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Alarmante número de mujeres que intenta entrar objetos ilgales a las cárceles

01/17/2012 |
Uno de los casos más recientes fue el de una mujer que intentó pasar droga envuelta en plástico, doblada bien finita y escondida dentro de una hamburguesa. (Suministrada)  
Las mujeres, muchas de ellas jóvenes, parejas de los confinados o sus madres, se sienten manipuladas o amenazadas por ellos.

Desde el 2009, 87 personas fueron arrestadas por tratar de introducir en las prisiones del país objetos y productos no permitidos. De ésos, el 83% fueron mujeres.

Pero hay un dato más actual e impactante: tan sólo van 15 días de este año y, de las 10 personas arrestadas hasta la fecha por la misma situación, siete han sido mujeres y algunas de ellas, para colmo, iban con sus hijos menores de edad.

Así lo reveló ayer el secretario del Departamento Corrección y Rehabilitación (DCR), Jesús González, quien catalogó la situación como “alarmante”.

Según el titular de Corrección, las autoridades se han dado cuenta de que las mujeres, muchas de ellas jóvenes, parejas de los confinados o sus madres, se sienten manipuladas o amenazadas por ellos y entonces acceden a llevar los artículos, aunque eso también les puede costar a ellas su libertad.

“Quizás sus confinados les dicen que si no llevan esa droga dentro de la cárcel les pueden hacer daño, y eso no es correcto. En nuestras instituciones tenemos la capacidad de garantizarle la seguridad a esas personas. Si buscan ayuda dentro del sistema, créame que van a recibirla”, afirmó el Secretario en rueda de prensa.

González aseguró que existen instituciones “de índole protectivo” para los confinados que verdaderamente estén en riesgo.

Por otro lado, el titular de Corrección dijo que para ayudar a las mujeres que visitan a sus familiares y se sienten obligadas a incurrir en conductas ilegales, la Oficina de la Procuradora de las Mujeres también colaborará con orientaciones compulsorias, que estarán a cargo de un psicólogo y un técnico sociopenal, entre otros especialistas.

El énfasis estará en que sepan que, si las cogen con drogas, se exponen a sentencias de 15 años.

Si utilizan un menor para tratar de evadir las autoridades, también podrían ser acusadas de maltrato de menores y, de inmediato, la custodia de ese niño o niña pasaría al Departamento de la Familia.

Mientras, la pena por posesión de un celular acarrearía entre seis meses y tres años de cárcel.

“Estas prácticas destruyen el hogar y las oportunidades de un futuro para los niños, que dejan sin hogar y sin un modelo positivo a quién emular. Esto, además, atenta contra el proceso de rehabilitación del propio confinado y hasta contra su seguridad”, declaró González.

Más control

Ante esta realidad, el funcionario ordenó nuevas reglamentaciones para las visitas: a partir del 23 de enero, todo aquel que acuda a cualquier cárcel o centro de adaptación –sea o no una mujer– tendrá que tomar una orientación compulsoria sobre las consecuencias de traficar artículos dentro de las prisiones.

“El llamado es a todos los familiares, a todos los civiles, a que desistan de esta práctica, porque van a ser arrestados”, sentenció el funcionario.

¿Por qué lo dice con esa seguridad?

Pues, porque la agencia acaba de invertir $35,000 en la compra de cinco perros que se suman a los 38 que ya componen la Unidad Canina.

También se adquirieron nuevas máquinas de revisión, a un costo de $75,000, que funcionan como los scanners del aeropuerto y que detectan objetos y drogas.

Tanto los perros como las máquinas se rotarán cada día entre las 36 instalaciones del DRC, dijo González.

Peligrosa creatividad

En su esfuerzo por evadir a las autoridades, la gente pasa los artículos ilegales en la ropa interior, en las medias y los zapatos. Pero, además, se registran casos de personas que tratan de esconder desde cigarillos y drogas, hasta celulares, audífonos handsfree, cargadores, jeringuillas, cuchillas y armas de fuego, por mencionar algunas, en maletines, en la comida, en cavidades corporales y hasta en el pelo.

Varios guardias penales contaron a Primera Hora que se han topado con casos insólitos. Una vez, en el 2008, un cura fue capturado con dinero, marihuana y un celular debajo de su sotana, porque familiares de confinados lo convencieron de que los individuos necesitaban eso para sobrevivir.

En otra ocasión, se capturó a un abogado que había envuelto un celular y lo pegó al mango de su maletín, creyendo que pasaría desapercibido.

Uno de los casos más recientes fue el de una mujer que intentó pasar droga envuelta en plástico, doblada bien finita y escondida dentro de una hamburguesa.

González dijo que los que suelen ser arrestados son los que acceden al registro corporal sin ropa, pero hay muchas otras personas que son señaladas por los perros vigilantes y se niegan al registro y se van, con el agravante de que, entonces, no pueden regresar a visitar a ningún reo.