. Así fue como las cenizas de muchas personas ejecutadas desaparecieron en los cementerios de Berlín.

Una historia muy alemana

Solo hasta ayer, lunes, en el 76 aniversario de su ejecución, fue que los restos humanos de Erika von Brockdorff encontraron reposo en el cementerio de Dorotheenstadt, en el corazón de Berlín Oriental. La historia de su ejecución involucra las terribles acciones de un médico; una historia de dolor, de recuerdos difíciles y de personas con mucho coraje; una historia muy alemana.

Hace tres años, el patrimonio del anatomista Hermann Stieve (1886-1952) reveló muestras microscópicas de más de 300 víctimas mortales, en su mayoría mujeres. En cada caso "una parte muy pequeña de un órgano, de una centésima de milímetro de grosor", revela el profesor de medicina Andreas Winkelmann, quien hizo el hallazgo.

Stieve, quien desde 1935 fungió como director de anatomía en el hospital de Berlín Charité, tenía un acuerdo con los nazis. Obtenía y registraba los cadáveres recién ejecutados. El médico usó los cadáveres para los exámenes y la extracción de tejidos y luego dispuso la incineración y eliminación de las cenizas.

Ejecuciones en intervalos de tres minutos

Stieve era un "proveedor de servicios del indigno sistema de justicia nazi", dice Johannes Tuchel, jefe del memorial de resistencia alemán. Tuchel describe la dureza especial de Hitler contra el grupo de resistencia conocido como "La Orquesta Roja" o "La Capilla Roja". El Reichskriegsgericht, el más alto tribunal militar en la Alemania nazi, sentenció a Erika von Brockdorff, la joven madre, a diez años de prisión.

No obstante, Hitler quería la pena de muerte, así que el poder judicial cambió el veredicto. "En la tarde del 13 de mayo, entre las 7:00 p.m. y las 7:36 p.m., en intervalos de tres minutos, las 13 sentencias de muerte fueron ejecutadas", añade. Los cuerpos llegaron a Stieve a alrededor de las 8:00 p.m.

Karl Max Einhäupl, director ejecutivo de Charité, dice que Stieve fue responsable de lo sucedido por partida doble. "Por un lado, utilizó los cuerpos para su propia investigación y, por otro, impulsó en gran medida la eliminación de los ejecutados. Los familiares no sabían cuándo ni cómo se eliminaron los cuerpos". Einhäupl enfatiza que Stieve estaba "perfectamente consciente de que eran personas de la resistencia".

"Se trata de esclarecimiento, de conmemorar y de recordar. Asimismo, se trata de que podamos devolver la dignidad a quienes fueron asesinados", enfatiza el jefe de Charité. "En el hospital Charité conservaremos la memoria de las víctimas", agrega.

Alemán y hebreo

En la pequeña capilla del cementerio de Dorotheenstadt, la pastora protestante Marion Geidel y el cura católico Lutz Nehk –ambos comisionados regionales para la cultura del recuerdo en sus iglesias–, y el rabino Andreas Nachama celebran una ceremonia interreligiosa. Durante el evento, se utilizan textos de las Sagradas Escrituras, un salmo en alemán y en hebreo, y un texto del profeta Ezequiel. Nachama reza una oración fúnebre con una mano en la urna brillante de madera. Oraciones de intercesión de los tres, que se aplican a los muertos y a todas las víctimas. Además, abordan temáticas y responsabilidades del presente.

Luego, la ceremonia continúa en el primaveral cementerio. Un empleado del camposanto carga la urna. El clero, algunos parientes, dolientes y periodistas acompañan el solemne y emotivo evento.

El "Dorotheenstadt", un kilómetro al norte del Reichstag, es un cementerio emblemático en el corazón de Berlín. Un poco como el Père Lachaise de París. Desde el siglo XIX, importantes ciudadanos de la ciudad encuentran aquí su último descanso: entre ellos, actores, escritores, compositores, cineastas, arquitectos, revolucionarios, así como grandes pensadores de la República Democrática Alemana. Desde 2006, este es el lugar de descanso final del expresidente federal Johannes Rau.

Con los miembros de la resistencia

A pocos metros de distancia, en la parte posterior del prado, una cruz alta y un cubo de piedra recuerdan a los combatientes de la resistencia asesinados por los nacionalsocialistas. Por ejemplo, algunos de los cómplices del ataque fallido contra Hitler el 20 de julio de 1944 están enterrados aquí. Otros miembros del movimiento de resistencia se encuentran solo de nombre, como Dietrich Bonhoeffer y Hans von Dohnanyi, quienes murieron en campos de concentración.

La procesión funeraria termina en diagonal opuesta a la cruz y la urna es introducida en la tumba. El clero invita a orar el "Padre nuestro". El rabino reza el Kadish, la oración judía en memoria de los muertos. Caen unas gotas de lluvia. Muchas cámaras fotográficas se disparan. Luego los familiares, también Einhäupl y Tuchel e invitados, se acercan y arrojan tierra en la pequeña zanja, que luego es cerrada con una losa de granito.

"Partículas de tamaño celular"

"Hay que entender que las diminutas partículas encontradas por los anatomistas no son mi madre. Mi madre es mucho más", insistió Saskia von Brockdorff minutos después. Pero prosiguió: "Me alegro, no obstante, de que exista este lugar, porque, de lo contrario, tendría que seguir yendo a Plötzensee. Es un lugar horrible". Plötzensee fue el sitio de ejecución de más de 2,800 personas. La sentencia de muerte contra Erika von Brockdorff solo se descubrió en 2009.

Una vez más, una historia típicamente alemana. Y es que la "Capilla Roja" ha sido injustamente condenada durante mucho tiempo como una resistencia puramente comunista. No obstante, más que esto, fue un círculo de amigos. Así, junto a la tumba, la mujer de 81 años recuerda cómo desde el ático de su apartamento se emitía la radiocomunicación de la resistencia, hasta que su madre fue traicionada.

"Haber sido testigo de esa época, ese es mi trabajo hoy", dice la anciana, que a menudo se encuentra con personas más jóvenes. Asimismo, dice recordar a su madre cada vez que tropieza en Berlín-Friedenau con su Stolperstein (adoquines con placas conmemorativas que recuerdan a las víctimas del nacionalsocialismo), así como cuando cruza la plaza frente a la estación de Südkreuz, la cual ha sido nombrada Erika-Gräfin-von-Brockdorff-Platz hace unos años en honor a su madre. Pero en especial, dice la anciana, "es hermoso en este cementerio". Ahora ella por fin tiene su lugar.

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