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Epidemias en las carreteras

Por Leysa Caro González 12/28/2013 |
Cada año, en la Isla fallecen sobre 300 personas en las vías, en ocasiones por no seguir las reglas de tránsito.
Los que conducen borrachos o a exceso de velocidad no valoran sus vidas ni les importa la estela de dolor que podrían dejar si matan a otro ser humano en un accidente. (Archivo)  

Sus últimos 20 años han transcurrido en el Hospital de Trauma del Centro Médico de Río Piedras. Como él mismo dice: “Lo mío son los tiros, puñalás, accidentes de carros, 'four tracks'  y motoras”.

A través de las pasadas dos décadas y un poco más, el doctor Pablo Rodríguez, director del Hospital de Trauma del Centro Médico, lo ha visto todo: cuerpos desmembrados, mutilaciones, hemorragias y familias destrozadas por la tragedia.

Esas experiencias lo han transformado a tal punto que desde el 2004 Rodríguez hizo suya una cruzada en contra de las tragedias viales, la cual llamó “Terror en las carreteras”, que agrupa las primeras seis causas de muerte en las vías públicas, que son alcohol, exceso de velocidad, peatones, cinturón de seguridad, “four track”  y motoras.

En esta época navideña se hace más pertinentes cruzadas como estas, tratándose de un período donde incrementa el uso de alcohol y, por ende, el número de víctimas fatales en las carreteras.

Según cifras recopiladas por la Policía, entre enero y mediados de diciembre de 2013 se han reportado 310 muertes en las carreteras, 29 menos en comparación con la misma fecha para el año pasado. De estas fatalidades, 125 son conductores y 76 peatones.

“Si van a morir, van a morir de trauma, la primera causa de muerte en los jóvenes hasta los 44 años”, advirtió el cirujano a un grupo de estudiantes del Colegio San Ignacio, en Guaynabo, donde ofreció su más reciente charla.

Se trató de un grupo de estudiantes que están a punto de obtener el permiso de conducir o ya están haciendo uso del mismo. Permanecieron atentos y por momentos lucieron sorprendidos no solo por la información que estaban escuchando, sino por las imágenes que les compartió el doctor, la mayoría impresionantes, pues dejaban al descubierto la magnitud de las heridas, algo que muy pocas veces se deja ver públicamente.

“Lo triste es que en el 95% de los casos la culpa la tienen ustedes, la tengo yo y la tenemos todos nosotros cuando decidimos manejar bajo los efectos de alcohol o en exceso de velocidad”, planteó Rodríguez.

Ver tragedias como las que recibe diariamente lo entristecen, pero eso no evita que reconozca que la responsabilidad, en gran parte de los casos es del propio conductor.

Uno de los errores más básicos que cometen los conductores, aparte de no respetar los límites de velocidad establecidos por ley, es la colocación incorrecta del cinturón de seguridad, el cual debe ubicarse a la altura de la pelvis. De lo contrario, no está haciendo nada.

Roríguez explicó que ha visto casos en los que el cinturón cae por el cuello de la persona, lo que le provoca una trombosis en la arteria que lleva sangre al cerebro.

“El cinturón salva vidas, pero es si lo pones en la pelvis. Yo he visto gente paralítica por tener el cinturón en el ombligo (usualmente porque se recuestan a dormir). No sales volando del auto, pero te rompes el intestino y la columna vertebral”, detalló.

En el caso de los peatones -otros de los terrores en las carreteras- hay responsabilidades compartidas. Está el transeúnte que cree que siempre tiene el derecho y está el conductor que cree que se lo merece todo o que cae en la trampa de la distracción. “La mitad de la gente que muere en Puerto Rico son peatones. Es peor que estar en una motora o en un four track”, apuntó al señalar que otra falta de los choferes es estacionar sus carros en la acera, obligando a los peatones a usar la calle para transitar, ubicándolos automáticamente en peligro de ser atropellados.

A este panorama se suma que el 40% de los peatones que se convierten en víctimas estuvieron alcoholizados, dijo Rodríguez.

En el tema de las motoras y four tracks hay tela para cortar. Se trata, en ocasiones, de conductores que no respetan las leyes de tránsito ni mucho menos lo que dice el estatuto sobre la indumentaria adecuada para transitar por las vías.

“Lo único bueno que han traído los four tracks es que han aumentado el número de donantes de órganos”, señaló.

De cada 100 víctimas fatales, cuatro donaban órganos. Ahora, de los primeros 105 trasplantes de corazón, 25 fueron de pacientes que fallecieron en four tracks, apuntó.

Fuera no se puede dejar la aplicación de la ley en cuanto a las penalidades que se establecen en las salas de los tribunales, en ocasiones demasiado lenientes con los responsables.

“El que mata a una persona con una pistola y el que mata con un carro la diferencia es el arma, pero el que mata con un revolver le dan 99 años de cárcel y al que mata borracho, a sabiendas de que no está en condiciones de guiar, le dan una sentencia leve, una probatoria”, sentenció el galeno, quien hizo un recorrido por algunas de las tragedias más sonadas públicamente.

Otra alternativa que jugaría a nuestro favor sería una reducción en el límite de alcohol permitido por ley, actualmente de .08%. No obstante, esto ha sido consultado y ha recibido la oposición de la Legislatura y de las empresas productoras de bebidas embriagantes.

“Todos conocen una cara de la moneda. Ustedes conocen lo bueno que es guiar rápido, la fiebre. Todo el mundo conoce lo bueno que es el alcohol, pero yo quiero que sepan que esta es la otra cara de la moneda”, advirtió Rodríguez a los jóvenes.