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Colocan bebé sobre cadáver del padre

03/20/2012 |
De izquierda a derecha Efrain Sus (hermano), María Gaztambide (madre) e Isabel Iris Sus (hermana) ( Primera Hora / Gerald López-Cepero)  
Gatilleros sentaron al pequeño en su pecho ensangrentado. (Vídeo)

La tristeza y la indignación se apoderó de muchos ayer al saber que unos delicuentes salvajes fueron capaces de dejar sobre el pecho ensangrentado de su padre, a quien hirieron de muerte, a su pequeño hijo de tan sólo 18 meses de vida.

Su padre José Sus Gaztambide, de 23 años, agonizaba y, sobre él, el niño aturdido sólo lloraba.

Ayer, la madre de la víctima y abuela del bebé dejó en manos de Dios el destino de los que le arrebataron a su hijo e hicieron pasar a su nietecito por un trauma tan grande y devastador.

“Los perdono de corazón, pero que se acuerden que si tienen conciencia, Dios los va a tocar y el que tomará venganza contra ellos va a ser Dios”, sentenció la mamá de la víctima, María Gaztambide, al reaccionar al escalofriante crimen, ocurrido el lunes de madrugada, mientras algunos aún celebraban los resultados de las primarias.

Sus Gaztambide salió del trabajo a la medianoche y, al llegar a su hogar, en la urbanización Jardines de Río Grande, recibió la llamada de su amigo Danjoel Robledo Figueroa, de 22 años. Quería que fuera a su casa, localizada en el barrio Malpica, frente al sector El Hoyo, para que le llevara un control para su consola de juegos PlayStation.

Él aceptó, llegó y, tras bajarse, dejó el nene en su auto. Mientras se despedía de su amigo, sicarios desde un auto oscuro abrieron fuego contra ellos.

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“Joselito”, como cariñosamente le llamaban, abordó el auto ya herido para intentar salvar su vida y la de su hijo, pero a unos 23 metros de distancia chocó el auto Toyota Yaris, que le prestó otro amigo, contra una tienda de vídeos que en ese momento estaba cerrada.

Con sangre fría, los gatilleros lo sacaron del auto y, sobre su pecho lleno de sangre, sentaron al pequeño que lloraba desconsolado cuando fue encontrado por los policías.

Ayer, en el sector Estancias del Madrigal, en Río Grande, sus padres, José y María, sus dos hermanos, Efraín e Isabel Iris, así como primos, vecinos y los pastores de la iglesia Hermandad Cristiana del proyecto Galateo, intentaban con una fe inquebrantable de aceptar la voluntad de Dios.

Para sus dolidos padres, los gatilleros que asesinaron a su hijo actuaron con crueldad al colocarle en su pecho al niño mientras agonizaba. Sus Gaztambide, dijeron, amaba entrañablemente a ese pequeño, que los delincuentes dejaron abandonado a su suerte a orillas de una oscura carretera.

“Es bien duro, le ponen el nene encima como quien dice: ‘Ahí te lo maté”’, dijo con profundo dolor su progenitor.

¿Por qué?

Hasta ayer, el motivo del crimen no estaba claro, ya que los pistoleros encapuchados abrieron fuego contra los dos amigos e hirieron a Héctor L. Carrasquillo Nieves, de 39 años, quien caminaba por el lugar cuando ocurrió la balacera. Encima, tras asesinar a “Joselito le robaron el auto en su intento por huir.

“La locura de él era ese nene y él estaba planificando su cumpleaños, que era ahora el 15 de mayo… es la primera vez que él se lleva a ese nene para un sitio así, porque la esposa para que él virara rápido lo dejó que se lo llevara... pero él no bajó el nene ni nada porque él lo que iba era a llevar el control (de juegos) y virar”, dijo la madre.

El padre aseguró que su hijo no tenía vicios ni problemas con nadie, tampoco había sido objeto de amenazas de muerte.

Tras una investigación a fondo, el Departamento de la Familia le entregó la custodia del menor a la madre del niño.

Joselito fue descrito por los pastores de la iglesia, Ángel y Nilda Rivera, como la mano derecha de sus padres, al tiempo que manifestaron su amor por el niño.

Sorprendido por la noticia, Ángel Torres, uno de los supervisores del negocio El Verde BBQ, donde Joselito laboró como cocinero durante los pasados dos años, lo describió como un empleado responsable, que nunca dio indicios de que estuviese bajo amenaza o tuviera problemas fuera de su centro de trabajo.

“Tenía sus altas y sus bajas, pero era bien responsable… Era bien apegado al nene de él, ésa era su motivación...”, dijo.